miércoles, 30 de marzo de 2016

El Filandón y las prohibiciones de la Iglesia (y 3)

Hilandar en Aliste, primera mitad del siglo XX.
En el siglo XIX continuó la presión eclesiástica contra los filandones o seranos. Junto a la pervivencia de otras costumbres ancestrales, las misiones parroquiales se fijaron en ellos con el ánimo de erradicarlos, pues se les veía como reuniones que daban lugar a bailes nocturnos y “amoríos intempestivos”; de ahí que fueran perseguidos y estigmatizados por los misioneros, que en ocasiones contaban también con el concurso de las autoridades locales. La misión redentorista de 1879, llevada a cabo en varias zonas de Zamora, informaba de su actuación en Villardiegua: “Grandes dificultades tuvimos que vencer respecto de ciertas reuniones nocturnas de la juventud de ambos sexos que llaman ahí seranos. La autoridad se compromete a quitarlos”; y en Villadepera: “mismas dificultades que en Villardiegua y mismas victorias contra el infierno”. Las crónicas de estas misiones destacaban su triunfo por haber conseguido cerrar determinados hilandares. Respecto a Mellanes y Fradellos (Aliste) se informa: “se desterraron, por fin, los hilandares malos”; y en Zacos y Vega (León): “Se desterraron los bailes de noche, los hilandones, los amoríos intempestivos”. También en la misión de 1884 se celebraba el triunfo en Toral de los Vados y Hospital de Órbigo: “Cerráronse los hilandones, desterráronse los bailes de noche[1].

En la lucha contra estas reuniones nocturnas se implicaron también los párrocos de las aldeas. En Aliste, en 1900, S. Méndez Plaza informaba:

Por otro parte, los Sacerdotes de cada pueblo han tomado parte muy activa para que desaparezcan los hilandares, toda vez que han perdido su primitivo carácter de ser únicamente reunión de mujeres, á la que no era permitido asistir á ningún hombre, ni estaba bien visto por un y otro sexo; pero desde que los hombres, principalmente los mozos, frecuentan tales reuniones, se prestan éstas á tantos abusos, que concluirán por desaparecer como las demás costumbres comunales, incompatibles con las corrientes de la época presente[2].

A pesar de toda esta cruzada de la Iglesia, los hilandares o filandones siguieron celebrándose en muchos lugares, dado el arraigo de la costumbre. Todavía a comienzos del siglo XX se seguía condenando los fiadeiros en Galicia, como lo ponen de relieve los sínodos de Orense (1908) y Santiago (1909)[3]. No obstante, puede resultar un tanto paradójico que las páginas de los Boletines Oficiales de los Obispados de Astorga y León insertaran durante varios años el anuncio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en las que se convocaba concursos especiales para premiar monografías descriptivas de derecho consuetudinario y economía popular, entre cuya variada temática se encontraban los “seranos o hilandares”, costumbres que la Iglesia trataba de erradicar[4].

[1] M. GÓMEZ RÍOS: “Las misiones de la Restauración” nava del Rey, 1879”. Spicilegium historicum Congregationis SSmi Redemptoris, 2. Roma, 1995, pp. 447-448.
[2] S. MÉNDEZ PLAZA: Costumbres comunales de Aliste. Madrid, 1900, pp.55-57.
[3] H. SOBRADO CORREA: “La sociabilidad campesina en la Galicia del Antiguo Régimen. Mediatización institucional y resistencia popular (siglos XVI-XIX ”. En Mª M. LOBO DE ARAÚJO et alii: Sociabilidades na vida e na morte (séculos XVI-XX). Braga 2014, pág. 170
[4] Boletín Oficial del Obispado de León, Año XLV Tomo XLV Número 24 - 1897 junio 16; Boletín Oficial del Obispado de Astorga, Año XLIII Número 22 - 1900 noviembre 15. De este concurso se hacía también eco los Boletines oficiales de las provincias, véase, por ejemplo, el de Zamora de 16 de mayo de 1898, nº 58, pág. 3.


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