domingo, 20 de agosto de 2017

Evolución territorial del obispado de Ciudad Rodrigo

HITOS DE LA DIÓCESIS CIVITATENSE
 

Catedral y castillo de Ciudad Rodrigo.
Creación del Obispado 

La institución de la diócesis de Ciudad Rodrigo por Fernando II está fechada en un documento de 13 de febrero de 1161 conservado en el Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela. La creación de la nueva diócesis se hizo a espaldas de la Santa Sede y bajo la potestad del arzobispo de Santiago, metrópoli a la quequedó sujeta. En 1199, con la sentencia de Inocencio III, quedó integrada en la provincia eclesiástica de Compostela. Desde el principio mantuvo una disputa con la diócesis de Salamanca, que se saldó con una concordia entre finales de 1173 y primeros de 1174. Por esta concordia pasaron a la diócesis de Ciudad Rodrigo, las parroquias de Abusejo, Soutel de León, Soutel de Arroyo, Cabrillas y Bobadilla. 
Tras esta concordia, el nuevo obispado fue reconocido por la Santa Sede. Alejandro III expidió el 25 de mayo de 1175 desde Ferentino la bula de aprobación del obispado de Ciudad Rodrigo. En 1191 se estableció otra concordia con la diócesis de Coria, que se centró en la jurisdicción de las villas de Valdárrago, en el sur de la sierra de Gata, bajo el arbitraje de los prelados de Salmanca y Plasencia. La concordia se firmó en Salamanca: fijaba para Coria las villas de Puñoenrostro, Puñosa y Cadahalso, mientras que Robledillo y Descargamaría fueron adjudicadas a la diócesis de Ciudad Rodrigo. 
Báculo episcopal (Ciudad Rodrigo).

Límites territoriales 
Al principio del siglo XIII, los límites del obispado de Ciudad Rodrigo quedaron establecidos. Al norte, el límite era el río Huebra, que le separaba de la diócesis de Salamanca; al este, la proyección hacia el sur del obispado salmantino, con el que se encontraba en el área de la Sierra de Francia. Al sur, el obispado de Coria, perteneciendo al de Ciudad Rodrigo, Robledilo, Descargamaría, Eljas, San Martín, Villamiel y Trevejo, en la vertiente meridional de la Sierra de Gata. Al oeste, la Riba Côa era territorio civitatense, con las villas de Sabugal, Alfayates, Almeida, Castelo Rodrigo, Castelo Bom, Castelo Melhor, El Pereiro.

La pérdida de la Riba Côa portuguesa (1403)

El 3 de julio de 1403 el papa de Roma, por la bula Eximie devotionis sinceritas separará de la diócesis de Ciudad Rodrigo los bienes y tierras que ésta poseía en la región de Cima-Côa (Portugal), anexionándolos a la diócesis de Lamego
Castelo Rodrigo, en la Riba-Côa.
Se aprovechó así la crisis del Cisma de Occidente, y de la desobediencia a Roma por parte de Castilla para justificar la separación. Finalmente, Sixto IV confirmó la desmembración de los territorios portugueses del obispado de Ciudad Rodrigo por bula de 21 de junio de 1481. Intentos hubo de reclamación, sin embargo infructuosos, como el de Alfonso de Paradinas, obispo entre 1469-1485, y el de Martín de Salvatierra (1591-1604). 

La unión a Salamanca (1867)

Por el Concordato de 1851, desaparecieron ocho obispados españoles y se crearon otros tres. Ciudad Rodrigo pasó a unirse al de Salamanca. De nada sirvieron las reclamaciones que desde Ciudad Rodrigo se hicieron para conseguir la revocación de la decisión del Concordato. Realmente la anexión a Salamanca no se hizo hasta junio de 1867, cuando el ministro de Gracia y Justicia nombró administrador apostólico de Ciudad Rodrigo al obispo de Salamanca don Anastasio Rodrigo Yusto.
León XIII, por Philip de László.

Ciudad Rodrigo no cesó hasta conseguir el nombramiento de un administrador diocesano. En 1883 el Cabildo y el Ayuntamiento lo solicitaron al Papa y al rey. El rey accedió y se publicó una real orden favorable el 145 de enero de 1884. El 25 de diciembre de 1884, León XIII nombraba a José Tomás de Mazarrasa y Riva como administrador apostólico para Ciudad Rodrigo, con el título de obispo de Fililópolis, el cual tomó posesión del obispado el 19 de marzo de 1885.

La restitución de la diócesis (1949)

Ciudad Rodrigo no se resignó a seguir contando con un obispo administrador, por lo que se hicieron gestiones para el reconocimiento como diócesis permanente y, lo que ello conllevaba, la restitución de la Mitra.

