miércoles, 21 de febrero de 2018

Lo sacro y lo profano en el siglo XVI (2)

AUTOS, REPRESENTACIONES Y OBISPILLOS EN LA DIÓCESIS DE CIUDAD RODRIGO

José Ignacio Martín Benito

Los obispillos

Obispillo de Montserrat.
Otra de las costumbres era hacer representaciones en el interior de los templos, con ocasión de fiestas solemnes, acompañadas de danzas y bailes. Parece que también se utilizaban las iglesias para hacer ensayos de los autos que se representaban. Contra ello reaccionó el sínodo de Salvatierra de 1592, por entender que perturbaba los oficios divinos. Entre estos autos o representaciones estaba la de los obispillos. En la catedral el día de Nª Srª de la O se nombraba de entre los niños de coro o acólitos un obispillo que hasta el día de los Santos Inocentes, asistía a coro, ganaba las distribuciones de canónigo, daba convites, etc.... El encargado de nombrarlo era el Cabildo[1]. También en Bermellar se hacía otro obispillo. Salvatierra nos deja constancia en su visita pastoral de 1594: "somos informados y avemos averiguado que el día de Sant Estevan se hace cierto obispillo como llaman el qual con mucho strepito y ruido de gente entra en la iglesia parrochial quando se celebran los offiçios divinos causando perturbaçion e impidiendo con su poco respeto e irreverencia la devocion de los fieles...". El obispillo de Bermellar tenía como misión recoger la limosna para hacer la cera y cirios de la iglesia. El prelado Salvatierra prohibió que se siguiera haciendo esta representación[2].

El Corpus
Procesión del Corpus. Madrid 1623.

Fiesta solemne era el Corpus. En el interior de la catedral tenían lugar danzas y autos religiosos, lo que era promovido por el cabildo. Se celebraban también autos, representaciones y chanzonetas la noche de Navidad. Desde Trento, el obispo Ponce de León trató de limitar "las representaçiones y remembranças que se hazen en las yglesias, por que se suelen seguir muchos desordenes e inconvenientes". No obstante ello no afectaba al Corpus: "pero esto no se entienda en la fiesta de Corpus Xpi[3].

Desde luego, el Cabildo debía ser generoso con la fiesta, según se desprende de las actas capitulares y de la relatio de la visita ad limina de 1595: "Y ansi mesmo cada año gastan gran cantidad de dinero de la dicha fabrica en hacer representaçiones y fiestas el dia de Corpus Christi per bibito canonicorum[4]. En Ciudad Rodrigo también se hacían representaciones el día de Nuestra Señora de marrzo.

Procesiones y rogativas

Estatua de Martín de Salvatierra.
Dentro del ceremonial festivo destacaban también las procesiones. En el obispado civitatense se tenía por costumbre los domingos después de vísperas realizar una procesión portando la cruz alrededor del exterior de la iglesia, al tiempo que se rezaban algunos responsos, con gran participación del pueblo. Parece que en algunos lugares la práctica fue decayendo y limitándose a la procesión por el interior del templo. Para mantener esta tradición, en su visita a Fuenteguinaldo, el obispo Martín de Salvatierra alabó la antigua costumbre y exhortó al beneficiado a restablecerla. 

En las procesiones se congregaba el pueblo y participaban los concejos. Se iba a la ermita del santo o de la Virgen el día de su fiesta y allí se comía, invitando, en ocasiones, el concejo a los eclesiásticos, como se hacía en Nuestra Señora de agosto en la ermita de Nª Srª de Herguijuela, en Fuenteguinaldo[5]. Las procesiones a las ermitas se hacían también en tiempo de escasez, como rogativas para pedir el agua. Cuenta Sánchez Cabañas que en 1595 el Ayuntamiento la hizo traer a la catedral la imagen de Nuestra Señora que se guardaba en el convento de Santo Domingo y hacerla un novenario para impetrar la lluvia[6].

Rogativa ad petendam pluviam.


[1] Se documenta durante el primer tercio del siglo XVI. M. Hernández Vegas (1935): Ciudad Rodrigo: la catedral y la ciudad. Tomo I. Salamanca, pp. 295‑96.

[2] A.D.C.R. Lib. 444. Bermellar. Visita pastoral de Martín de Salvatierra, junio de 1594.

