lunes, 10 de octubre de 2016

La Riba Côa portuguesa, antiguo territorio del Reino de León (1)


Control y repoblación de la Riba Côa

Numao (Portugal). Foto Ricardo Fernández.
             La repoblación de Ciudad Rodrigo en 1161 pretendía no sólo asegurar y crear un concejo fuerte en el sur de la Extremadura leonesa que garantizara una infraestructura militar en la retaguardia de Coria, sino, a la vez, disponer de una plaza adelantada en la frontera con Portugal y establecer así una cabeza de puente hacia el control del oeste, esto es, hacia Riba Côa. La disputa entre Portugal y León por este territorio se inclinaría finalmente del lado leonés. Sin embargo, Portugal ya había dado muestras de su interés por la colonización de estos espacios. En 1130 Fernâo Mendes de Bragança había dado carta foral a Numâo, población situada en la Beira Alta, al sur del Duero, dotándole de un alfoz muy amplio, cuyos términos se extendían por el este a lo largo del curso del Águeda hasta su desembocadura en el Duero, incluyendo por tanto las riberas del Aguiar y del Turones[1], esto es, lo que más adelante fueron los límites que correspondieron al concejo de Castelo Rodrigo. Sin embargo, la adscripción de términos no suponía de hecho un control efectivo del territorio, pues, tras la conquista de Lisboa en 1147, estas tierras permanecieron alejadas de los flujos migratorios, con lo que la ocupación demográfica debió ser débil. De hecho, la región situada en torno al Duero seguía constituyendo una tierra fronteriza, como reflejaba en 1152 el fuero de Freixo: “homines de Fresno non faciatis fossado nec detis fossadeira pro que estis in fronteira [2].
Freixo de Espadaa Cinta (Portugal).
La situación comenzó a cambiar a partir de 1157, con el resurgimiento del reino de León. Limitado al este por la ocupación castellana de la calzada de la Guinea en torno al puerto de Béjar, Fernando II buscó la afirmación de su reino hacia el oeste y hacia el sur. Con ello, la región comprendida entre el Águeda y el Côa despertará la atención de una política colonizadora en este territorio. Y esa atención comenzará, sobre todo, después de la repoblación de Ciudad Rodrigo, si hemos de hacer caso a la documentación. Repoblar el espacio fronterizo significaba, de hecho, un intento claro de controlar el territorio[3]. Por entonces, el monarca leonés debía controlar buena parte de Riba Côa. Ejemplo de ello es que el obispo de Ciudad Rodrigo a partir de 1168 llevará el título de la extinta diócesis visigótica de Caliabria, situada a orillas del Duero, entre el Águeda y el Côa[4].

En un principio los centros colonizadores van a ser las instituciones eclesiásticas, concretamente los monasterios de Santa María de Aguiar y San Julián del Pereiro. La pugna por el control del territorio puede rastrearse, en un principio, en torno al monasterio de Aguiar, en las cercanías de Castelo Rodrigo. Cuando en enero de 1171 Fernando II hizo merced al obispo de Ciudad Rodrigo de la Torre de Aguiar y de la antigua ciudad de Caliabria, situada entre el Côa y el Águeda[5], el monasterio debió sentir amenazado su dominio y pidió al rey de Portugal el reconocimiento de sus límites; el monarca expidió la carta de coto desde Coimbra en febrero de 1174[6]. En este documento se alude a otra otorgada en años anteriores, cuando el rey portugués habría donado las tierras para la fundación del monasterio. Ello reflejaría un antiguo dominio portugués sobre la zona, pero que en estos momentos, y sobre todo después de la estrepitosa derrota de Afonso Henriques en Badajoz en 1169, no sería muy efectivo.
Fernando II de León.

Poco a poco, el monasterio comenzó a entrar bajo la influencia leonesa. En agosto de 1174 Fernando II, junto con su mujer e hijo, daba a los frailes, previo el consentimiento del concejo de Ciudad Rodrigo, las heredades de Torre de Aguiar y Riochico[7] y en mayo de 1176, el monarca leonés les concedía diez yugadas en torno a la fuente de Vernenosa y unas pesquerías en la foz de Aguiar[8].


            El otro centro colonizador será el monasterio de San Julián del Pereiro, sito en las cercanías de la actual Cinco Vilas y que, con el tiempo, daría lugar a la orden de Alcántara[9]. Dejando a un lado la polémica sobre su origen[10], el Pereiro, antes de que se decantara por su vocación castrense, fue un cenobio bajo la regla de San Benito que, al igual que Aguiar, comenzó recibiendo donaciones regias. En 1172 Fernando II les entregó el Portum Perodiçola y dos años más tarde la heredad de Almendraseca. 

Alejandro III recibe un embajador. Spinello Aretino (Siena).
      Pero las donaciones se hicieron más cuantiosas una vez que la Santa Sede aprobó la erección de la diócesis de Ciudad Rodrigo en 1175, a la que quedaba adscrita. Así, en 1176 el monarca leonés entregó a don Gómez, “praedictae domus fundatori primo et fratribus” la heredad de Raigadas y la granja del Pereiro[11]. Ese mismo año, el pontífice Alejandro III recibe al prior y a los frailes bajo la protección apostólica de la Santa Sede, les exime del pago de diezmos y les autoriza a dar sepultura en el Pereiro, aunque deja la canonica iustitia en manos de los obispos de Ciudad Rodrigo[12]. En 1179 el rey comunicaba al concejo de Ciudad Rodrigo que acogía bajo su protección al Pereiro y a sus frailes[13]. El monasterio debió ir acrecentando su patrimonio, pues cuando en 1183 el papa Lucio III acoge a San Julián del Pereiro bajo la custodia de la Santa Sede, debiendo observar los frailes el ordo monasticus de la regla de San Benito, se citan propiedades en Villar de Turpino, Ferrariam, Colmenar, Almendraseca y Fontesico[14], todas ellas, salvo la última, sitas a lo largo de la margen derecha del Côa; Fontesico, tal vez Fonseca, a dos kilómetros de Ciudad Rodrigo, sería la heredad más alejada del cenobio.

            Las donaciones reales ponían de manifiesto un efectivo control político de la Riba Côa por parte de Fernando II de León, que se valía de los centros monásticos para llevar a cabo su política de organización del espacio. Hacia 1183 la orden había ido evolucionando a milicia religiosa, según se desprende de la propia bula de Lucio III: “Cum locus vester in sarracenorum faucibus constitutus... et libentius defensioni Christianitatis.... Constituidos ya como milicia, Fernando II les hará entrega en enero de 1185 de la pesquería de Burgus Vetus, en el término de Santa María de Morgadais[15].

San Joâo de Tarouca (Portugal).
Pero además de estos centros monásticos enclavados en Riba Côa, se quiso también contar con el concurso en el proceso colonizador de otros monasterios enclavados dentro de territorio portugués, como fue el caso del de San Joâo de Tarouca o del potente cenobio de la Santa Cruz de Coimbra. El primero recibió privilegios, tanto de Fernando II como de Alfonso IX, referentes a quedar exentos del pago de portazgo y otros derechos en el reino leonés, así como una heredad en Luzelos, en Colmela (actual freiguesía de Figueira de Castelo Rodrigo)[16]. Por su parte, el monasterio conimbricense recibió en 1190 de Alfonso IX, estante en Benavente, el villar de Pedro Tomé con sus límites, entre Reigada y Vermiosa, también en el territorio ribacudano[17]. Una circunstancia inversa se advierte también en otros regiones próximas a la frontera. Afonso Henriques habría entregado a la abadía de San Martín de Castañeda entre 1129 y 1135 la villa de Mayde, en tierra de Aliste, entonces bajo control portugués[18] y Sancho I haría lo propio con el realengo de “Ifaneis cum Constantino (Constantin)”[19].

Si importante era pues la participación de los monasterios en la ocupación de la Riba Côa, no menos relevante será la del propio obispo civitatense, el cual va a actuar aquí como auténtico agente político en el control del territorio fronterizo con Portugal. Se confirma con ello, realmente, las intenciones que animaron a la fundación de la diócesis de Ciudad Rodrigo en los primeros años del reinado de Fernando II. Alfonso IX confiará la defensa de la frontera al obispo Martín. En 1191, estante en Ciudad Rodrigo, le confirma los términos que su padre había asignado al obispado, entre ellos la heredad de la Torre de Aguiar, la ciudad de Caliabria y Vermeiosa, todas ellas en la Riba Côa[20].
Alfonoso IX de León (Tumbo A, Compostela).

Por entonces, el monarca dio otro paso importante, tal vez decisivo para asegurarse el control y, con ello, la presencia leonesa en el territorio para proceder a colonizaciones posteriores. Posiblemente el mismo día que confirmaba los términos del obispado, hizo entrega de numerosas posesiones y castillos a la iglesia de Santa María de Ciudad Rodrigo y a su obispo Martín. Tres de estos castillos estaban en territorio ribacudano: el de Almeida “cum terminis suis videlicet per Colam et permatam de comite et per estratam publicam quem vadit ad Troncosum, et quomodo dividit cum Pirario·; el de Alfayatescum terminis per duae lenguae in circuito”; el de Abaroncinos “similiter cum terminis per tree leguae in cirquito”. En los Arribes, también frontera con Portugal, en concreto con el concejo de Freixo, el monarca confiaba al obispo el castillo que el propio prelado había hecho en la foz del Águeda “cum terminis suis videlicet per turrem veterem, quae est inter ipsum castellum et Finolosia, et deinde usque ad Amidalam (Almendra), quam  tenent fratree de Pirario et deynde per inter montem de Escayllon et monesterium de Aquilari quidquid intra istos terminos est tam ipsam vegam de Aquilari, quam Vermenosam... [21]. En el entorno de estos castillos, la acción colonizadora se centraba en las aldeas episcopales de Santa María de Liminares (Lumbrales), Mermelar (Bermellar) y Finoloisam (Hinojosa)[22].

Hinojosa de Duero.
Con el castillo de Alfayates y sus términos, que abarcaban dos leguas en redondo, llegando por el sur hasta las estribaciones de la Sierra de las Mezas, la presencia leonesa aumentaba su campo de acción, pues, hasta esas fechas, la actuación colonizadora se había centrado sobre todo en el área norte de Riba Côa. El sur era un área poco poblada, casi desierta, tal como supone Lindley Cintra[23]. La entrega de los castillos de Almeida, Abaroncinos y Alfayates al obispo e iglesia civitatense ponían pues las bases para una repoblación posterior[24]. Se creaba, por otro lado, un corredor defensivo occidental, frente a Portugal, desde el Duero hasta las sierras del Sistema Central, confiado al obispado civitatense
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[1] R. Pinto de AZEVEDO, “Riba Côa sob domínio de Portugal no reinado de D. Afonso Henriques. O mosteiro de Santa Maria de Aguiar, de fundaçâo portuguesa e nâo leonesa”. Anais da Academia Portuguesa da Historia, II serie, vol. 12. Lisboa 1962, pp. 25-260. Sobre los límites de Numâo, véase J. I. de la TORRE RODRÍGUEZ, “Los límites concejiles de la comarca del Côa y su importancia en el Tratado de Alcañices”. El Tratado de Alcañices. Ponencias y comunicaciones de las Jornadas conmemorativas del VII Centenario del Tratado de Alcañices (1297-1997). Zamora 1999, pp. 207-208.

[2] A. BARRIOS GARCÍA: “El proceso de ocupación y de ordenación del espacio en la Raya leonesa”. O Tratado de Alcanices e a importancia histórica das terras de Riba Côa. Lisboa, 1998, pp. 163. Sobre los límites del concejo de Freixo, J. I. de la TORRE RODRÍGUEZ, “Los límites concejiles de la comarca del Côa y su importancia en el Tratado de Alcañices”. El Tratado de Alcañices. Ponencias y comunicaciones de las Jornadas conmemorativas del VII Centenario del Tratado de Alcañices (1297-1997). Zamora 1999, pp. 209-210.

[3] A. BARRIOS GARCÍA, Op. cit., pág. 166.

[4] El primer obispo civitatense llevó el título de Caliabria. La primera noticia la hallamos en un diploma otorgado en Santiago el 10 de julio de 1168 por el cual el rey Fernando II dona a la Iglesia compostelana la villa de Cuntis y cinco iglesias más a cambio de la ciudad de Coria. Firma aquí como "Dominicus electus civitatis roderici". LÓPEZ FERREIRO (1901): Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela. Santiago. Tomo IV. Apéndice XXXIX. Entre ese fecha y finales de octubre de ese año debió ser consagrado por el metropolitano de Santiago, pues en la confirmación del anterior documento el 31 de octubre, con la corte ahora en León, suscribe, junto a los obispos de León, Astorga, Oviedo, Zamora, Salamanca, Lugo y Orense, Dominicus calabrienses. LÓPEZ FERREIRO, Ibídem. y J. GONZÁLEZ (1943): Regesta de Fernando II, pág. 403. La última noticia que tenemos de este prelado es de 9 de julio de 1973, fecha de un diploma por el cual Fernando II hace donación de Castrotorafe a la iglesia de Roma. F. FITA (1913): "Don Domingo, obispo de Caliabria en 1172." BRAH, LXII, pág.  270-275.

[5] A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia civitatense, pág. 174.

[6] R. Pinto AZEVEDO: “Riba Côa sob o dominio de Portugal no reinado de D. Afonso Henriques. O mosteiro de Santa Maria de Aguiar de fundaçâo portuguesa e nâo leonesa”. Anais da Academia Portuguesa da Historia, II serie, vol. 12. Lisboa 1962, pp. 233-236. Propone la fecha de 1172, en relación con los personajes que lo suscriben. Documentos Medievais Portugueses. Documentos Régios, I, Lisboa, 1958, nº 320.

[7] J. GONZÁLEZ, Regesta de Fernando II, pág. 437. F. FITA (“El papa Alejandro III y la diócesis de Ciudad Rodrigo”, 1913, BRAH, pp. 151-152) recoge la cita y corrige la fecha errónea de 1165 que dieron otros autores.

[8] Cita el documento J. J. SÁNCHEZ-ORO ROSA, Orígenes de la Iglesia en la diócesis de Ciudad Rodrigo, 1997, pág. 125.

[9]Alcántara fue entregada por Alfonso IX al maestre y freires de Calatrava el 28 de mayo de 1217. Un año después, el 16 de julio, se estableció un acuerdo entre los frailes de Calatrava con los del Pereiro, por el que los primeros cedieron a estos la villa de Alcántara. El acuerdo, firmado en Ciudad Rodrigo, fue confirmado ese mismo día por el rey Alfonso IX. Véanse J. L. MARTÍN MARTÍN, Documentación medieval de la iglesia catedral de Coria, Salamanca 1989, docs. 7 y 8; J. GONZÁLEZ, Alfonso IX, Vol II. Doc. 365 y B. PALACIOS MARTÍN et alii, Colección diplomática medieval de la Orden de Alcántara, docs. 58 y 63. A partir de ese momento la orden será utilizada por Alfonso IX en su política expansionista. En 1219, puesto ya el convento en Alcántara, el monarca le hizo entrega de todas las villas y castillos que fueran capaces de conquistar a los musulmanes en Extremadura, reservándose la corona el “supremo señorío”. F. RADES, Chrónica de la Orden y Caballería de Alcántara. Toledo 1572, edición facsímil Librerías París-Valencia, fol. 8 r.

[10] Sobre los orígenes del Pereiro véase, entre otros, F. RADES, Chrónica de la Orden y Caballería de Alcántara, en especial fols. 1-5. También, Fr. A. BRANDÂO, Crónica de D. Afonso Henriques, Porto 1945, pp. 160-163 y, más recientemente, J. J. SÁNCHEZ-ORO ROSA, Op. cit, pp. 137-158 y J. L. MARTÍN, “San Julián del Pereiro, entre Calatrava y Alcántara”. O Tratado de Alcanices e a importancia histórica das terras de Riba Côa. Lisboa, 1998, pp. 186-195.

[11] B. PALACIOS MARTÍN et alii, Colección diplomática medieval de la Orden de Alcántara, doc. 12 y J. González, Regesta de Fernando II, pág. 444-445.

[12] B. PALACIOS MARTÍN et alii, Colección diplomática..., doc. 13.

[13] J. GONZÁLEZ, Regesta de Fernando II, pág. 464, fecha el documento en 1176, apoyándose en los confirmantes, opinión que comparten B. PALACIOS MARTÍN et alii, Colección diplomática... doc. 14. Por su parte A. SÁNCHEZ CABAÑAS lo dió como de 1176 en su Historia civitatense, pp. 179-180,

[14] B. PALACIOS MARTÍN et alii, Colección diplomátia..., doc. 16 y F. RADES, Crónica de la orden de Alcántara, fol. 2 v.

[15] B. Palacios Martín et alii, Colección diplomática..., doc. 18.

[16]Fr. A. BRANDÂO, Crónica de D. Afonso Henriques, Porto,  1945, pág. 237-238. Lo cita también R. Pinto de AZEVEDO: “Riba Coa sob o dominio de Portugal no reinado de D.Afonso Henriques. O mosteiro de Santa Maria de Aguiar de fundaçâo portuguesa e nâo leonesa”. Anais da Academia Portuguesa da Historia, II serie, vol. 12. Lisboa 1962, pp. 285-286

[17] R. Pinto de AZEVEDO, Op. cit., pp. 286

[18] M. FERNÁNDEZ DE PRADA, El Real monasterio de San Martín de Castañeda, Madrid 1998, pp. 165-167. Hacia 1167 el dominio de Mahíde correspondía a León, pues Fernando II la entrega al monasterio aludiendo a la donación anterior: “dederat vobis dominus A. rex Portugallensis”. J. GONZÁLEZ, Regesta..., pág. 393, citando a HERCULANO, Historia de Portugal, I, pág. 533. El monasterio de San Martín recibió varias posesiones de particulares en territorio portugués, Ibidem, pp. 306, 360. Sobre las posesiones en Portugal véase el artículo de B. AFONSO “Propiedades rústicas dos mosteiros de Santa Maria de Moreruela e S. Mantihno de Castanheira em terras de Bragança”. Actas I Congreso internacional sobre el Cister en Galicia y Portugal. Vol. I. Orense 1998, pp. 127-134. Otra donación portuguesa al monasterio de Moreruela se produjo en 1172, por la que el monarca luso le entregaba el realengo de Palazuelo “qui habemus in Terra de Miranda”. I. ALFONSO ANTÓN, La colonización cisterciense... doc.  17. sesiones de particulares en territorio portugués, Ibidem, pp. 306, 360. Sobre las posesiones en Portugal véase el artículo de B. AFONSO “Propiedades rústicas dos mosteiros de Santa Maria de Moreruela e S. Mantihno de Castanheira em terras de Bragança”. Actas I Congreso internacional sobre el Cister en Galicia y Portugal. Vol. I. Orense 1998, pp. 127-134. El dominio de Afonso Henriques sobre la Tierra de Aliste se constata en varias donaciones regias. Así, en 1135 dona las Figueruelas “in terra de Alisti, territorio Bracarense” a Rodrigo Menéndez; en 1172 el realengo de Palazuelo “qui habemus in Terra de Miranda”. I. ALFONSO ANTÓN, La colonización cisterciense en la meseta del Duero. El dominio de Moreruela (siglos XII-XIV). Salamanca 1986, Apéndice documental, núms. 3 y 17.

[19] I. ALFONSO ANTÓN, La colonización cisterciense en la meseta del Duero. El dominio de Moreruela (siglos XII-XIV). Salamanca 1986, doc. 60.

[20] A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia civitatense, pág. 187 y J. GONZÁLEZ, Alfonso IX, II, doc. 47.

[21] J. J. SÁNCHEZ-ORO ROSA, Orígenes de la iglesia en la diócesis de Ciudad Rodrigo... Doc. 2. y pp. 92-97.

[22] Feneiosa y Sanctam Mariam de Liminares, aparecen ya citadas en la bula de Alejandro III de erección del obispado. Ver nota 48. En la donación de junio de 1191 se agregan Monsagro y Bermellar. Todas estas villas, junto con las de Sepúlveda, citada en la bula pontificia, y Fregeneda, San Leonardo y La Redonda, formarían con el tiempo el señorío episcopal de Ciudad Rodrigo. En cuanto al castillo de Hinojosa, este se convertiría en el símbolo de dicho señorío en el Abadengo. En la Baja Edad Media el prelado civitatense tenía allí alcaide propio, a la vez que el recinto funcionaba como cárcel episcopal. Velaban la fortaleza, por ronda, los vecinos de las citadas villas y daba cada vecino al alcaide una carga de leña y ciertos corchos de pan. La fortaleza fue objeto de conflictos entre los vasallos y el obispo. En 1441 tuvo lugar una revuelta contra el prelado en el Abadengo, en el transcurso de la cual el castillo fue asaltado y prendido el alcaide por hombres de Ferrand Nieto. Véase J. I. MARTÍN BENITO, El alcázar de Ciudad Rodrigo. Poder y control militar en la frontera de Portugal (siglos XII-XVI), Salamanca 1994, pág. 27 y nota 29.

[23] L. F. LINDLEY CINTRA, A linguagem dos foros e Castelo Rodrigo, Lisboa 1959, LIII.


[24] El concejo de Alfayates fue creado por Alfonso IX hacia 1227.

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