El reconocimiento definitivo como diócesis se conoció en Ciudad Rodrigo el 20 de diciembre de 1949, por telegrama enviado por el obispo electo D. Jesús Enciso Viana. Ello era resultado del convenio firmado entre el Gobierno español y la santa Sede. Significaba contar con obispo propio y recobrar su cabildo completo. El 9 de enero de 1950 se promulgaba un Decreto, elevando a la categoría de diócesis con los mismos derechos que las existentes a las sedes de Albarracín, Barbastro, Bilbao, Ciudad Rodrigo, Ibiza y San Sebastián. En febrero de ese año, Enciso pudo llevar y el título de obispo de Ciudad Rodrigo.

Al poco tiempo del reconocimiento, la diócesis contaba con 100.928 habitantes, de los que 12.000 vivían en la ciudad. El territorio se dividía en doce arciprestazgos y en 106 parroquias. La Guía de 1995 informa que la diócesis tenía una extensión de 4.259 km2 y 100.355 fieles.

Variación de los límites diocesanos (1958) 

Como consecuencia del reajuste producido por el Concordato de 1953, los límites diocesanos experimentaron una variación en julio de 1958. Pasaron a la diócesis de Coria-Cáceres las parroquias del sur de la Sierra de Gata, esto es, San Martín de Trevejo, Trevejo, Villamiel, Eljas, Robledillo de Gata y Descargamaría. Por el norte extendió sus límites a costa de las parroquias salmantinas de Aldeanueva de la Sierra, Anaya de Huebra con su filial de Gallegos, Avililla de la Sierra, Mieza, Muñoz, San Muñoz, Sanchón de la Sagrada, La Sagrada, Tamames, Villares de Yeltes con la filial de Pedro Álvaro y Vilvestre. Pasó también a Ciudad Rodrigo el monasterio de Porta Coeli de El Zarzoso, pero no lo hizo el santuario de la Virgen de la Peña de Francia, a pesar de la bula de Pío IX (14-8-1873). Cambiaron los límites pero la extensión en km2 se mantuvo. Los arciprestazgos se redujeron a once, pero el número de parroquias aumentó ligeramente, de 106 a 110. El número de fieles apenas aumentó; en 1960 se contabilizaban 100.572.


Para saber más:

J. I. MARTÍN BENITO: “La Iglesia de Ciudad Rodrigo”, publicado en Historia de las Diócesis Españolas. Ávila, Salamanca, Ciudad Rodrigo. Biblioteca de Autores Cristianos (2005) (coordinación Teófanes Egido). Autores, José Ignacio Martín Benito, Francisco Martín Hernández y Tomás Sobrino Chomón.


Historia de las díocesis españolas (BAC)



martes, 15 de agosto de 2017

El paso de los puertos en Sanabria

DIFICULTADES Y BANDIDOS: LA VISIÓN DE LOS VIAJEROS

Salteadores de caminos.
José I. Martín Benito

Con las modernas autovías, apenas si tomamos consciencia de lo que en otro tiempo fue atravesar las montañas.
Si el paso de los ríos presentaba dificultades, por la fuerza de las aguas o por el mal estado de los escasos puentes, no menos difícil era atravesar los puertos, en particular los que separaban la Meseta con Galicia. Eran las montañas de la alta Sanabria “las más frías de toda Castilla”, en palabras del jesuita José Martínez de la Puente[1]
El paisaje, plagado de bosques y montañas era lugar apropiado para el escondite de los ladrones. La comitiva real de Felipe el Hermoso, que en 1506 atravesó aquellas montañas en su camino hacia Benavente sufrió el ataque de los bandidos:

Debéis entender que las dichas montañas no fueron pasadas por tan gran número de gentes y tantos bagajes sin grandes trabajos, gastos y miseria, y que varios perdieron sus cobres, baúles y equipajes. Y no dudéis de que, si los gallegos son inclinados al robo, como lo son y no saben abstenerse de hacerlo, es porque hallan remisión de sus latrocinios tan ligeramente como los del país de Laleu, remisión por haber derribado un roble; es decir, matado a un hombre de mala manera, como el país les proporciona ocasión de hacerlo; pues, cualquiera que sea el robo que hayan hecho, tan pronto como pueden pasar una montaña o penetrar en un bosque, y hay allí varios, ya no se les puede echar mano. Y no dudéis que con gran trabajo y miseria el rey y todo su acompañamiento pasaron las dichas montañas y hubo muchos de los del acompañamiento que no tuvieron sus cofres hasta quince días después de la llegada del rey al dicho Benavente...”.

A la inseguridad del robo se unían las inclemencias meteorológicas, sobre todo en las épocas del crudo invierno, con ventiscas y nevadas copiosas, como a las que tuvo que enfrentarse Bernardo de Aldrete, al pasar el Padornelo y La Canda en su camino a Santiago en 1612:

Quando llegamos al lugar de Requexo, primero de Galizia, no aviendo nevado antes començó a nevar bonicamente, passamos apriessa hasta Luvian, subiendo al puerto del Padornelo i fuimos con gran priessa i trabajo de la ventisca i nieve que iva cubriendo el camino. Aiudónos la guia, i también las carretas i harrieros que ivan passando el puerto, i con esta tormenta lo passamos medio a la posta i llegamos al Padornelo, que es buen lugar, i subimos otro puerto de la Canda de la misma suerte con gran nieve, i no menos viento a la villa Vella, ribera de un rio con sus molinos i passamos adelante por aquellas montañas, todas pobladas de lugarcicos, i ia mui noche, muy elados i mojados llegamos al Pereiro, siete leguas de la Puebla, que son más que nueve porque las leguas de Galizia son maiores que las de que lo son más del Andaluzia”. 

Barjacoba. La Opinión de Zamora.
Si las condiciones orográficas, cubiertas además de densa vegetación, eran o podían ser refugio de ladrones, también podían ocultar fuerzas militares y servir de emboscada en la defensa del paso de los puertos. No se olvide que estas montañas eran las puertas de Galicia. Por ello, en el reconocimiento que del terreno hizo Dámaso de Aldao en 1810 por mandado de la Junta Superior de Armamento y Defensa del Reino, en el transcurro de la Guerra de la Independencia, se destacaba cómo la abundante maleza podía ocultar a los defensores, en el caso de una entrada de los enemigos franceses en esta parte del territorio gallego:

Desde el lugar de Requejo (que está á tres leguas de la Puebla y dos de Padornelo) se dirige acia á este la gran cuesta que llaman de los Libros, que por ser sumamente repechosa y formar en toda su extension infinitos [...] , ofrece la mejor defensa pudiendo los defensores aprovecharse de toda la maleza que cubre aquellas asperas montañas, emboscándose en ella y ofender sin ser ofendidos[2].

Aldao recomendaba construir en determinados puntos del Padornelo y de la Canda algunos barracones para albergar tropas, dado los rigores del largo invierno:

El principal de ellos es la Portilla de la Canda, que como dije arriba, dista de la de Padornelo tres leguas. En esta tambien es necesario construir igual clase de barracones que en la primera por que las situaciones de ambas están sumamente expuestas á los rigores de una estacion cruel en casi todo el discurso del año, y el pueblo menos distante está á media legua de ellas; por cuia razon no podrán acudir con la prontitud correspondiente á aquellos destinos sus defensores á no practicarse dichas obras”.

[1] “Relacion verdadera de lo que ha sucedido en la plaza y frontera de la Puebla, en el mes de Noviembre, hasta 30 dél, por el P. José Martinez, de la Compañía de Jesús, que se halló presente á todo” (1643), en Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús: sobre los sucesos de la monarquía entre los años 1634 y 1648. Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y antigüedades. T. XVII, Madrid 1861-1865). Real Academia de la Historia.

[2] “Reconocimiento de las Portillas del Padornelo, la Canda, y puntos de defensa inmediatos á estas: hecho por el Teniente del Real Cuerpo de Ingenieros, Dn Dámaso de Aldao, en virtud de Orden de la Junta Superior de Armamento y Defensa de este Reino, con un breve dictamen para la defensa de aquellas”. Instituto de Historia y Cultura Militar. Sección A, grupo XV, subgrupo II. Colección General de Documentos. 4068. 1 de abril de 1810. Signatura 5-4-5-11, 63.

jueves, 10 de agosto de 2017

Bodegas ¿guaridas de bandidos?

ARQUITECTURA POPULAR: CASAS Y BODEGAS DE BENAVENTE

José I. Martín Benito

Bodegas de San Adrián del Valle.
Uno se puede sentir sorprendido por el título de este post, esto es si las bodegas del paisaje de los la comarca de Benavente fueron guaridas de bandidos. Nada más lejos de la realidad. Eso fue sólo una ensoñación de algún viajero inglés que estuvo por estos lares a finales del siglo XVIII. Aquí os dejo algunas impresiones.
Ford y su viaje por España, según R. Lewis.
Los edificios notables (castillos, iglesias, conventos...) son los que llaman más la atención de los viajeros y en su descripción se detienen. Sin embargo, rara vez se paran en las construcciones de los lugareños. No obstante, contamos con algunos testimonios. Así, el británico Towsend se refiere a las casas fabricadas con tapial[1]: “los pueblos –dice- no son otra cosa más que una acumulación de chozas de barro”. Estas debían ser de reducidas dimensiones, teniendo en cuenta el espacio que el viajero inglés encontró en posadas como la de Santovenia.