[3] J. Mª Fernández Catón, Mandamientos..., 112. Sobre ello mismo volvió en los mandamientos que dio en 1554: "mandamos a todos los clerigos e religiosas personas que no hagan ni den lugar que en las dichas iglesias se hagan las dichas representaçiones sin nuestra speçial liçençia y mandado, o de nuestro provisor...". J. Mª Fernández Catón: "Don Pedro Ponce de León"... Op. cit., pp. 43-44.

[4]J. I. Tellechea Idígoras (1996): La Diócesis de Ciudad Rodrigo. Las Relationes de Visitas ad Limina (1594-1952). Roma, pág. 86.

[5]A.D.C.R. Lib. 1224. Fuenteguinaldo. Visita de Martín de Salvatierra, 6 de septiembre de 1594.

[6] A. Sánchez Cabañas (1861): Historia de la muy noble y muy leal Ciudad de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo, pág. 100. Más noticias sobre rogativas: "... y el uno destos testigos saçerdotes dizo que aviendo venido de una aldea cerca de Çiudad Rodrigo en procession a una hermita a pedir agua, dixo el dicho Juan de Salazar [benefiçiado en la iglesia parrochial de Sant Cristoval de Çiudad Rodrigo y natural de alli], no es menester pedir a Dios agua ni otra cosa alguna, porque Dios sabe nuestra neçesidad, de lo qual rescibieron escandalo los oyentes".

viernes, 16 de febrero de 2018

Lo sacro y lo profano en el siglo XVI (1)

FIESTAS Y DANZAS EN CIUDAD RODRIGO

José Ignacio Martín Benito
El baile. Museo del Prado.

Lo sagrado: santificar las fiestas

El calendario litúrgico chocaba en ocasiones con el agrícola. Por eso, los trabajos del campo impedían muchas veces ir a misa y guardar las fiestas. Ello era patente en época de vendimia y en la recogida del lino. Consciente de la necesidad de atender a estas tareas, la iglesia de Ciudad Rodrigo daba licencia para hacer los trabajos, con la contribución de alguna limosna para la lumbre de la iglesia[1]. Los días festivos y el descanso dominical existía la costumbre de abrir las tiendas y las tabernas. Contra ello los obispos dictaron constituciones, al tiempo que se encargaba a los curas llevaran un control de los parroquianos que cumplían con el precepto de oir misa. Para dar mayor solemnidad a la misa mayor se prohibía hacer "solenidad de exequias ni novenarios ni aniversarios".

Se procuraba asimismo que la misa se celebrara en los templos y no en casas particulares[2]. También la Inquisición se ocupó de ello. En la visita del licenciado Olmedilla, "Francisco Martín, labrador, vecino de Ciudad Rodrigo y cabrero, fue testificado por un testigo varón de aviéndole dicho el que testifica que oiese las fiestas missa, el oió que respondió que harta missa oía él que guardaba su ganado y haçienda..."[3]. Se dejaba en manos de los sacerdotes el castigo de los que quebrantaran el tercero de los mandamientos, mediante penas pecuniarias y corporales, pero no siempre se llevaba a cabo. Así lo vió Martín de Salvatierra en su visita a Fuenteguinaldo en 1594. El poco compromiso del beneficiado había hecho que se relajara la práctica de guardar las fiestas: "an tomado nuevas personas atrevimiento y ocasion de las quebrantar y ocuparse en travajos corporales y obras serviles dexando de oir misa"[4].
Iglesia de Fuenteguinaldo.

En el sínodo de 1592 se daba una relación de las fiestas que había que guardar en el obispado de Ciudad Rodrigo, un total de 32 festividades a las que había que sumar las cuatro temporas del año, esto es, miércoles, viernes y sábado después de la tercera dominica de Adviendo; miércoles, viernes y sábado después del primer domingo de Cuaresma; los mismos dias después de Pascua de Espiritu Santo y los mismos días después de la Exaltación de la Cruz, en septiembre[5].

Lo profano

En las festividades, el componente lúdico se manifestaba en bailes, danzas y representaciones. El espíritu reformador intentó también corregir algunos aspectos relacionados con las fiestas. Las vigilias nocturnas de los santos en las iglesias o ermitas estaban llenas de aspectos profanos; los parroquianos lo celebraban con cantares, danzas y bailes, junto a una buena pitanza. Por ello, en 1552 el obispo civitatense Ponce de León, desde Trento, donde participaba en el Concilio, prohibió las velas nocturnas en las iglesias y ermitas del obispado.

Danza y pitanza. Pieter Brueghel el Viejo.

18. "Por quando somos informados que en las vigilias de los sanctos, muchos, asi varones como mugeres, vienen a velar en las iglesias de noche e so titulo de devoçion se cometen muchas ofensas de Dios e beven y comen superfluamente e se dizen muchos cantares profanos e hazen danças e otras cosas inhonestas lo qual pertenesce a nos proveer por ende mandamos que de aqui adelante en las vigilias de nuestra señora ni en qualquier otra fiesta que sea no se hagan tales velas o vigilias en las dichas yglesias o ermitas sino que los clerigos de las yglesias donde se acostumbran hazer, o las personas que tienen cargo de las ermitas çierren las puertas dellas y de las yglesias en anocheçiendo de manera que las dichas vigilias o velas no se hagan dentro dellas aunque digan que so color de romerias y devoçiones quien hazer las dichas velas pues las puedan hazer de dia..."

El mismo mandamiento lo dio en enero de 1554, a su regreso de Trento y después de haber realizado la visita pastoral a las iglesias del obispado de Ciudad Rodrigo. No debió cumplirse el mandato del obispo, pues el sínodo de 1592 dispuso que:

Baile en las Eras del Puente (Ciudad Rodrigo). Foto Pazos.
"Por quanto por experiencias se ha visto, que las velas que fueron instituydas, vigilias de noche en las Iglesias, para veneracion de los sanctos, y devocion de los fieles, por el abuso de ellas en algunas partes, se han convertido en actos profanos, y bayles, y cantares: mandamos que de aquí adelante no se hagan, so pena de tres ducados applicados para la fabrica de la dicha Iglesia, juez y denunciador".

Los fieles no parece que hicieran mucho caso a las disposiciones episcopales. Cuando en 1594, el obispo Martín de Salvatierra visitó la parroquia de Fuenteguinaldo dejó mandado que "de aquí adelante no se hagan ningunas novenas ni veladas en ninguna iglesias ni hermitas desta villa ni de su comarca" por hacerse "cosas muy profanas en grande ofensa de Dios"

Los atrios de las iglesias y ermitas, así como los cementerios, eran lugares propios para el encuentro, para el juego y para la música profana. El obispo Pedro Ponce trató corregir esta costumbre. Desde Trento disponía:

"... que las personas que se acogen a las yglesias o ermitas en ellas onesta y recogidamente e no jueguen juego alguno ni tengan comunicaçion con mugeres ni se pongan a las puertas de las dichas yglesias ni en los çementerios a burlar ni tañer biguelas ni usar de otras conversaçiones profanas y desonestas...."
Ermita. Fuenteguinaldo.

[1] Constituciones synodales del obispado de Ciudad Rodrigo con algunos decretos del sannto Concilio de Trento y motus propios de los summos pontifices, hechas y ordenadas por don Martin de Salvatierra, obispo del dicho obispado, del Consejo Real del Rey nuestro señor, en 19 de abril de 1592 (Lib. II, IX,). Salamanca 1595, Pedro de Adurça, impresor.

[2] J. Mª Fernández Cató, (1978): "Mandamientos" para la diócesis de Ciudad Rodrigo, dados desde Trento por su obispo don Pedro Ponce de León (1552)". Hispania Sacra, Vol. 32, núms. 65-66, pág. 114.

[3] F. Sierro (1990): Judíos, moriscos e Inquisición en Ciudad Rodrigo. Salamanca, pág. 103.

[4] Archivo Diocesano de Ciudad Rodrigo (A.D.C.R.) Lib. 1224. Fuenteguinaldo. Sobre el episcopado de este prelado véase nuestro trabajo (1999): "Episcopologio civitatense. D. Martín de Salvatierra (1591-1604)". Ciudad Rodrigo. Carnaval 99. Salamanca, pp. 183-190.

[5] Constituciones synodales del obispado de Ciudad Rodrigo...

domingo, 11 de febrero de 2018

Barcas de paso en España (1)

EL RÍO TERA

José Ignacio Martín Benito

Barca de Pumarejo de Tera.
El de barquero fue un oficio que se fue apagando a mediados del siglo XX, pero que en algunos casos llegó hasta finales de la centuria.

En ausencia de puentes, los ríos de la cuenca del Duero, como la de otros ríos españoles, fueron cruzados por embarcaciones que transportaban viajeros, ganados y mercancías. En anteriores posts nos hemos ocupado de las barcas de paso de los Valles de Benavente, del Duero o del Porma. Hoy nos centraremos en uno de los afluentes del Esla, el río Tera. Este, que nace en los Montes de León, concretamente en Peña Trevinca, se precipita hacia la penillanura zamorana, atravesando Sanabria y Carballeda, para encajarse en los terrenos terciarios y cuaternarios de los Valles de Benavente, antes de llevar su caudal al Esla, a la altura de Milles de la Polvorosa.
Barcas del río Tera.
A lo largo de su recorrido el Tera fue surcado por varias barcas de paso, entre ellas las de 1. La Puebla de Sanabria. 2. Sandín. 3. Manzanal de Arriba. 4-5. Anta de Tera y Codesal. 6. Valparaíso y Manzanal de Abajo. 7. Val de Santa María para Rionegro del Puente. 8. Villar de Farfón. 9. Vega de Tera. 10. Calzadilla. 11. Pumarejo. 12. El Chote. 13. Santa Marta. 14. Santibáñez. 15. Abraveses. 16. Aguilar. 17. Villanázar. 18. Mózar. 19. Milles.

Los diversos Diccionarios del siglo XIX, entre los que sobresalen los conocidos de Sebastián Miñano (1229) y Pascual Madoz (1845-1850), hacen referencia a barcas en el río Tera. Concretamente el de Miñano recoge:

“En la estensión de las 17 leguas y por ambos lados, hay un crecido número de arroyos y torrentes, que aumentan sus aguas, particularmente en tiempo de invierno; por cuyo motivo, hay para su paso barcas enfrente de los pueblos de Zendin [Sendín], Gonal, Manzanal de Abajo y Rionegro; pero en tiempo de verano, el río es vadeable por estos y otros parages. Desde la espresada unión, continúa el rio con el nombre de Tera, rodeando en territorio quebrado y lleno de peñas, otra legua y media, hasta que sale á la vega de Tera, que divide por medio, serpenteando por ella constantemente con dirección á levante, y muy poco desnivel por espacio de 4 leguas, en cuya distancia se agregan de las sierras algunos pequeños arroyos y torrentes, que vienen aun de la sierra Culebra y Monte Carbajoso. Para la comunicación de los habitantes de los muchos pueblos que se hallan en esta vega, de uno y otro lado del río, hay enfrente de cada uno una pequeña barca de que hacen uso en tiempo de invierno; pero en verano el rio es vadeable por casi todas partes. Al cabo de este espacio de 4 leguas, en una llanura, y enfrente del pueblo de Colinas, distante como ½ legua, gira el rio al Sur formando casi un ángulo recto, y después de 1 ½ leguas siguiendo su curso en un lecho arenisco, se une al rio Esla, y pierde su nombre. En todo el curso de las citadas 17 leguas, hay un crecido número de aceñas, que pertenecen a los particulares de los inmediatos pueblos”[1].

Por su parte, al ocuparse de este río, Madoz se limita a incluir que “además de los puentes enunciados, tiene otros varios de madera la mayor parte, con algunas barcas de paso”. Después, en las respectivas voces, cita las barcas de Anta de Tera, Val de Santa María y Manzanal de Abajo.

Barca de Calzada de Tera.
[1] S. MIÑANO: Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal. Tomo III. Madrid 1827, pp. 415-416. Las citadas poblaciones de Zendin y Gonal, son Sandín y Cional.

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martes, 6 de febrero de 2018

Cartografía militar de la frontera (IV)

JUAN MARTÍN ZERMEÑO (1700-1773)

Proyectos para La Puebla de Sanabria, Zamora y Ciudad Rodrigo

José Ignacio Martín Benito



Castillo de San Ferrán (Figueras). Martín Zermeño.
Otro de los ingenieros militares que estuvo trabajando en la Frontera de Castilla fue Juan Martín Zermeño (1700-1773), natural de Ciudad Rodrigo


Sin duda fue Zermeño uno de los grandes ingenieros militares de la España del siglo XVIII. A él se deben obras muy conocidas, como el fuerte de San Fernando en Figueras, el diseño del barrio de la Barceloneta, la rehabilitación del castillo de Montjuic, el proyecto para las fortificaciones de Pamplona y otras muchas más.

Alcanzó el grado de teniente general y director del Real Cuerpo de Ingenieros. Hizo diversos trabajos en Melilla, Alhucemas, Cádiz, Ceuta, Granada, Málaga, Marbella, Vélez de la Gomera, Pamplona, Barcelona, Lérida, Reus, Rosas, Figueras, Villafranca del Penedés, San Sebastián, Alicante, Ciudad Rodrigo, Manila (Filipinas) y Orán (Argelia). En 1751 diseñó también diversa indumentaria para el cuerpo de ingenieros, en concreto el uniforme del cuerpo, la casaca, bolso y manga del mismo. Fue padre del también ingeniero militar Pedro Martín Zermeño (1722-1790).


Fortificación de Ciudad Rodrigo (Martín Zermeño).
En la Frontera de Castilla

Juan Martín Zermeño, siendo teniente general de los Reales ejércitos del cuerpo de Ingenieros, llegó a Ciudad Rodrigo en la primavera de 1766, para hacerse cargo del reconocimiento de las fortificaciones de la plaza. En Ciudad Rodrigo permaneció cuatro meses. Noticias sobre el anuncio de su llegada y su estancia hay en los libros de acuerdo del consistorio entre 29 de enero y el 3 de septiembre de 1766. Para la defensa de esta ciudad llegó a realizar al menos dos propuestas en torno a 1766. Propuso construir un foso y un camino cubierto desde la Puerta de la Colada hasta la de Santiago y un fuerte en el Teso del Calvario. Su propuesta incluía eliminar los padrastros de las Tenerías, el convento de la Trinidad y las cercas de las huertas de los conventos de San Francisco, Santo Domingo y Santa Cruz. De esta fecha es también una relación de la plaza de Zamora, su situación, circunstancias y proyectos de defensa; un proyecto de fortificaciones estables para dicha plaza y un proyecto para la defensa de la plaza de La Puebla de Sanabria (SGE, Cartoteca histórica, pág. 24).

Plano de La Puebla de Sanabria, 1766 (Martín Zermeño).  

Diseño de uniforme para cuerpo de ingenieros, por J. Martín Zermeño.
Retrato de Juan Martín Zermeño.



jueves, 1 de febrero de 2018

Astures contra Roma

LA TRAICIÓN DE BRIGECIO

José Ignacio Martín Benito
Ataque a una ciudad. Columna trajana.

"Roma no paga a traidores"; es lo que respondió el general romano Escipción a los que asesinaron al caudillo lusitano Viriato en el 139 a. C.  Roma no pagó a traidores, pero se valió de ellos para lograr sus objetivos: la conquista de Hispania. También en las tierras de lo que hoy son los Valles de Benavente.

Brigecio fue el nombre de un poblado de origen astur, que fue romanizado. Como emplazamiento se ha señalado la Dehesa de Morales, en Fuentes de Ropel, aunque otros autores se han decantado por Villabrázaro. Con el tiempo, Brigecio se convirtió en una mansio romana en el camino de Mérida a Astorga, o Vía de la Plata. Actualmente da nombre a la revista de estudios del CEB "Ledo del Pozo" y a un restaurante sito en Morales de Rey.

Brigecio jugó un papel destacado en el contexto de las guerras de Roma contra los astures. Los romanos, comandados por Carisio, legado de Augusto, combatían contra los nativos de las tierras situadas al oeste del río Esla, cuyo territorio se extendía hasta el mar Cantábrico. De hecho el hidrónimo Esla deriva de Estula y este de Astura (el río que daba nombre al pueblo de los astures). Una de las ciudades astures fue Asturica (Astorga).

Castro astur de Arrabalde. Murallas.
De los brigecinos sabemos gracias a varios historiadores romanos, concretamente a L. Anneo Floro (217-238 d. C.) y de Paulo Orosio (390-418 d. C.), que siguen la obra del historia de Tito Livio (59 a. C. 17 d.C), “Ad urbe Condita libri”. Fue pues Livio un historiador contemporáneo a las Guerras astures y al episodio que vamos a recordar en este post.

