viernes, 15 de abril de 2016

La llave de Portugal (2)

De Galicia a Extremadura: Tuy, Ciudad Rodrigo y Badajoz


"Tuy es la mejor guardada" (Madame d´Alnoy, Carta al Duque de Chartres, 1679)
Tuy, desde Valença do Minho.
 
A estas tres plazas aludía también Madame d´Alnoy, que viajó por España en 1679; en la relación que envió en la carta IV a su alteza real Monseñor el Duque de Chartres escribía refiriéndose a la indumentaria de los soldados españoles:

Así pertrechados van seriamente a Tuy, donde es la reunión general, porque es una plaza fronteriza con Portugal. Hay tres puntos de reunión semejantes; la de Ciudad Rodrigo y la de Badajoz, pero Tuy es la mejor guardada, porque está enfrente de Valencia del Miño, plaza fuerte del reino de Portugal, y que se ha fortificado con cuidado[1].

Mapa de la frontera de Extremadura, 1756.
La importancia fronteriza de Ciudad Rodrigo es también ponderada en el Estado político, histórico y moral del reino de España, manuscrito de 1765 que se guarda en la Biblioteca Mazarino. Al hablar del reino de León, el anónimo autor escribe: “Zamora es una vieja ciudad mal fortificada. Ciudad Rodrigo es también muy débil, aunque sea una de las guarniciones del lado de Portugal y la llave del país...[2]; para añadir:

Las plazas fuertes de España están situadas en Cataluña y Navarra, de ese modo son inútiles. Badajoz, Ciudad Rodrigo y Tuy son las únicas plazas fortificadas frente al enemigo natural. Parece que es por altivez y desprecio por lo que los españoles dejan a Galicia, León, Extremadura, Castilla y Andalucía expuestas a las invasiones de los portugueses; pero éstos no han conocido bastante la guerra hasta el presente para aprovecharse de ello: cuidado con el porvenir. Badajoz es una plaza fuerte muy mala, donde han hecho gastos enormes para construir defensas ridículas y dominadas por todas partes. Tuy y Ciudad Rodrigo son plazas malas y destartaladas, medio en ruinas[3].

La plaza de Ciudad Rodrigo

Plaza española de frontera, sin embargo, momentos hubo que la ciudad se levantó por la solución portuguesa, como ocurrió en los momentos posteriores a la muerte de Pedro I en el castillo de Montiel. Entonces, proclamado Enrique como rey de Castilla y León, varias ciudades y villas rayanas (entre ellas Zamora, Carmona, Ciudad Rodrigo, Alcántara, Valencia de Alcántara, Tuy, Padrón, Bayona, Allariz, Orense, Rivadavia, Lugo...) reconocieron como rey a Fernando I de Portugal, descendiente directo de Sancho IV de Castilla. Y fueron caballeros portugueses los que defendieron la ciudad del duro cerco al que la sometió el de Trastámara [4].
Reyes Católicos.

Pero A. Jouvin tenía razón, al aconsejar la paz entre los dos reinos. A lo largo de los siglos, la guerra –una constante en la historia fronteriza- sólo trajo la rapiña, el hambre, la carestía, la despoblación y la ruina económica para ambos lados de la raya. Y sus contemporáneos eran conscientes de ello. Por eso, la llegada de la paz era vista como un alivio por ambos pueblos. La paz oficial o, si no, la paz buscada desde dentro. Así, en 1476, ante la inminencia de la guerra, el concejo de Almeida manifestaba al de Ciudad Rodrigo su deseo de mantener la paz, recordando que “os cabaleiros e gente da guerra guaham e os labradores e poovoo perdem todas suas fazendas e vidas[5].

Lápida de la paz con Portugal (Ciudad Rodrigo).
Después de la guerra de sucesión a la corona castellana, con todo lo que habían sufrido, no es extraño que la tierra civitatense recibiera con júbilo y esperanza la comunicación que la reina Isabel hizo desde Trujillo el 18 de septiembre de 1479, por la que le anunciaba la firma de la paz[6]. Algún documento epigráfico lo acredita: en el zaguán del consistorio de Ciudad Rodrigo se conserva una inscripción en caracteres góticos, procedente de una de las iglesias desaparecidas de la ciudad, tal vez San Juan, con la siguiente inscripción: "esta sacristia mandaron fazer los feligreses de esta iglesia año de 1484, quando fenesçió la guerra entre el rey don Fernando e la reyna doña Ysabel de Castilla contra el rey don Alonso de Portogal y se asentaron las pazes entre ellos".

(Concluirá)

[1] Condesa D´ALNOY. Viaje por España en 1679. Madrid 2000, pág.91 y J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. IV, pág. 45.

[2] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. V, pág. 57.

[3] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. V, pág. 69.

[4] R. LOPES, Crónica del rey D. Fernando. Porto 1990. Biblioteca Historica de Portugal e Brasil, pp. 105-106 y “Crónica de Enrique II”. Crónicas de los Reyes de Castilla. Biblioteca de Autores Españoles. Tomo II, Madrid 1953, pp. 5 y 51.

[5] R. CUNHA MARTINS, Portugal en el Archivo Municipal de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo 1997, pág. 75.

[6] D. NOGALES DELICADO, Historia de Ciudad Rodrigo. Madrid 1982, p. 86.

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