Sebastián de Miñano recoge en su Diccionario la impresión de Jovellanos, al describir las llanuras castellanas que se extienden pasadas la sierra de Guadarrama, en el camino de Madrid a Galicia: el asturiano observó un país “sin casas, cercas, vallados, ni arbolado”, destacando “la pequeñez, la fealdad y el estado miserable y ruinoso de sus edificios”, construidos en su mayor parte de tapial o adobes, lo que achaca a la escasez de piedra, de cal y de madera.

Richard Ford.

Hay también referencias a las bodegas excavadas bajo el subsuelo, que debieron causas “estragos” en el ejército de Moore, según refiere R. Ford: “en San Román de la Valle se excavan en las colinas de tierra blanda bodegas, cuyo contenido fue más fatal para las tropas de Moore que ningún enemigo, pero Baco ha sido siempre más temible para nuestros valientes soldados que Marte, porque sucumben en seguida a la tentación de la bebida (Parte de guerra del 2 de noviembre de 1810), y entonces todo se ha terminado”
En la retirada del ejército británico hacia La Coruña en 1808, Vaughan ya había deparado en estas construcciones: "Vimos unas puertas que conducían a innumerables excavaciones en las bajas colinas de arcilla que, según nos dijeron eran otras tantas bodegas y lagares".

Por su parte, el toparse con estas construcciones, hizo estimular las ensoñaciones de Southey (1795), al cual, cuando las descubre, se les antoja “guaridas de los nativos perseguidos, suevos o godos”, llenas de bandidos.


[1] En el mismo material estaban hechas las murallas de Benavente, según las vio R. Ford hacia 1835: “Cruzando el Esla se levanta Benavente, con sus largas murallas de tierra mezclada con paja”, material este en el que estaban también construidas algunos muros del castillo, a decir del inglés: “, mientras que el material con que está construido es una piedra rojiza, basta e innoble, con bastante cantidad de mezcla de arcilla y paja”.

sábado, 5 de agosto de 2017

Imágenes de la guerra de la Independencia (2)

EL PASO DEL RÍO ÁGUEDA POR LAS TROPAS BRITÁNICAS

José I. Martín Benito
Paso del río Águeda por las tropas británicas. Ciudad Rodrigo 1808.

El 11 de noviembre de 1808, las tropas británicas comandadas por sir John Moore cruzaron el río Águeda en Ciudad Rodrigo, para combatir al ejército francés. El Ministro de la Guerra británico había confiado al general Moore (1761-1809) la cooperación con los ejércitos españoles para expulsar de la península a los ocupantes franceses. Moore partió de Lisboa; el 11 de noviembre de 1808 entró en España por la frontera de Ciudad Rodrigo.

Sir John Moore.
Desde aquí se dirigió a Salamanca. Sin embargo, internado lejos de sus bases de aprovisionamiento y disgregadas sus fuerzas en tres núcleos (Ávila, Astorga y Salmanca), finalmente dio orden de retirarse a La Coruña por el camino de Galicia, perseguido por el ejército francés al mando del propio Napoleón, que le siguió hasta Benavente y Astorga. En las cercanías de La Coruña, Moore fue mortalmente herido por una bala de cañón en la batalla de Elviña, siendo enterrado a los pies de los muros de la ciudad gallega.

En 1809, un año después de la campaña del general británico en España, James Carrick Moore publicó en Londres en la imprenta de J. Johnson “A narrative of the camping of the British Army in Spain: commanded by... Sir John Moore, K.B.& C: authenticated by oficial papers and original letters” [Relato de la campaña del Ejército Británico en España al mando de su Excelencia Sir John Moore]. De esta obra existe una traducción y estudio de A. Urgorri Rodríguez, publicado por la Diputación Provincial de La Coruña en 1987.

Adam Neale

Paso del río Águeda, 11 noviembre de 1808 (detalle).
Entre los acompañantes de la expedición de Moore estaba Adam Neale (1779-1832), médico del ejército británico. En 1809 publicó sus "Letters from Spain and Portugal", que fue una de las primeras publicaciones sobre la Guerra de la Indepedencia. Adam Neale recogió en un dibujo el paso de las tropas británicas por Ciudad Rodrigo, cruzando el Águeda, por el vado y por el puente, con el alcázar y las murallas coronando el cerro. Años después, el apunte de Neale fue grabado a la piedra por Harding e impreso por Rowney y Forster para entregarlo al duque de Wellington y de Ciudad Rodrigo.

El grabado coloreado es el que aquí reproducimos. Un ejemplar del mismo fue adquirido hace unos años por el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo.