martes, 23 de agosto de 2016

Expediciones militares vistas por los cronistas y viajeros (y 2)

La guerra en el norte de Zamora (siglos XIV al XIX)

Juan I de Portugal.

          No fueron estas las únicas expediciones militares que presenció la región del norte zamorano durante la Edad Media. Ya hemos hecho también referencia más arriba a la campaña militar anglo-portuguesa de D. Joâo I y del duque de Lancáster en 1387, en la que se asedió Benavente y se tomaron algunas villas de la Tierra de Campos, tales como Valderas y Villalobos. Los cronistas dan cuenta de un nuevo asedio real de Benavente en 1449, esta vez del rey de Castilla. En este caso la ciudad le fue entregada al monarca, pero no así la fortaleza, a la que se vió obligada a combatir “con ingenios e lombardas[1].

            La región presenció de nuevo movimientos de tropas cuando la “ocasión de Portugal”, esto es, con motivo del ascenso al trono portugués de Felipe II en 1580. Benavente y La Puebla de Sanabria fueron escenario de alardes o demostraciones de  fuerza organizados por el conde de Benavente y en los que participaron miles de personas de a pie y de a caballo. Desde aquí, también, marchó el conde para tomar Braganza y su castillo, según refiere Diego Méndez Osorio en sus Memorias de los Pimenteles[2].


La Puebla de Sanabria.
La guerra de la Restauración de Portugal (1640-1668) se dejó también notar, no sólo por el acantonamiento de tropas en lugares como Vega de Tera y La Puebla de Sanabria, o los preparativos para la defensa de Benavente (reparación de las murallas y compra de armas)[3], sino también por las entradas portuguesas en las zonas más próximas a la frontera y los sucesos derivados. De ello se hace eco la correspondencia de algunos padres de la Compañía de Jesús, como Diego de Castilla y José Martínez de la Puente. En este conflicto, la frontera de La Puebla de Sanabria fue centro de operaciones. De allí salieron las tropas para hacer incursiones de castigo en Tras-os-Montes y correr y quemar las aldeas de la tierra de Braganza.“El 28 de septiembre (1643) salimos de esta plaza de la Puebla de Sanabria como 2.000 infantes y casi 400 caballos y pasando las montañas del Padornelo y la Gamoneda dimos vista á Portugal. A 29 por la mañana acometimos a un lugar llamado Montefli, que se entró y quemó. Luego pasamos á otro llamado Dine, que despues de haberse saqueado se quemó con alguna resistencia de los enemigos”. El jesuita Martínez de la Puente narra luego la quema de Santa Cruz y de Ojebe, Fote y Manjanal, aldeas situadas más allá de Braganza. El ejército portugués hizo lo propio, corriendo la raya desde La Puebla hasta Alcañices y quemando lugares, entre ellos Lubián[4]. También los Avisos de Jerónimo de Barrionuevo (1654-1658) dan cuenta de las incursiones: “El portugués ha entrado ahora nuevamente por la Puebla de Sanabria, tres leguas de Benavente, y ha quemado tres lugares y alguna gente que no se pudo escapar, como niños y mujeres, y se ha llevado todo cuanto tenían, bueno y malo”[5].

Napoleón, por Messonnier.

Pero será la Guerra de la Independencia la que más testimonios depare, sobre todo por la correspondencia de los altos mandos francés y británico, así como por las impresiones recogidas por algunos miembros que formaban parte del ejército del general Moore. A través de las cartas podemos seguir los acontecimientos registrados en torno a la retirada de las tropas inglesas hacia La Coruña, en lo que la historiografía francesa ha venido en llamar “la carrera de Benavente[6]. La situación de la villa en el camino hacia La Coruña le hace ser lugar estratégico para almacenar las provisiones del ejército británico. El paso de los ríos, especialmente el Esla en Valencia de Don Juan, el combate de Castrogonzalo, donde fue apresado el general francés Lefebvre, el estado de los caminos, la estancia de Napoleón en Benavente, las consecuencias del paso de las tropas y, sobre todo, el incendio del castillo, están presentes en las cartas de unos y otros. Respecto a las comunicaciones, el propiosir John Moore se queja de que “las carreteras son muy malas y los medios de transporte muy escasos[7]. Por su parte, el marqués de La Romana realiza una dura crítica de la retirada de los aliados ingleses, al tiempo que denuncia el comportamiento sobre el terreno y con los naturales del país: 

El general Moore y su ejército ha huido vergonzosamente hasta Lugo con el mismo desorden y escandalosos excesos de sus tropas que lo hizo desde Astorga... Los ingleses se han apoderado a la fuerza de las acémilas destinadas a nuestro ejército, de las mulas de tiro que arrastraban la artillería y municiones, de los bueyes que tiraban de los carros de equipajes; han robado todas las mulas de los labradores y vecinos de Benavente, y pueblos de Campos, dejando multitud de carros abandonados en los caminos, unos despeñados, y otros hechos pedazos de intento; han matado y consumido sin necesidad los bueyes de los carros, y no han pagado su importe. Nos han asesinado tres alcaldes y otros vecinos...”

Batalla de la Guerra de la Independencia (Los Arapiles).
El escenario bélico dejó su huella en casi todas las poblaciones. Todavía hacia 1826 varios conventos seguían arruinados, como el de los dominicos y el de los franciscanos en Villalpando, tal como señala el Diccionario de Miñano.
Pero la guerra se extendió también a lo largo del valle del Tera. Partidas de guerrilleros españoles, dragones franceses, soldados de infantería del Regimiento de Benavente y otras tropas de caballería corrían entre esta villa y La Puebla de Sanabria, aquella en manos francesas y esta última en poder de los ejércitos españoles. Importante papel jugaba precisamente esta última plaza, por hallarse situada en el camino hacia las puertas del Reino de Galicia. Toda la zona fue objeto de movimientos de tropas, de escaramuzas y de auténticas batallas entre franceses y españoles. Los encuentros armados fueron constantes, en Rionegro del Puente, en el Vado de Pumarejo, cerca de Calzadilla de Tera, entre Peque y Lagarejos. Uno de los más resonantes encuentros victoriosos para las tropas españolas debió ser el ocurrido entre Mombuey y Asturianos, según el parte de batalla del coronel del Regimiento de Benavente, don Manuel Nava, ocurrido el 5 de junio de 1810. Favorable al ejército español fue también el combate de Santa Marta de Tera, el 23 de octubre del mismo año[8].



[1] Crónicas de los Reyes de Castilla, II. Biblioteca de Autores Españoles. Tomo LXVIII. Madrid 1953, pág. 663.

[2] Citado por I. BERDUM DE ESPINOSA, Derechos de los Condes de Benavente a la Grandeza de primera classe, Madrid 1753, fol. 102 r y v.

[3] Sobre ello véase J. I. MARTÍN BENITO y R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “La reparación de las murallas de Benavente en el siglo XVII según un documento del Archivo Municipal”. Brigecio, revista de estudios de Benavente y sus tierras, nº 7, pp. 205-212.

[4] Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús: sobre los sucesos de la monarquía entre los años 1634 y 1648. Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y antigüedades. T. XVII, pp. 300 y ss. Madrid 1861-1865). Real Academia de la Historia.

[5] J. DE BARRIONUEVO, Avisos (1654-1658). Biblioteca de autores Españoles. 2 Vols. Madrid 1968 y 1969.

[6] BALAGNY, Champagne de l´empereur Napoleón en Espagne (1808-1809). Paris-Nancy, 1902-1907. Tomo IV. La course de Benavente y la porsuite de La Corogne, 1906. Véase también J. PRIEGO LÓPEZ, Guerra de la Independencia, 1808-1814. Vol. III. Segunda campaña de 1808. Madrid 1972, pp. 208-229.

[7] Carta fechada en Benavente el 28 de diciembre de 1808 a Lord Castlereagh. En CARRICK MOORE, J. Relato de la campaña del Ejército Británico en España al mando de su Excelencia Sir John Moore. Traducción y estudios de A. URGORRI RODRÍGUEZ, La Coruña, 1987.


[8] Sobre estas acciones véase M. GONZÁLEZ GALLEGO, “Al paso de la revolución española por Sanabria, 1808-1811”. Hojas del Furueto, nº 2, Zamora, otoño 2000, pp. 29-41.

Para saber más:

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