lunes, 30 de mayo de 2016

Esculturas zoomorfas prerromanas

TOROS Y VERRACOS

José I. Martín Benito
Toros de Guisando (Ávila).

Una de las manifestaciones arqueológicas más llamativas de la Protohistoria de la Meseta española son una serie de esculturas zoomorfas en piedra, que se conocen generalmente con el nombre de “verracos”. Las especies representadas son toros, cerdos y jabalíes. Existe una abundante bibliografía científica sobre ello, pero uno de los catálogos más completos es el elaborado por el profesor Jesús R. Álvarez-Sanchís (Los vettones, 1999), autor a quien seguimos en esta exposición en su síntesis de 2001 (catálogo de la exposición Celtas y Vettones, pp. 271-274). Las esculturas suelen estar talladas en bloques de granito, donde se representa al animal de cuerpo entero, junto con el pedestal o peana que lo sustenta. La postura es siempre la misma, de pie y rigurosamente frontal.

Acostumbran a acusar un relativo esquematismo en las formas, aunque en ocasiones se detallan determinadas partes de la anatomía animal que permite identificar la especie. Sus dimensiones no son uniformes y van desde piezas de menos de un metro de longitud hasta las que superan los dos metros y medio.

Jabalí de Gallegos de Argañán. Museo de Salamanca.
El área de dispersión de estas esculturas se extiende por las provincias de Ávila, Salamanca y sur de Zamora (Sayago), Cáceres, oeste de Toledo y se asocia a un pueblo prerromano, el de los vettones. Algunos ejemplares han sido localizados también en Portugal (Castelo Mendo o Murça). Pero no todos los verracos son vettones. Los hay también en las ciudades de Toro (Zamora) y Coca (Segovia) que eran enclaves vacceos y que tienen también toros de piedra. La mayor concentración está en territorio vetton, pero los préstamos culturales e influencias se extienden a pueblos próximos.

Las esculturas se pueden fechar desde el siglo IV a. C. hasta el siglo I a.C, en su mayor parte, aunque hay piezas con inscripciones latinas de los siglos I y II d. C.

La interpretación ha sido objeto de controversia. Juan Cabré, basándose en el hallazgo de las esculturas del castro de Las Cogotas (Cardeñosa) y en las de La Mesa de Miranda (Chamartín), ambas en la provincia de Ávila, señaló su carácter apotropaico, relacionándolas con la protección y fertilidad de la ganadería. También se ha señalado su carácter de monumento funerario, sobre todo para aquellas piezas que aparecen asociadas a bloques de piedra prismáticos con una pequeña cavidad destinada a depositar las cenizas del difunto. Algunos verracos, realizados ya en época romana, llevan inscripciones latinas o epitafios en los que se indica el nombre del difunto y su filiación.

Verraco de Gallegos de Argañán (Ciudad Rodrigo).
A estas interpretaciones se suma en la actualidad una tercera, que insisten en una explicación de carácter económico y en la ubicación de estas figuras en el paisaje, ya que una buena parte de los hallazgos se han localizado junto a prados y pastizales, cerca de fuentes de agua y a varios kilómetros de los poblados. Cobraría así fuerza la idea de considerar a los verracos como delimitadores de áreas de propiedad, dentro de una sociedad jerarquizada, en la que la explotación de la tierra, el acceso a los pastos y el control de los recursos debieron ser los pilares de estos grupos dirigentes durante la Edad del Hierro.

Se conocen actualmente más de 230 esculturas. En Ávila, el profesor Alvarez-Sanchís, ha registrado 174 (Castros y verracos, 2006); en Salamanca, 33; en Zamora, 27 y en Segovia, 7 (Los vettones, op. cit).

Toro de la puente (Salamanca).
Algunas de estas esculturas son muy conocidas por diversas circunstancias. Entre ellas, cabe destacar los "Toros de Guisando" (El Tiemblo), donde el 19 de septiembre de 1468 tuvo lugar el famoso tratado entre el Rey Enrique IV y su hermana la princesa Isabel, en la que se reconocía a esta como princesa de Asturias y, por tanto, heredera a la Corona.  Otro toro muy conocido es el de la Puente de Salamanca, citado en el Lazarillo de Tormes:

"Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y, allí puesto, me dijo:
-Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él.
Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:
-Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.

Y rió mucho la burla.
Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño, dormido estaba. Dije entre mí: «Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer»."
Escudo de Salamanca.

El toro de la puente de Salamanca fue adoptado como emblema heráldico y así figura en el escudo de su ciudad. También el escudo de Toro (Zamora), lleva un toro, acaso como referencia a la escultura pétrea que pudo dar nombre a la ciudad.

En torno a estos animales circulan leyendas, como la del tesoro que tenía dentro la "yegua de Irueña" (Fuenteguinaldo); unos mozos quisieron comprobarlo y la volaron con dinamita. Del tesoro no hallaron nada y la pieza quedó fragmentada en pedazos, esperando que algún día pueda ser recompuesta y elevada en un lugar del castro que se pretende poner en valor.

Yegua de Irueña (Fuenteguinaldo), 23-10-2016.

El de Ciudad Rodrigo estuvo enclavado en el extremo del puente, en la margen izquierda del Águeda, y sirvió durante el Antiguo Régimen para cerrar el paso al tránsito previo al cobro del portazgo; el paso se cortaba con una cadena que iba sujeta al hocico del animal. En cierto momento, como protesta contra el tributo, el pueblo arrancó la cadena y el verraco fue arrojado al río y desprovisto del hocico. Allí estuvo hasta 1927 en que fue rescatado de las aguas y trasladado al interior de la ciudad, para reclamo de los turistas, no sin cierta oposición de los vecinos del Arrabal del Puente, que reclamaban su verraco. Para más información sobre este particular, pinchar aquí.
Verraco. Ciudad Rodrigo.

La toponimia y los toros de piedra

Es muy probable que estas magnas esculturas, visibles en el paisaje, acabaran por denominar con el tiempo histórico al lugar en el que se enclavaban. En consecuenia, es también muy probable que algunos se convirtieran en epónimos. Sería el caso, entre otros, de los ejemplares de lugares como Villardiegua de la Ribera, en la comarca de Sayago (Sur de Zamora) y de Villatoro (Ávila). La pieza de Villardiegua es conocido allí como "La Yegua" y procede del próximo castro de San Mamede. Lo mismo ocurre con el nombre de Villatoro (Ávila), donde hay otro toro de piedra. Incluso, me atrevo a sostener que el toro de Toro daría también nombre al lugar. También en la misma provincia abulense, en Tierra de La Moraña, está el pueblo de El Oso; con este nombre denominan a un verraco situado frente a la iglesia, que se cree dio nombre a la localidad. La teoría de que Toro procede de Campus Gottorum, no es más que una mera conjetura y no tiene demasiada solidez, pues toda la Meseta era territorio (campo) "de los godos", una vez que los visigodos se instalaron definitivamente en ella, tras la caída de Roma (476 d.C.). Por esto, me inclino a pensar que la pieza de Toro pudo muy bien dar lugar al nombre de la ciudad. 
Toro de TORO (Zamora).
 
Verraco de El Oso (Ávila), conocido como "El oso".

Toro y verraco de Villanueva del Campillo (Ávila).
 
Toro de Ulaca (Solosancho, Ávila).
Verraco de Ulaca (Villaviciosa, Ávila).






Verraco de Ledesma (Salamanca).
Villardiegua de la Ribera (Zamora).
Verraco, Ávila.
Verraco de Coca (Segovia).
Verracos de Coca (Segovia)
Verracos en Castelo Mendo (Portugal).

No hay comentarios: