miércoles, 20 de julio de 2016

El Campo de la Verdad

Un sitio histórico de Zamora



Campo de la Verdad, con Zamora al fondo.

Historia y Literatura se dan la mano en el Cerco de Zamora, un episodio o serie de acontecimientos ocurridos en el año 1072, tras la muerte del rey Fernando I. El testamento regio había dividido el reino entre sus hijos. Al hijo mayor, Sancho, le correspondía Castilla; a Alfonso, León; a García, Galicia, mientras que a las infantas Elvira y Urraca la herencia paterna dejaba las ciudades de Toro y Zamora, respectivamente. En el Romancero, el rey don Fernando I, en su lecho de muerte, entrega la ciudad de Zamora a doña Urraca, con estas palabras:

Allá en Castilla la Vieja
un rincón se me olvidaba,
Zamora había por nombre,
Zamora la bien cercada

La situación originó conflictos entre los herederos por el dominio de los reinos repartidos.
En este contexto nace el episodio del Cerco de Zamora por las tropas del rey don Sancho. Los sucesos son de sobra conocidos. Como ha escrito Miguel Ángel Mateos “leoneses, asturianos y gallegos se pertrecharon en Zamora” y “fraguaron la conspiración” contra el rey[1]. Existe una abundante bibliografía sobre este asunto. Como ha recordado Salustiano de Dios, “el suceso ha ocasionado raudales de tinta, descrito e interpretado por extenso por los historiadores locales, no pocas veces con la finalidad de salvar la honorabilidad de Zamora en el trance del regicidio. Fue elevado a categoría de epopeya –Zamora no se tomó en una hora- primero por los romances y luego más tarde por el teatro barroco y los autores románticos, no en balde andaba de por medio el Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, al servicio del rey castellano Sancho II[2].
El historiador zamorano, Cesáreo Fernández Duro, se ocupó largamente del Cerco de Zamora. Tanto en el estudio previo al Romancero de Zamora, como en Memorias Históricas de la ciudad de Zamora, su provincia y obispado (1882).
Tras la muerte del rey don Sancho por Bellido Dolfos, una embajada del Cid, al mando de Diego Ordóñez, retó a los zamoranos. “Esta historia –del reto- se cuenta en la Crónica del rey Don Fernando I, y por Valerio en la historia escolástica de España”, escribe Fernández Duro[3].
Torneo medieval.
El combate entre los caballeros zamoranos, hijos de Arias Gonzalo –defensor de la ciudad-, y Diego Ordóñez tuvo lugar en un lugar conocido como Campo de la Verdad, un pago enclavado en la llanura aluvial. El lugar se encuentra entre el río Duero y la carretera de Alfaraz, frente a las murallas y el castillo. Tal denominación responde a que el sitio estaba “destinado para los combates de los nobles en desafío, que creían encontrar la verdad y la razón en la fuerza ó la destreza de las armas”, recuerda Fernández Duro, citando a la Lafuente, en su Historia General de España. Son muchos los autores que se han ocupado del famoso reto, entre ellos Fray Prudencio de Sandoval, cronista de Carlos V. Agustín Rojas Villaldrando, que vivió en el siglo XVI, asegura que en la puerta del MercadilloPostigo Viejo de los romances- había unas pirámides de piedra elevadas a la memoria de Arias Gonzalo y de sus hijos.
Más recientemente, Miguel Ángel Mateos resume los acontecimientos: “La historia literaria sigue tejiendo su discurso. Días después (de la muerte del rey), los hijos de Arias Gonzalo respondieron al reto castellanista de Diego Ordóñez de Lara, que exigía venganza y sangre. En el Campo de la Verdad, como desde entonces se le conoce, se celebró el torneo reparador, la respuesta al duelo retador. Allí perecieron los tres hijos varones del viejo caudillo Arias: Pedro, Diego y Rodrigo. Este último, mientras agonizaba, al escapar su caballo arrastró en la huida al del castellano Ordóñez de Lara sacándolo del palenque. Los jueces declararon nulo el combate. El joven Rodrigo había librado la ciudad de la afrenta traidora y defendido su honor militar[4]. El Romancero recuerda las palabras de consuelo que dirigió Arias Gonzalo a las doncellas que lloraban la muerte de su hijo: 

No lloréis así, señoras,
que no es para llorarlo.
No murió por las tabernas
ni a las tablas jugando,
mas murió sobre Zamora,
vuestra honra bien guardando;
murió como caballero,
con sus armas peleando.

Ligado a estos acontecimientos se conserva también la Cruz del Rey don Sancho, en un alto situado a unos dos kilómetros de la ciudad, en la orilla derecha de la carretera de Galicia, lugar donde, según la tradición, Bellido Dolfos asesinó al soberano en octubre de 1072, en el campamento real dispuesto para el sitio de Zamora. Aquí, los romeros de la cofradía de la Concha rezan por el alma del rey en su camino hacia La Hiniesta el lunes de Pentecostés, en la tradicional romería que une Zamora con la vecina localidad.
Cruz del Rey don Sancho.


Los acontecimientos del Cerco de Zamora han pervivido en el Romancero. Son muchos los romances históricos que se ocupan de ello. Existen varias versiones romanceadas del reto a los caballeros zamoranos por parte de Diego Ordóñez, así como la respuesta de Arias Gonzalo al embajador del Cid. Entre ellas recordamos la siguiente:

Yo os repto los zamoranos
por traidores fementidos,
repto a todos los muertos,
y con ellos a los vivos;
repto hombres y mujeres,
los por naçer y nascidos;
repto a todos los grandes,
a los grandes y a los chicos,
a las carnes y pescados
y a las aguas de los ríos.
Allí habló Arias Gonzalo
bien oiréis lo que hubo dicho:
¿Qué culpa tienen los viejos?
¿qué culpa tienen los niños?
¿Qué merecen las mujeres
y los que no son nascidos?
¿Por qué reptar a los muertos,
los ganados y los ríos?[5]

Arias Gonzalo, por Crespo Rivera.
Historia y Literatura han ido de la mano. La Primera Crónica General, mandada componer por Alfonso X  y continuada en el reinado de Sancho IV, narra los episodios del cerco de la ciudad zamorana[6]. La historiografía supone la existencia de un Cantar del Cerco de Zamora que estaría prosificado en la Primera Crónica General[7]. El poeta y dramaturgo sevillano, Juan de la Cueva (1543-1612) escribió La muerte del rey don Sancho y el reto de Zamora. Con el título El Cerco de Zamora José Joaquín Virués y Spínola, publicó en 1832, un poema en cien octavas en cinco cantos, seguido de un discurso crítico-apologético. La Real Academia de la Historia premió concursos literarios sobre el cerco. Así, la imprenta real publicó en 1833 con el título El Cerco de Zamora por el Rey Don Sancho II de Castilla dos poemas de Joaquín Mencos y Manso de Zúñiga y Fernando Corradi.
En la actualidad, en la ciudad se representa El Cerco de Zamora, “una mezcla entre actualidad e historia, narración y representación, antigüedad y modernidad”, con diversas escenas que transcurren por varios puntos de la ciudad[8].
El Cerco de Zamora y el reto en el Campo de la Verdad, se insertan también dentro de la historia y leyenda de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Además de la participación del héroe castellano en el asedio, la persecución de Bellido Dolfos tras el regicidio y la embajada retadora que aquel envío a Arias Gonzalo, la tradición cuenta que el héroe castellano fue armado caballero en el altar de la iglesia zamorana de Santiago de los Caballeros.
El Campo de la Verdad forma parte tanto de la historia de Zamora como de la de los reinos de Castilla y León, en el último tercio del siglo XI –“la época cenital del pasado histórico zamorano”[9], y está muy ligado, pues, a la cultura y al arte románico. Sabido es que la cultura del románico no sólo está presente en los edificios, sino también en la historia y el alma zamorana. Está en ese patrimonio inmaterial que son las Leyendas y el Romancero y su contribución a la cultura y a la literatura europea. En efecto, los Romances del Cerco de Zamora, con el Cid, doña Urraca, los reyes Sancho II y Alfonso VI o el héroe local Arias Gonzalo, ocupan un lugar destacado en el patrimonio cultural de Castilla y León.


[1] MATEOS, M. A.: “Historia antigua y medieval”. En Castilla y León. Zamora. 1991, pág. 65.

[2] DE DIOS, S. “Poder político, Derecho e Instituciones”. En Historia de Zamora. Tomo I. De los orígenes al final del Medievo. Zamora 1995, pp. 629-686.

[3] FERNÁNDEZ DURO, C.: Romancero de Zamora, precedido de un estudio del cerco que pasó á la Ciudad don Sancho el Fuerte. Madrid.

[4] MATEOS,  M. A.: Op. cit., pág. 67.

[5] Este romance ya está recogido en el Cancionero de 1550. Como ya escrito Mercedes Díaz Roig, es “uno de los romances con más fuerza y aliento épico”. Ver de esta autora El Romancero Viejo. Madrid 1978, nº 64, pág. 146.

[6] Edición de Menéndez Pidal, 1906. Hay también ediciones de 1955 y 1978.

[7] REIG, C.: El Cantar de Sancho II y el Cerco de Zamora. Madrid 1947. Véase ARMISTEAD, S. La Tradición épica de las mocedades de Rodrigo. Salamanca 2000.

[8] Mirador del Troncoso, Castillo del Rey Fernando, Puerta del Obispo, Palacio de Don Sancho, Casa del Cid, Castillo de Doña Urraca, Puerta del Castillo, muros del Castillo, Plaza de la Catedral, Campo de Batalla, entrada a la Plaza de la Catedral/ esquina con Rúa de los Notarios.
[9] MATEOS, M. A.: Op. cit. pág. 65.

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