miércoles, 17 de enero de 2018

Minorías religiosas en la España medieval (1)

JUDÍOS EN CIUDAD RODRIGO

José Ignacio Martín Benito

Representación de judíos en Las Cantigas.

La minoría religiosa más destacada en Ciudad Rodrigo fue la de los judíos. A finales del siglo XV contaba la ciudad con una importante población que profesaba la religón hebrea. En el padrón elaborado para el repartimiento del reparo de la puente en 1486, figuran 76 cabezas de familia judías, lo que representaba el 9% aproximadamente de la población de la ciudad[1]. Se concentraban principalmente en la aljama que estaba intramuros, en torno al castillo, puerta de Santiago y los solares que posteriormente sirvieron para edificar el convento de San Agustín y del Hospital de la Pasión. A mediados del siglo XV la judería estaba cercada, delimitando los espacios cristiano y judío dentro de la ciudad. Las alcabalas de 1444 y 1475 citan el çerco de los judíos y el çerco de la judería[2]. Hacia 1482 se intentó separar más los barrios judío y cristiano, trasladando a aquellos al barrio de Carniceros. Ello se hacía en virtud de los acuerdos de las Cortes de Toledo de 1480:

Culto en la sinagoga.
"Porque dela continua conversacion e vivienda mezclada delos judios e moros con christianos resultan grandes danos e inconvenientes... ordenamos e mandamos que todos los judios e moros de todas e quales quier cibdades e villas e lugares destos nuestros reynnos... tengan sus juderias e morerias destintas e apartadas sobre si, e no moren a vueltas con los christianos, ni ayan barrios con ellos... para lo qual fazer e complir nos luego entendemos nombrar personas fiables para que fagan el dicho apartamiento, sennalando los suelos e casas e sitios donde buenamente puedan vivir e contractar en sus officios con las gentes"[3].

Los procuradores judíos Lunbroso y Yuçé Haray apelaron contra aquella disposición sintiéndose agraviados por considerar que aquello no era sino un "rincón e muladar el más apartado logar de la dicha çibdad por el qual muy poco continúan la gente de la dicha çibdad" y considerando que de llevarse a cabo la medida "los prinçipales e más ricos e trabtantes e mercaderes de la dicha judería... perderían sus trabtos e fasyendas en espeçial por las tales calles e barrios ser muy apartados del trabto de la dicha çibdad"[4]. La media, finalmente, no se llevó a efecto.

Hospital de la Pasión. Solar de la judería de Ciudad Rodrigo.
La aljama existía ya en el siglo XIII[5]. Contaba con una sinagoga que, después de la expulsión, fue donada por los Reyes Católicos a la cofradía de la Pasión para la construcción de un Hospital, como ya vimos en líneas anteriores. Algunas referencias indirectas avalan que la sinagoga existía ya en 1402[6], aunque las citas documentales aludan a ella hacia 1460, según la declaración que en 1490 hizo Catalina González ante el tribunal de la Inquisición de Llerena:

"...dixo que puede aver beinte e ocho o treinta años poco mas o menso que este testigo bibia en la Rua nueva y tenian por becino Ysidro Gonzalez platero... por espacio de 6 o 7 años y en este tiempo bio que la muxer del dicho platero... la qual ya es difunta... ir muchas veces a la juderia la qual yva cobixada y a visto este testigo que llevava aceite a la sinagoga porque algunas veces la bio este testigo salir de dentro de la sinogoga"[7].

El cementerio

Arrabal del Puente. Ciudad Rodrigo.
El cementerio estaba en el Arrabal del Puente, al otro lado del río. Los Reyes lo entregaron después de la expulsión a García Gutiérrez, contino de las guardas y vecino de Ciudad Rodrigo[8]. Durante su estancia en Ciudad Rodrigo los judíos gozaron de las exenciones fiscales de los cristianos, al menos durante los reinados de los reyes Juan I y Enrique III. Ya en 1439 la aljama contribuía con 14.000 maravedís de moenda vieja, esto es unos 1.000 maravedís de moneda blanca. La aljama siguió contribuyendo con los pechos y pedidos durante todo el siglo XV. En 1482, el alcaide y tenente de la fortaleza Diego del Águila tenía asignados 12.000 maravedís en la alcabala de la carne judiega[9].