La traición de los brigecinos

En un momento de la guerra contra Roma (siglo I a. C.), los astures decidieron pasar a la ofensiva y sorprender a los romanos. Tres columnas de guerreros astures bajaron de las montañas al llano dispuestos a atacar las legiones y los campamentos de estos. Pero enterados los de Brigecio y, tal vez, queriendo llevarse bien con los romanos, avisaron a Carisio, el cual abortó los planes astures. Los soldados de Carisio cayeron sobre las confiados columnas hispanas, que no sabían nada de la traición de los brigecinos. En la batalla vencieron los romanos y el maltrecho ejército astur se dio a la fuga, refugiándose en la ciudad de Lancia. Carisio tomó la ciudad, pero contra la costumbre, no la quemó. Transcurría el año 25 a. C.
As romano de la fundación de Mérida.

Poco después, Augusto entregó a los veteranos de las guerras astures y galaicas unas tierras a orillas del Guadiana. Allí, Carisio fundó la ciudad para los veterenos (emeriti) de las guerras del norte (cántabras y astures). Esa ciudad fue Emerita Augusta (Mérida).


Brigecio en las fuentes clásicas

"Los Astures por aquel tiempo habían descendido con un gran ejército de las nevadas montañas. Y no parecía temerario a los bárbaros este ímpetu, sino que, colocado el campamento junto al río Astura y dividido el ejército en tres cuerpos, preparan un ataque simultáneo a los tres campamentos romanos. Se había dado una lucha incierta, cruenta y quizá con muchas muertes en ambos bandos viniendo con tantas fuerzas, tan repentinamente y con un plan previsto, si los Brigecinos no los hubiesen traicionado avisando previamente a Carisio, quien vino con su ejército. Se consideró victorioso el echar por tierra los planes previstos, aunque de todas formas no fue una lucha totalmente incruenta. La muy poderosa ciudad de Lancia acogió lo que quedaba del ejército derrotado y en ella se luchó, por ese motivo, con una fuerza que, cuando pedían que se incendiara la ciudad una vez tomada, con dificultad el general consiguió que fuera perdonada, con el fin de que, permaneciendo sin ser destruida, fuese mejor monumento de la victoria romana que destruida por el fuego."


Floro, Epitome bellorum omnium annorum DCC, II, 33, 54-59.


Octavio Augusto.
"Los astures, puesto su campamento junto al río Ástura, hubieran derrotado a los romanos con grandes proyectos y fuerzas de no haber sido éstos prevenidos y puestos sobre aviso. Intentando destruir por sorpresa a los tres legados, con sus tres legiones y divididos en tres campamentos, con tres frentes de ejército, fueron descubiertos por una traición. Después, Carisio, atacándolos, los venció en una batalla, produciéndose bastantes muertes en el lado romano. Parte de ellos (los astures), escapándose en la lucha, se fueron a refugiar a Lancia y, como los soldados preparasen incendiar la ciudad ya cercada previamente, el general Carisio pidió a los suyos que desistiesen de incendiarla y exigió a los bárbaros una entrega voluntaria. Con gran interés intentaba dejar la ciudad íntegra e incólume como testigo de la victoria"

Orosio, Historia contra los paganos, VI, 21, 9-10

Territorio astur.

sábado, 27 de enero de 2018

Oro y plata en Zamora (1)

EL DESCUBRIMIENTO DE UNA MINA DE ORO EN LUBIÁN

José I. Martín Benito
La riqueza minera de Zamora ha estado presente a lo largo del tiempo, desde la Prehistoria hasta el siglo XIX. Es a partir de los siglos XIX y XX cuando comienza a ser más conocida, sobre todo por las minas de Sayago (Villadepera) y Sanabria (Calabor).

Desde muy antiguo en el actual territorio de la provincia se explotó la sal, el oro, la plata, el plomo, el cobre, el estaño. Este potencial bien podría transformarse en un recurso económico para la zona rural provincial. ¿Cómo? Con la creación y promoción de rutas turísticas en la provincia en busca del pasado minero. Para ello, habría que hacer una selección de lugares visitables. Para eso es necesario contar con un conocimiento del territorio, realizando estudios previso y ver, así, las posibilidades de acercar e insertar los enclaves y restos de la minería histórica al gran público. Es una oportunidad que está ahí, esperando. Cuando el mundo rural se vacía, es preciso estimular el aprovechamiento de los recursos. Y este, el de la minería histórica como producto turístico, puede ser uno de ellos.

Noticias de descubrimientos de minas en Zamora hay varias. Hoy traemos aquí una relacionada con el descubrimiento de oro y plata en Lubián (Sanabria).