Oficios

Entre los oficios que desempeñaban, unos se ocupaban de coger las rentas de las alcabalas, tercias y yunterías de la ciudad; otros fueron mercaderes, médicos, físicos, cirujanos, artesanos... Ignoramos realmente las relaciones que mantenían con los cristianos; algunos cristianos vivían en la aljama, aunque los acontecimientos más críticos que se dieron en el reino tuvieron también repercusión en la comunidade hebrea de la ciudad, según el testimonio de los cronistas Yosef ben Zaddiq de Arévalo y Abrahán Zacuto, tales como las persecuciones y bautismos forzosos de 1230 y el pogrom de 1391[10]. Algunos conversos siguieron manteniendo de forma recatada su fe, como se desprende del testimonio de Cataliana Gómez sobre la mujer del platero Isidro González, pues, según la testigo, ésta llevaba aceite a la sinogoga, a donde "yva cobixada", esto es, tapada, ocultando su identidad.


[1] Mª F. García Casar, Fontes Iudaeorum Regni Castellae. El pasado judío de Ciudad Rodrigo. (Salamanca 1992 (Salamanca 1992, 36 y docs XXVI/1 y XXVI/2).
[2] Mª F. García Casar, Op. cit,. (Salamanca 1992, 22 y docs IV y V).
[3] Cortes de los antiguos reinos de León y Castilla, IV (Madrid 1882, 149).
[4] Mª F. García Casar, Op. cit,. (Salamanca 1992, doc. XVIII).
[5] Mª F. García Casar, Op. cit,. (Salamanca 1992, 27).
[6] A. Sánchez Cabañas, Historia Civitatense, citado por S. Malmierca, Judíos, moriscos e Inquisición en Ciudad Rodrigo (Salamanca 1990, 26).
[7] Citado por F. Sierro Malmierca, Judíos, moriscos e Inquisición en Ciudad Rodrigo (Salamanca 1990, 26).
[8] A.G.S. Registro General del Sello, 25 de julio de 1492. Peñafiel.
[9] Mª F. García Casar, Op. cit,. (Salamanca 1992,28‑30).
[10] Mª F. García Casar, Op. cit,. (Salamanca 1992, 35).


Texto extraído de mi trabajo: "La Iglesia de Ciudad Rodrigo". Historia de las Diócesis españolas. Ávila, Salmaanca y Ciudad Rdorigo. Coord. T. Egido. Madrid 2005

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viernes, 12 de enero de 2018

Hospitales históricos

CIUDAD RODRIGO Y SAN FELICES DE LOS GALLEGOS

José Ignacio Martín Benito

 

Fachada del Hospital de la Pasión (Ciudad Rodrigo).
Los últimos tiempos de la Edad Media fueron fecundos en cuanto a fundaciones benéficas en la diócesis. Sánchez Cabañas, al escribir su Historia civitatense en las primeras décadas del siglo XVII, afirma que antiguamente hubo tres hospitales: el de San Lázaro, extramuros, el de la catedral y el de Lerilla. Este último estaba entre el Campo de Carniceros y la Puerta del Sol. Como finalidad tenía la acogida de peregrinos, principalmente licenciados y estudiantes[1]. Muy posiblemente la iglesia de Santa Cruz contó también con un hospital. En el padrón de 1486 figura, tachado y en blanco, "el hospitalero de Santa Cruz" en la colación de San Vicente[2]. En cuanto al hospital de la catedral fue fundado a mediados del siglo XV por el Cabildo y se le conoció como Hospital de Santa María de la Catedral. El Cabildo aprovechó el solar de unas casas cercanas al templo catedralicio y ajustó en 1455 la obra de las tapias con Benito Sánchez y Pedro de Pedreros, vecinos de San Felices de los Gallegos y de Ciudad Rodrigo, respectivamente. Las obras seguían en ejecución hacia 1497, durante el pontificado de don Juan de Ortega. El hospital estaba destinado al cuidado de enfermos pobres, atendidos por los clérigos de la Catedral[3]. En tiempos de Cabañas debía de haber desaparecido, pues no lo incluye en los hospitales que existían en su época, primeras décadas del siglo XVII; sin embargo sí acertó a ver la inscripción de su fachada: "Haec est Domus Domini, refrigerium paupereum firmiter aedificata"[4].

La fundación del Hospital de la Pasión

Hospital de la Pasión. Interior.
Por esas mismas fechas se fundaba también el Hospital de la Pasión, junto a la muralla. La fundación data de 1479 y en ella intervinieron doce caballeros de la ciudad, reunidos en la iglesia de San Juan[5]. El 25 de mayo de 1492 los Reyes Católicos entregaron los solares de la antigua sinagoga de los judíos para que en ellos se construyera la iglesia y el Hospital:

"Don Fernando e doña Ysabel, [etc...] por fazer bien e merced a vos el cabildo e cofrades de la cofradia de la Pasion de la çibdad de Çibdad Rodrigo, acatando las obras pias e meritorias que por el dicho cavildo e cofrades de la dicha cofradia se an fecho e fazen de cada dia del serviçio de Dios nuestro señor segund la constituçion de vuestra regla ansi en acoger y proveer pobres e enfermos como en los sepultar e enterrar e otras muchas limosnas e obras pias e fasedes por que a nos es fecha relaçion que para acreçentar mas las dichas obras pias e meritorias el dicho cabildo e cofradia an mucho menester una casa para e yglesia en que se çelebren los divinos ofiçios e por la presente fazemos merced e limosna a la dicha cofradia e cofrades della de la Sinoga con su çerco e corrales que los judios e judias de la dicha Çiudad Rodrigo e aljama dellos tienen e an tenido e poseido fasta agora en la dicha çibdad con todas sus entradas e salidas e usos e costunbres e servidunbres para asi que fagades e se fagan en la dicha Sinoga una yglesia e ospital para la dicha cofradia e cabildo della que sea llamado e intitulado hospital de la Pasion de la qual dicha Sinoga e casa e çerco e corrales della sea agora e para sienpre jamas fazemos merced e limosna a vos el dicho cabildo e cofrades de la dicha cofradia de la Pasion de la dicha Çibdad Rodrigo e vos damos poder e facultad para que despues de pasado el termino del mes de julio primero que viene podades entrar e tomar la dicha casa Sinoga con el dicho çerco e corrales para que sea yglesia e ospital de la Pasion como dicho es. E por esta nuestra carta e por su traslado sygnado de escrivano publico rogamos e encargamos al reverendisimo padre obispo de la dicha Çibdad Rodrigo del nuestro consejo e mandamos al nuestro corregidor de la dicha çibdad e su lugarteniente e a cada uno e qualesquier dellos que agora son o fueren que con esta nuestra carta o con el dicho su traslado signado como dicho es fueren requeridos que despues de pasado el termino del fin del dicho mes de julio primero pongan en la posesion de la dicha casa de la dicha Sinoga o su çerco e corrales a vos el dicho cabildo e cofradia de la Pasion de la dicha Çibdad [...][6].

Capilla del Hospital de la Pasión (Ciudad Rodrigo).
Los fines benéficos del Hospital de la Pasión son, por consiguiente, parecidos a los de Santa María de la Catedral, si bien en aquella institución interviene como fundador el cabildo catedral y aquí lo hacen personas en su mayoría laicas. La Pasión contaba con una cofradía que se encargaba de la acogida y cuidado de los pobres y enfermos en el hospital, así como de hacerse cargo del entierro y darles cristiana sepultura. León X expidió una bula en favor del Hospital de la Pasión el 10 de marzo de 1519[7].

El Hospital de San Felices de los Gallegos


En la diócesis hubo otras instituciones benéficas. En San Felices de los Gallegos existía el Hospital de Roque Amador, junto a la ermita del mismo nombre. Toribio de Dios supone que, al menos, debía existir ya en el siglo XV[8]. Bajo la advocación de Nª Srª de Rocamador existieron en la Edad Media varias fundaciones ligadas a la hospitalidad de peregrinos. Rocamadour era una de las estaciones del Camino de Santiago en el departamento francés de Lot. J. Uría apunta que algunos monasterios franceses "tenían hospitales de peregrinos en tierra española", como en el caso de la villa burgalesa de Hornillos del Camino, que pasó a depender del monasterio enclavado en la misma villa de Nuestra Srª de Rocamador, dependiente a su vez de San Martín de Tulle, en la diócesis de Limoges. De este monasterio burgalés dependían, también, los hospitales de Mayorga (Valladolid) y Villalobos (Zamora)[9]; en Astorga[10] y Villalpando había también hospitales con este mismo nombre[11]. El hospital astorgano era regentado por la cofradía de Nª Srª de Rocamador, como en otros lugares, caso de Salamanca[12], lo que hace sospechar que en San Felices de los Gallegos debió existir también una cofradía que se ocupara de él.


[1] En 1590 se agregó al de la Pasión. M. Hernández Vegas, Ciudad Rodrigo. La catedral y la ciudad. T. I. (Salamanca 1935, 74 y nota 1).

[2] Mª F. García Casar, Fontes Iudaeorum Regni Castellae. El pasado judío de Ciudad Rodrigo. (Salamanca 1992, 84, doc XXVI/1). La iglesia, a decir de Hernández Vegas, había sido parroquia y después perteneció a los claustrales de Palomar. En 1517, cuando se cedió a doña Beatriz Pacheco para la fundación del convento de Santa Cruz, de religiosas agustinas, era de la catedral. Op. cit. (Salamanca 1935, 58).

[3] M. Hernández Vegas, Op. cit., I (Salamanca 1935, 243‑44).

[4] A. Sánchez Cabañas, Historia de la m. n. y m. l. ciudad de Ciudad Rodrigo (Ciudad Rodrigo 1861, 96).

[5] M. Hernández Vegas, Op. cit., I (Salamanca 1935, 243).

[6] Archivo Hospital de la Piedad. Merced que hicieron los señores Reies Catholicos Dn. Fernando y Dª Ysavel de la casa de la Sinagoga de los Judios, sitia donde se fundo la Yglesia del Hospital de la Passion.

[7] A. Sánchez Cabañas, Historia de la m. n. y m. l. ciudad de Ciudad Rodrigo (Ciudad Rodrigo 1861, 96‑7).

[8] Toribio de Dios, Historia de la villa de San Felices de los Gallegos (Valladolid 1940, 199).

[9] V. Uría, "La hospitalidad y el hospedaje", en L.Vázquez de Parga et alii, Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, T. I. (Pamplona 1992, 302).

[10] En el caso de Astorga se documenta ya en 1310, pero todo hace pensar que existía ya en el siglo XII. A. Quintana Prieto, Hospitales astorganos. Beneficencia de la ciudad en la antigüedad. (Zamora 1993, 234‑43).

[11] L. Calvo Lozano, Historia de la villa de Villapando (Zamora 1981, 90‑92).

[12] J. Sánchez Herrero, Las Diócesis del Reino de León (León 1978, 469‑70). 



El texto está extraído de nuestra obra: "La Iglesia de Ciudad Rodrigo". Historia de las Diócesis españolas. Ávila, Salamanca y Ciudad Rodrigo. Coordinación T. Egido (Madrid 2005) 

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domingo, 7 de enero de 2018

Nueva crónica portuguesa (3)

MOSTEIROS Y PONTES

José Ignacio Martín Benito 

Mosteiro de San Joâo de Tarouca  
Iglesia de S. Joâo de Tarouca.
Sol y silencio en el valle del Varosa. Ni siquiera se oye el murmullo de los arroyos Pinheiro y Aveleira que, con la sequía, traen poco caudal para alimentar al río principal. En otro tiempo sirvieron para dar agua a los monjes blancos, que canalizaron sus aguas en el mismo monasterio. Pero los monjes se fueron y su obra, con el tiempo se fue desmantelando. Consecuencias de la desamortización.

De todo el conjunto monacal se salvó la iglesia, que quedó para el servicio parroquial de las aldeas próximas. Los viajeros entran en el templo y admiran tallas, pinturas y azulejos. En la sacristía firman en el libro de visitas, recordando el relato de su “Carnaval del peregrino”. Y es que, todo hay que decirlo, han venido a este mosteiro por el reclamo del apócrifo manuscrito.
Monasterio de S. Joâo de Tarouca.

Es Tarouca un monasterio renacido, pero sin monjes. Los arqueólogos han sacado de las entrañas de la tierra los cimientos de las dependencias de la vieja abadía en un trabajo lento, arduo y paciente; Entran los viajeros en el edificio que hace esquina entre el Largo do Terreiro y la avenida Antonio de Teixeira, donde se ha abierto un centro de interpretación del monasterio. Allí se expone la vajilla y otros objetos extraídos del subsuelo, mientras se cuenta todo el proceso de la ingente excavación, con más de 3.000 metros cuadrados, impulsada por el gobierno portugués.

Tiempo tendrán todavía los viajeros de recorrer en solitario, la explanada que otrora alojó a monjes y conversos y subir a los aterrazamientos donde su cultivaron hortalizas, frutas y verduras. Este lugar fue lagar, aquí ermita, de todo apenas quedan las señales. Y es que los monjes –ya se ha dicho- no están aquí para contarlo. Con todo, Tarouca se ha desperezado del moho de su ruina y de la herrumbre del tiempo, pero a pesar de ello, es una estructura fría, sin alma, pues todo pereció a partir de 1834.

Cuando salen de las cistercienses ruinas, el reloj marca la una de la tarde. Es hora pues de alimentar el cuerpo, y qué mejor que en una casa de comida regional, en la que les ofrecen y aceptan cozido del país, un plato a base de repolho, batatas, farinheira, chouriço, entrecosto y orelha de porco, eso sí, acompañado de arroz seco, un ingrediente que no falta en la cocina portuguesa. Cuando salen, relajados, apenas tendrán tres horas de luz para seguir el curso del Varosa y poder admiarar la torre de Ucanha y el mosterio de Santa María de Salzedas.

Ponte de Ucanha

Ponte fortificada de Ucanha, sobre el Varosa.
La ponte fortificada de Ucanha, sobre el Varosa, recuerda a los viajeros la burgalesa de Frías o la cordobesa de la Calahorra. Su altivez y grandeza hace encogerse a dos moinhos situados a ambas márgenes del río, convertidos en una mera reliquia de lo que fue in illo tempore el aprovechamiento de sus aguas. Ahora el cauce viene bajo, lo que aprovecharán los viajeros para adentrarse en él y hacer varias tomas fotográficas del conjunto pontino.

La recia torre ha sido rehabilitada y recoge en dos de sus plantas una exposición sobre su hijo más universal: José Leite de Vasconcelos (1858-1941). El sabio portugués esgrimió algunas razones para su construcción: la defensa del paso, la entrada al couto del mosteiro de Salzedas y la cobranza del pontazgo. Hoy no hay tributo alguno, pues la entrada al interior de la fortaleza es gratuita, aunque los visitantes dejarán un pequeño donativo.

Mosteiro de Salzedas

De Ucanha a Salzedas. Aquí la ruina no se cebó tanto como en San Joâo de Tarouca. Tal vez porque el monasterio estaba en el mismo pueblo. Además la iglesia, se conservó buena parte de los claustros y algunas dependencias. No obstante, en ambos, el Estado portugués se ha esforzado en su recuperación, para el disfrute de las modernas generaciones y de la visita pública.


Claustro del monasterio de Salzedas.
Los viajeros sienten una sana envidia de que ambas iglesias cistercienses se salvaran de la destrucción, al quedar como templos parroquiales. Peor suerte corrió la de Santa María de Moreruela, reducida a escombros. La monumental de Salzedas sirve para el culto de los 90 habitantes del lugar. De ahí que se quede grande, más teniendo en cuenta que “em todo mundo vem à missa”, advierte la joven encargada de atender a las visitas. Y es que, en estas tierras de la Beira, la gente emigró a Francia o a Suiza y solo vienen en verâo.

Como en Tarouca, en Salzedas hay también un centro interpretativo. Los viajeros ven un video sobre el proceso de restauración y visitan las salas musealizadas. Un breve paseo por las calles de la población, antes de retornar a Lamego, pondrá el punto y seguido a una jornada marcada por las huellas romanas, visigodas y cistercienses en estas tierras del Douro portugués.

7 Diciembre 2017

martes, 2 de enero de 2018

Nueva crónica portuguesa (2)

RIBERAS DEL BALSEMÂO O LA ESPERA DEL REY SISEBUTO

José I. Martín Benito

Sâo Pedro de Balsemâo.

S. Pedro de Balsemâo. Interior.
Sâo Pedro de Balsemâo es un templo tan camuflado como antiguo. Y no lo dicen los viajeros solo por el acceso, estrecho y sin quitamiedos hacia el angosto precipicio del río, que les recuerda la carretera a Porto de Sanabria, sino por lo irreconocible de su arquitectura. Por otro lado, no entienden muy bien que el gobierno portugués, tan celoso de recuperar el patrimonio del país, tenga escondida la joya visigótica en un camino donde no pueden cruzarse dos vehículos.

Son las diez de las mañana y el templo está fechado. No hay un alma en el lugar. A los pocos minutos llega un motorista por el maltrecho camino. Desciende de la montura, se quita el casco y asiente cuando los viajeros le preguntan si es la persona encargada de abrir la pequeña capela. Es un hombre de unos cincuenta años, que sabe muy bien la historia del lugar, que estudió latín y griego en el seminario, con el que no tardan en confraternizar. Los viajeros llegan a pensar si no será Leite de Vasconcelos redivivo, aquel sabio portugués nacido en la cercana Ucanha.

Inscripciones romanas, columnas, capiteles y un espléndido arco de herradura transportan el lugar a los tiempos romanos y visigodos, y hermanan la pequeña iglesia de Balsemâo con la de San Pedro de la Nave, a orillas del Esla. Todo ello, mucho antes de que leoneses y portugueses batallaran contra os mouros y entre sí, y mucho antes, también, que acordaran caminos separados.
A la salida del templo los viajeros se encuentran con dos gatos tomando el sol. Ya se dijo en alguna ocasión que los gatos siempre parecen acompañarles. Lo hicieron en Óbidos, Hydra, Roma, Córdoba, Mallorca, Coria... Esta vez están en la ribera del Balsemâo, quién sabe si esperando a Sisebuto, como los portugueses al rey don Sebastián. Allí esperan, como las cercanas olivas su cosecha.

Tras despedirse del guarda, los viajeros retornan a Lamego, por el Barrio da Ponte. Desandar el camino se les hace más corto, casi como un suspiro. Y ponen rumbo a Tarouca.

Gatos tomando el sol en Balsemâo
(CONTNUARÁ) 7 diciembre 2017



jueves, 28 de diciembre de 2017

Nueva crónica portuguesa (1)

GENTE DE RAYA EN LAMEGO

José I. Martín Benito

Castillo de Lamego.

Los viajeros han venido a Lamego llamados por una vieja cuita sucedida hace más 600 años. Podría decirse que la culpa de este viaje la tuvo el Cisma de Occidente, cuando el Papa de Roma accedió a las pretensiones del Rey de Portugal, y separó del obispado de Ciudad Rodrigo las parroquias ribacudanas, entregándoselas al prelado lamecense. Cien años antes, las cabalgadas de D. Dinis habían integrado la Riba Côa en Portugal, pero los asuntos de la Iglesia iban por otro lado de las fronteras políticas.

Las doce serían –hora portuguesa- cuando los viajeros cruzaron el Douro por el viaducto de Peso da Régua y enfilaron a la ciudad del encajado valle del Balsemâo.

A pesar de su rico patrimonio monumental no es Lamego una ciudad turística o, al menos, no lo parece en estas fechas. Pronto descubrirán los viajeros que son los únicos huéspedes del Hotel do Cerrado, y no será porque éste esté fechado, pues, a pesar de su nombre, es un aposento limpio y confortable, a los pies del altivo castelo y a menos de trescientos metros de la catedral y del antigo paço episcopal. A la vuelta del viaje sabrán que casi todos los turistas españoles se desparramaron este puente por las ciudades de Oporto, Guimarâes y Braga. De ahí que en Lamego reine la tranquilidad y no el bullicio. Mucho mejor así.

Pero es hora de reconfortar el cuerpo, por lo que el espíritu podrá esperar. Lo hacen en el Restaurante Novo, que tiene una puerta acristalada, como una janela abierta a la portada de la seo, de la que le separan apenas 15 metros. Se sorprenden que de sobremesa les ofrezcan una crema catalana, y se dicen si ello no será una ironía histórica, con la que está cayendo. Mientras la degustan, llegan a la convicción de que este dulce amargaría al espíritu de Felipe IV, que tuvo que hacer frente a dos secesiones: la iniciada tras Els Segadors en el este y la comandada por la casa de Bragança en el oeste de sus peninsulares reinos.
Paço episcopal y Catedral desde el Castelo.

Reparado el cuerpo se dirigen a la catedral, una obra quinientista, con ecos del manuelino en su portada principal y, después, al pequeño y moderno museo diocesano donde hay una exposición sobre “Contas de rezar”.

Cuando cae la tarde, por la Rua do Olaria y la de Almacave inician la subida al castelo. La torre del homenaje ha sido rehabilitada como un centro de interpretación donde se muestran diversas armas y artillería medieval, lo que recuerda la de La Puebla de Sanabria. El adarve es un excelente mirador de la expansión de la ciudad. Muy cerca está lo que llaman el “núcleo arqueológico”, un espacio abierto al público donde pueden verse las entrañas del pasado. En verdad, todo el recinto del castelo lo es, y más entre dos luces. Romanos, suevos, visigodos, mouros y cristianos se sucedieron, hasta que llegó la conquista de Fernando Magno de León en 1057, siete años antes de la toma de Coimbra.


El poder militar fue cediendo paso al eclesiástico, que, andando el tiempo, fue buscando el confort de las partes más llanas para instalar la catedral y la residencia del obispo. No se olvidan los visitantes que Lamego fue diócesis antigua y, como tal, sus obispos estuvieron presentes en los concilios de Braga y de Toledo.
Monumento al Tratado de Zamora. Lamego.
Frente a la iglesia de Almacave un monumento recuerda el Tratado de Zamora de 1143, por el que el Rey de León reconocía a Afonso Henriques como testa coronada. Y es que fue en esta iglesia lamecense donde tuvieron lugar las primeras Cortes del nuevo Reino de Portugal. El autor de la conmemorativa estela concibió y llevó al granito una gran falla, que fractura y rompe de norte a sur el oeste del solar peninsular, para transmitir así la idea de separación o de independencia. De modo que es como si Portugal se desgajara de la ibérica península y se transformara en una isla, en una balsa de piedra a la deriva, como reflejara Saramago en su célebre novela. Lo curioso es que en esa fractura, el artista del pétreo monumento incluyó también as terras da irmâ Galicia.

En estas ensoñaciones estaban los viajeros, cuando repararon en las tiendas de la Rúa, reflejo de un comercio vetusto, ajado, que parece anclado en la década de 1970, a pesar de la apertura de nuevos locales, que tienden tímidamente a la modernización.
Portada de la catedral de Lamego.

Escultura en el Teatro Ribeiro Concaiçao. Lamego.
Teatro Ribeiro Concaiçao. Lamego.

6 al 9 de diciembre de 2017

(CONTINUARÁ)

sábado, 23 de diciembre de 2017

¿Pallozas en Sanabria?

LAS CASAS DE PAJA DE LUBIÁN Y CHANOS

José Ignacio Martín Benito

Introducción
Antiguas pallozas de Paradaseca (El Bierzo, León). Foto Ramón Cela.
La palloza es una construcción tradicional del noroeste español, que ha pervivido en Los Ancares de las provincias de Lugo y de León (El Bierzo). Se trata de una casa de planta circular u ovalada, con paredes de piedra y cubierta con un tejado de forma cónica o a dos aguas, vegetal, generalmente de paja de centeno.

Para ellas se ha señalado un origen prerromano, pues muchas casas de los castros de la Edad del Hierro presentaban esta forma y, presumiblemente, se cubrían con techo vegetal. Es el caso, entre otros, de los castros de Santa Tecla (Pontevedra), Coaña (Asturias) o el de Chanos (León), por citar algunos de los más conocidos.

Hoy son meras reliquias, que perviven en Piornedo (Lugo), Balouta o Paradaseca (El Bierzo) y que despiertan el interés de curiosos y turistas, pero en otro tiempo su construcción debió estar muy extendida por el noroeste peninsular. Las del Campo del Agua con "teito" a dos aguas y cabecera en semicírculo fueron declaradas Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León en 2008. Pero unas y otras se encuentran abandonadas o caídas.
Palloza en ruinas, 2014. Campo del Agua (Foto de Santiago Casteao).

Las casas de paja de Lubián y Chanos

Muy probablemente este tipo de construcción estuvo también presente en Sanabria, al menos en las zonas más próximas a Galicia. Así nos lo revelan algunas fuentes históricas y, a principios del XX, los testimonios de viajeros estudiosos como Fritz Krüger. Vayamos por partes.


Testimonio de ello tenemos en el siglo XVII. Las noticias proceden de Lubián y Chanos, con motivo de una entrada del ejército portugués en noviembre de 1643 en la Alta Sanabria, en la Guerra de Independencia o de Restauración de Portugal (1640-1668). De ello dejó testimonio el jesuita José Martínez de la Puente, testigo directo en la frontera de La Puebla de Sanabria, como asistente del ejército de Galicia. Los portugueses formaron un ejército con gentes de Chaves, Miranda y Braganza y atacaron la frontera, quemando los lugares de Lubián y Chanos.
Azulejo con escenas de la Guerra de Portugal.
José Martínez se refiere a las casas de estas poblaciones como “casas de paja” o "casas pajizas”, lo que nos inclina a pensar o deducir que esta denominación obedece a que las construcciones se cubrían con techo o “teito” de paja –probablemente de centeno- que es el cereal que se cultivaba en la zona.


Los testimonios
José Martínez de la Puente: Madrid y diciembre de 1643

Relacion verdadera de lo que ha sucedido en la plaza y frontera de la Puebla, en el mes de Noviembre, hasta 30 dél, por el P. José Martinez, de la Compañía de Jesús, que se halló presente á todo . 

“Despues se retiraron ellos con armas y municiones, dejando al lugar de Lubian solo con el casco de 50 casas de paja, que tan solamente quemaron ... ya el enemigo se habia retirado viendo asomar el socorro, temiendo lo que podia suceder, no dándole lugar á mas de que quemase el lugar de Lubian y Chaves [Chanos], que habian quedado solos con sus casas pajizas". 

Krüger y las casas de paja

Esta tradición de teitar con paja de centeno se mantenía viva en Sanabria en la década de 1920, tal como dejó constancia  Fritz Krüger, académico, fotógrafo y etnógrafo alemán, en su obra "La Cultura popular en Sanabria". Entre la tipologia de viviendas señaló dos tipos: "la casa más antigua, de un piso y con tejado de paja, que se ha conservado esporádicamente en los pueblos de montaña (Ribadelago, Vigo, Murias, S. Ciprián) y la casa de dos pisos, desarrollada seguramente a partir de aquella. Esta casa de dos pisos ya tiene el tejado de pizarra, la planta baja está ocupada por la cuadra, mientras que la superior es vivienda-hogar; dispone, además de balcón y escalera de piedra. Hoy día el segundo tipo prevalece claramente".
Esto es, a principios del siglo XX, aún existían en Sanabria las "casas de paja", esto es, la vivienda con teito de paja de centeno, seguramente como las que quemaron los portugueses en 1643 en Lubián. Sin embargo, esta tipología ya iba en decadencia, pues según señala el antropólogo alemán, la casa que prevalecía era la de dos plantas y tejado de pizarra.
Herreruela (Cáceres), principios del siglo XX.

Ribadelago, Krüguer, principios del siglo XX.

[1] Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús. Sobre los sucesos de la monarquía entre los años de 1634 y 1648. En Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y antigüedades. Madrid. Real Academia de la Historia, Tomo XVI, pp. 167 y ss.

Palloza de Piornedo (Lugo).
 

lunes, 18 de diciembre de 2017

El retablo de Fernando Gallego de Ciudad Rodrigo

LA VENTA DEL RETABLO

José Ignacio Martín Benito
Retablo de Ciudad Rodrigo. Museo de Tucson (Arizona).
Una de las piezas artísticas más relevantes del arte mueble de la catedral de Ciudad Rodrigo fue el retablo de la capilla mayor, obra del pintor Fernando Gallego (c. 1440-1507). El pintor trabajó en Salamanca, Plasencia, Coria, Trujillo, Zamora y Ciudad Rodrigo, entre otros lugares. De su obra destaca su "Cielo de Salamanca", pintado en las Escuelas Menores de la Universidad salmantina. En Zamora dejó las famosas tablas de Arcenillas y el retablo de San Lorenzo (Toro). En 2004 se celebró en Salamana una gran exposición sobre su obra.

Fernando Gallego y Ciudad Rodrigo

Fueron los años de finales del siglo XV fecundos, en cuanto a encargos de obras por parte de la catedral, siendo deán Francisco del Águila. En 1480 el cabildo había contratado con Fernando Gallego el retablo de la capilla mayor. El maestro, con ayuda de otros tres colaboradores (Francisco Gallego, el "maestro de los labios" y el maestro de las caras y armaduras") lo término en 1488. El padrón de 1486 recoge su estancia en la ciudad, viviendo en la calle Cadimus o en la de Toro[1].

El cielo de Salamanca, de Fernando Gallego.
A decir de Gaya Nuño el retablo de Ciudad Rodrigo "ha de ser considerado... como uno de los conjuntos más importantes de la pintura española cuatrocentista[2]. Debió tener 12 m. de altura y unas 47 tablas.

Pero toda obra es efímera. A finales del siglo XVIII, el cabildo decidió cambiar el fondo de la capilla mayor y en el lugar donde estaba del retablo de Gallego colocar un retablo de plata. Y así lo hizo, por lo que las tablas fueron desmontadas y retiradas al claustro. La inscripción que acompañaba al retablo en el basamento, y que recoge Hernández Vegas[3], desapareció. Como acabó también desapareciendo el retablo de plata en las guerras de comienzos del siglo XIX.

La venta del retablo por el Cabildo

Ecce Homo. Tucson (Arizona)
Allí en el claustro las tablas estuvieron amontonadas más de un siglo, al tiempo que se fueron perdiendo o "extraviando" algunas de ellas. De modo que en 1877 eran de las 46 ya sólo quedaban 26. En la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX los anticuarios y coleccionistas pusieron los ojos en las obras de arte del patrimonio español. Y mucho de ello había en las antiguas catedrales. Ocurrió en Zamora, con su célebre "Bote" y varios tapices. Aquello fue un caso de codicia. Quién sabe si esta no estuvo también en el ánimo de la venta de las pinturas de Fernando Gallego. Lo cierto es que las tablas, de lo que fue en su día el retablo mayor de la seo civitatense, estaban sentenciadas. Y así, en ese año de 1877, las tablas fueron vendidas por 30.000 reales, con la aprobación del Cabildo. Ocurrió, es verdad, cuando Ciudad Rodrigo no tenía obispo propio y dependía de la administración apostólica del obispo salmantino, Martínez Izquierdo


Las tablas camino del exilio

Vendidas, las tablas salieron de España con destino a la colección de Sir Herbert Cook en Richmond (Inglaterra); sacadas a finales de la década de los cincuenta del siglo XX al mercado internacional de arte, fueron adquiridas por la fundación Samuel H. Kress, la cual las donó a la Universidad de Arizona, en donde fueron exhibidas por primera vez en 1960. Hoy están expuestas en el Tucson Museum of Art (Arizona, USA).
Retablo de Ciudad Rodrigo (Tuccon, Arizona, USA).


[1] "El pintor gallego", en: Mª F. García Casar, Fontes Iudaeorum regni Castellae. VI. El pasado judío de Ciudad Rodrigo. (Salamanca 1992, 112, doc. XXVI/2). En el padrón figura también un "Luys, pyntor", en la Calle de Diego Ruvio con San Vicente y San Salvador.

[2] J. A. Gaya Nuño, Fernando Gallego (Madrid 1958, 22 y 38).

[3]M. Hernández Vegas, Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad. I. (Salamanca 1935, 249 y ss).