El descubrimiento de las minas de plata en Guadalcanal (Sevilla) en 1555 en Sierra Morena, generó una espacie de “fiebre minera” en el resto de España. Muchas gentes se lanzaron a explorar el campo, esperando encontrar un remedio rápido a su precaria situación. Así lo expresaba el corregidor de Segovia en 1556: “En esta ciudad y su tierra ay mucha nesçesidad y la gente está pobre, andan muchas jentes a buscar las dichas minas por los montes, sierras y términos de la dicha çibdad[1].

Las tierras zamoranas no fueron ajenas a esta situación, donde vecinos y naturales se lanzaron también a la búsqueda de minerales; no en balde los hallazgos se concentran, sobre todo, en 1556, particularmente en Sanabria y Sayago.

Entre los buscadores, debía haber gente experimentada, a la que se denominaba “maestro y descubridor de minas”, como fue el caso de Juan de Bustamante, vecino de la villa de Alcañices. En 1566, Bustamante exploró la Sierra de Sospacio, y halló una mina en término de Lubián, cuya explotación concertó con Antonio Pimentel, conde de Benavente[2].

A estar la mina en término del condado de Benavente, se llegó a un concierto entre Juan de Bustamante y el conde don Antonio Pimentel, firmado en la villa de Benavente el 4 de febrero de 1557. Ambas partes acordaban repartir los beneficios del oro, plata u otro metal que de la mina se sacase. El conde daba licencia a Juan de Bustamente para que este descubriera y se beneficiara de la explotación minera, pero corriendo con los gastos que de ello se derivaran, sin que el conde tuviera que pagar cosa alguna por esta tarea. 


Trabajos de minería. G. Agrícola, De re metallica (1556).
Los posibles beneficios de la mina de Lubián se repartirían de la siguiente manera: las tres cuartas partes para Bustamente, “por su trabajo, costa e industria” y la parte restante para el conde. Se especificaba además que si alguna vez el conde quería llevar la mitad del provecho de la mina, debía pagar al descubridor la mitad de los gastos que este hubiera realizado en la explotación.

La escritura de acuerdo estipulaba también que si Juan de Bustamante descubriere otras minas en tierras del conde de Benavente, debía regirse por el mismo concierto.

__________
El texto aquí recogido forma parte de un trabajo inédito, que se publicará en Brigecio 2018 con el titulo: La minería en Zamora. Una aproximación al siglo XVI y primer tercio del XVII.


[1]SÁNCHEZ GÓMEZ, Julio: De minería, metalúrgica y comercio de metales (1450-1610). La minería no férrica en el Reino de Castilla (1450-1610). Salamanca 1989. Acta salmanticensia. Estudios históricos y geográficos, 65. Vol. 2, pág. 640. Reproducen la cita JORDA BORDEHORE, L.; PUCH RIART, Octavio y MAZADIEGO MARTÍNEZ, Luis Felipe: La minería de los metales y la metalurgia en Madrid (1417-1983). Madrid 2005, pág. 38.

[2] Archivo Histórico Nacional. Osuna. Caja 489.

lunes, 22 de enero de 2018

Toros enmaromados

UN REPERTORIO ICONOGRÁFICO

José I. Martín Benito


Martirio de San Saturnino.
Entre los diversos lances y fiestas relacionadas con el toro, está la de correr un astado atado a una maroma. La modalidad se conoce con el nombre de "toros de cuerda", "toros ensogados", "enmaromados"... y es el fruto de una tradición que se ha mantenido en diversas poblaciones de la península Ibérica, entre otros en Benavente, Teruel, Cuenca, Grazalema (Cádiz), Onteniente (Valencia), La Puebla de Montalbán y Yuncos (Toledo), Azpeitia (Guipuzcoa), Beas de Segura (Jaén), Lodosa (Navarra)...

En origen, el atar a un animal buscaba el poder llevarlo y trasladarlo de un lugar a otro, lo que no siempre ha sido fácil, dado el ímpetu o la casta del animal, ya sea un toro o un caballo. Se ha supuesto que el origen de la tradición de los toros de cuerda en España está ligada al traslado del animal de los montes, pastizales o dehesas a las poblaciones. Sea como fuere, lo cierto es que la práctica de ensogar un toro es muy antigua, como veremos con algunos ejemplos e imágenes que insertamos en este post. Ejemplos de toros ensogados tenemos en el antiguo Egipto, la civilización cretense, Grecia... Y en efecto, unas veces - las más- se hizo como traslado del animal, pero hubo otras en las que ensogar un toro perseguía otros fines más dramáticos, como veremos.

Templo de Sethy I (Ábidos, Imperio Nuevo egipcio, II milenio a. C.)


Este templo es el mayor de los construidos en Abidos. Fue erigido por Sethy I (1294 a 1279 a. C.) en honor a Osiris. Entre los muchos relieves que guardan sus paredes está esta en la que Ramsés II y el joven príncipe Amonherjepeshef enlazan un toro.
Enlace de un toro. Templo de Sethy (Ábidos, Egipto).

Vaso minoico de oro (II milenio a. C., Creta)

El toro está muy presente en las civilizaciones mediterráneas antiguas. La cultura cretense es un ejemplo. Recordemos la leyenda del Minotauro en Creta. Esta civilización nos ha deparado una interesantísima orfebrería, entre la que destaca, sin duda, la conocida como "máscara de Agamenón". Pero también, nos ha dejado una serie de vasos de oro. En uno de ellos se representa en relieve repujado esta escena, en la que un hombre trata de sujetar a un toro con una maroma, cuando este ha embestido a otro hombre que se encuentra en el suelo.
Vaso de oro micénico.


Toro Farnesio (130 a. C, Rodas, Grecia)

En el Museo de Napóles se encuentra esta obra griega de época helenística, de la escuela de Rodas. De composición piramidal, reproduce el tema del suplicio de la hechicera Dirce, por los hijos de Antíope (Anfión y Zeto). Estos, deseando vengar a su madre, ataron a Dirce a un toro que la arrastró hasta matarla.
Toro Farnesio. Museo de Nápoles.

Castigo de Dirce (S. I. d. C.)

El mismo tema lo encontramos en uno de los frescos de la Casa de los Vetti, en Pompeya, la ciudad sepultada por las cenizas del Vesubio en el 79 d. C.
Castigo de Dirce (Casa de los Vetti, Pompeya).
Mosaico romano (s. I. d. C. Museo de Trípoli, Libia)

La caza y lucha de fieras fue común en los espectáculos de los anfiteatros romanos. Aquí reproducimos una escena que refleja la lucha entre un toro y un oso. Obsérvese como el oso está encadenado y el toro atado por un soga. El mosaico procede de la villa romana de Zliten (Dar Buc Ammera), (Tripolitania, Libia).
Mosaico de la villa romana de Zliten (Libia).
Martirio de San Saturnino (miniatura del siglo XV)

Atar un condenado a un toro para que este le arrastre y le ocasione la muerte, debió ser un castigo propio de los tiempos antiguos. Sant Sernin (Saturnino), primer obispo de Toulouse (Tolosa), fue martirizado mediante este procedimiento en el 257 d. C. tras la predicación del cristianismo en Aquitania (Galia), durante el consulado de Gracio y Decio. La imagen que incluimos es una miniatura del Misal de Juan de Foix, obispo de Comminges (1466-1501), cuyo original se encuentra en la Biblioteca Nationale de France de Paris (misal latino 16827, f. 223r.).

Martirio de Sant Sernin. BNF, Paris.
Basílica de Saint Sernin (Toulouse, Francia).

En la basílica de Saint Sernin, en Toulouse, encontramos variada iconografía sobre el martirio del santo. Entre ella, esta que os dejo aquí:

Martirio de San Saturnino (Toulouse).


El gayumbo, de Goya (1793)

Sabida es la afición que Francisco de Goya tuvo por la tauromaquía. Este cuadro, conocido como El gayumbo o El toro enmaromado, y que se encuentra en una colección particular de Suiza, fue pintado en 1793. Reproduce una escena que debía ser común en las fiestas populares de la España del siglo XVIII. La escena transcurre a las afueras de una ciudad, que bien podría ser Sevilla, por la semejanza de uno de los edificios a la Torre del Oro. En un primer plano vemos un grupo de hombres que tratan de dominar un toro enmaromado, ante el acoso de unos perros, tal vez para conducirlo a la ciudad. La cucaña en un segundo plano, y las talanqueras, nos indica que estamos ante un escenario festivo.

El gayumbo, de Francisco de Goya.