martes, 12 de abril de 2016

La llave de Portugal (1)

CIUDAD RODRIGO: UNA PLAZA DE FRONTERA 

José I. Martín Benito


"... Una de las guarniciones del lado de Portugal y la llave del país"
(Manuscrito de 1765 -Biblioteca Mazarino, París).



Panorámica de Ciudad Rodrigo.
La frontera hispano-portuguesa ha marcado en gran medida las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales de las gentes que han vivido a un lado y otro de la Raya. Sin duda, uno de los ámbitos fronterizos con especial relieve son las tierras situadas entre el Duero y el Tajo (desde Miranda do Douro hasta Alcántara), esto es, del lado portugués, las provincias de las Beiras y del lado español, las de Zamora, Salamanca y norte de Cáceres.

La línea del Duero - o Raya húmeda- en las provincias de Zamora y Salamanca, era una defensa natural, por lo que la fortificación se concentraba en la Raya seca. Aquí, las plazas más importantes fueron Ciudad Rodrigo y La Puebla de Sanabria. La ciudad de Zamora -más retirada de la forntera- quedaba como plaza de retaguardia.

La situación de la Tierra de Ciudad Rodrigo como un territorio y una diócesis de frontera juega un papel similar al de otros espacios rayanos. De hecho, tanto la repoblación de Ciudad Rodrigo y la creación de su obispado a partir de 1161 por Fernando II de León, como la fundación de la sede de Guarda en 1191 y la concesión de carta foral en 1199 por Sancho I de Portugal, estuvieron estrechamente relacionadas. Ciudad Rodrigo y su diócesis nacían en la frontera occidental del reino, frente a Portugal, mientras que Guarda se elevaba a sede episcopal como la réplica portuguesa frente a la diócesis civitatense.

En la denominada "frontera de Castilla" era Ciudad Rodrigo la plaza más importante entre Galicia y Extremadura. De hecho, las tras grandes plazas hacia Portugal eran Tuy, Ciudad Rodrigo y Badajoz. De ello eran conscientes tanto los naturales del país como los extranjeros. Los primeros ya lo indicaron en 1442, cuando defendieron la permanencia de la ciudad el Águeda en el realengo frente a la decisión de Juan II de entregarla en señorío a su esposa, doña María de Molina. Entonces, los regidores, argumentaban que: “la dicha Cibdad esta situada en tal manera que desde Çamora fasta Badajoz non ay Cibdad nin villa nin otro logar, que vuestro sea, por donde se puede fazer guerra a Portogal, salvo por la dicha Cibdad Rodrigo, ca por la Cibdad de Coria, ques vuestra, non se puede fazer poderosamente guerra a Portogal, e de la dicha Cibdad de Çamora fasta Badajoz ay sesenta leguas por el termino de Castilla...”[1]. En términos parecidos se expresaba el corregidor Rodrigo Méndez cuando en octubre de 1592 enviaba a la Corona una relación sobre el estado de la fortaleza de la ciudad: “esta fortaleza de que se trata es muy ynportante a su rreal serviçio (de Su Majestad) por ser como es frontera del reino de Portugal...”[2]

Un visitante extranjero, A. Jouvin, que viajó por España y Portugal en 1672, al poco tiempo de terminar la Guerra de Restauración portuguesa, ponderaba la importancia estratégica de las tres plazas fronterizas:

“Tuy es una de las tres plazas de armas, que son Badajoz, Ciudad Rodrigo y Tuy, fronterizas con Portugal, y por donde los españoles lo atacan con tres ejércitos”[3].

“Los españoles... podrán atacar Portugal por tres sitios diferentes, con tres ejércitos: uno en Tuy, en Galicia; el otro en Badajoz, que está en Extremadura y el tercero, de la parte de Ciudad Rodrigo; pero si no consiguen algo mejor que lo conseguido desde hace diez años, les aconsejo hacer la paz con ellos, porque en esto hallarán tanto honor como provecho”[4].

(Continuará)

También te puede interesar:

. De Galicia a Extremadura  
. La frontera: Conflictos en el tiempo
. Trabajos en Aldea del Obispo, Ciudad Rodrigo, Zamora y La Puebla de Sanabria: Pedro Moreau 
. Los proyectos de fortificación de Antonio Gaver: de Andalucía a Galicia
. Los proyectos de Juan Martín Zermeño en la Raya de Portugal 

. Las fortificaciones de La Puebla de Sanabria 



[1] A. BARRIOS et alii, Documentación medieval del Archivo Municipal de Ciudad Rodrigo. Salamanca 1988, doc. 314, pp. 381 y ss.

[2] Archivo General de Simancas. Cámara de Castilla. Diversos. Leg. 26. Ciudad Rodrigo.

[3] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. V, pág. 616.
[4] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. V, pág. 631.

domingo, 10 de abril de 2016

La expansión del Reino de León (1157-1212)

EXTREMADURA Y TRANSIERRA Y EL AVANCE DEL ROMÁNICO
José I. Martín Benito


La villa de Granadilla (Cáceres). www.historiayarqueología.com
La expansión leonesa hacia la Extremadura y la Transierra[1] tuvo que hacer frente por un lado a los vecinos del sur: los musulmanes y, por otro, a la presión que le venía por sus fronteras occidental y oriental de manos de portugueses y castellanos. Por levante, la calzada de la Guinea, ocupada por Castilla, limitaba el avance leonés en la Transierra, mientras que por el oeste la amenaza la representaba Portugal, con intereses tanto en Riba Côa como en la vega del Guadiana hacia Badajoz.

Muralla de Villalpando reforzada con la iglesia de Santa María.
Mientras tanto el Reino leonés se fortificaba con murallas y castillos, esas otras obras civiles de los tiempos románicos. Lo hacía para guardarse de Castilla y de Portugal. En esa época se levantaban las murallas del siglo XII-XIII de Mansilla de las Mulas, Ciudad Rodrigo, Castroverde, Villalpando, Castronuevo, Belver de los Montes, Castrotorafe o el castillo de San Pedro de Latarce, entre otras.

En el interior de las pujantes villas amuralladas se construían iglesias románicas, algunas de las cuales reforzaban con sus torres la cerca, como se puede ver aún con la iglesia de Santa María de Azogue o San Miguel en Villapando, o como se había hecho también en la misma colegiata románica de San Isidoro de León. El románico avanzaba hacia el Sur con la expansión del Reino leonés. En Ciudad Rodrigo, principal plaza meridional leonesa, comenzaba a edificarse la catedral (románico de transición) y las iglesias de San Andrés  y de San Pedro, entre otras.
Iglesia románica de San Andrés (Ciudad Rodrigo).

Con los almohades, el Tajo marcó la línea fronteriza, más o menos estable, hasta poco después de Las Navas de Tolosa[2]. Las pretensiones leonesas de llevar la frontera más al sur, se encontraron con la respuesta almohade de 1174. Por otra parte, las expediciones de Al Mansur y la derrota castellana en Alarcos, orientaron a Alfonso IX de León a buscar alianzas y treguas con los musulmanes en sus conflictos con Castilla.

La política de Fernando II con relación a los territorios fronterizos fue consolidar el sur de la Extremadura leonesa, creando un concejo fuerte cara a Portugal, Ciudad Rodrigo, situado en la retaguardia de las vías que iban hacia la Transierra y, en concreto, hacia Coria. Será precisamente desde Ciudad Rodrigo desde donde Fernando II, primero, y Alfonso IX, después, llevarán a cabo una intensa política de colonización en el norte de Riba Côa a través de instituciones eclesiásticas como los monasterios de Aguiar, San Julián del Pereiro y la iglesia civitatense. El sistema defensivo se cimienta aquí en una línea de castillos que, con dirección norte-sur jalonan la frontera con Portugal, desde el Abadengo hasta el alto Côa. Una vez consolidada la presencia leonesa, el territorio estará dispuesto para la creación de concejos, lo que tiene lugar a partir de mediados del reinado de Alfonso IX.

Fernando II de León. Tumbo A de la Catedral de Santiago.

En la Transierra, la defensa y colonización se confía principalmente a la iglesia compostelana y a las órdenes militares, especialmente a la de Santiago y a la de San Julián del Pereiro (Alcántara a partir de 1218), aunque también estén presentes las órdenes de San Juan y  del Temple. La estructura defensiva descansa en una serie de castillos que guardan los pasos serranos en el norte y de otra línea más al sur en torno a Coria. La creación de las villas de realengo se producirá en fechas tardías, posteriores a Las Navas –con excepción de Granadilla.




(Continuará: Las fronteras meridionales del Reino de León)


[1] Empleamos los términos Extremadura y Transierra desde el punto de vista historiográfico. Así Extremadura será el espacio comprendido entre el Duero y el Sistema Central y la Transierra los espacios situados al sur de éste. Sobre este concepto véase E. RODRÍGUEZ-PICAVEZ MATILLA, “Aproximación a la geografía de la frontera meridional del reino de Castilla”. Cuadernos de Historia Medieval, Secc. Miscelánea, 2, 1999, pág. 32.
[2] A pesar del dominio temporal de Alcántara y luego Cáceres, así como de las campañas de Fernando II en Badajoz y su entorno, el avance almohade de 1172 fijó la frontera leonesa al norte del Tajo. Sólo después de 1212 la frontera avanza con la conquista definitiva Alcántara de 1213, con lo que se abrían a la expansión leonesa las tierras situadas entre el Tajo y el Guadiana.

También te puede interesar:
 

- El Reino de León a la muerte del Emperador
- Expansión del Reino de León
- La frontera entre León y Castilla
- Fronteras meridionales del Reino de León
- La repoblación de Ciudad Rodrigo

- Fernando II y la defensa de Ciudad Rodrigo
- Castillo y murallas de Belver de los Montes.
- La frontera de León: Villalpando
- A orillas del Esla: Castrotorafe 
- La frontera de León: Castroverde
- La sublevación de Salamanca contra el Rey de León
- La Riba Côa, antiguo territorio del Reino de León (I) 
- La Riba Côa, antiguo territorio del Reino de León (II): Castelo Rodrigo
- La Riba Côa, antiguo territorio del Reino de León (III): Guarda, la réplica portuguesa  
- Manuscritos del Reino de León 

jueves, 7 de abril de 2016

Tumbas de hace 5000 años

Megalitos en Zamora

Dolmen de Almeida de Sayago.
Entre el variado patrimonio arqueológico español y, particularmente, en el castellano y leonés, destacan las construcciones megalíticas (dólmenes, menhires, círculos de piedra, túmulos...). Se trata de un fenómeno que, cronológicamente, se extendió en particular por la facha da atlántica europea desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce, esto es desde el IV al II milenio a. C.

Como en el resto de España, en Castilla y León las construcciones más antiguas son los dólmenes, levantados para servir de tumbas o enterramientos colectivos, auténticos panteones funerarios, construidos por grandes ortostatos o lajas de piedra, con una o varias cámaras, con corredor o sin él.

La comunidad de Castilla y León cuenta con varios centenares de estos monumentos, principalmente en las provincias de Salamanca y Burgos (tal vez las más estudiadas), pero el fenómeno megalítico también se extiende a provincias como Zamora, Soria, Segovia y Ávila, con algunas manifestaciones también en Palencia y Valladolid. Así pues, los monumentos megalíticos constituyen el más antiguo vestigio constructivo en nuestra región, con una antigüedad de 5.000 o 6.000 años.


En la provincia de Zamora están declarados BIC el dolmen de San Adrián y el de Las Peñezuelas, ambos en Granucillo de Vidriales. Otras tumbas megalíticas son, además de las citadas, Piedra Hincada (Brime de Urz), El Casetón de los Moros (Arrabalde), El Tesoro (Morales de Rey) y Piedra Fincada (Cubo de Benavente).

Las Peñezuelas, en Granucillo de Vidriales.
Dentro de las estructuras megalíticas destacan los sepulcros construidos con grandes bloques de piedra -ortostatos-, con corredor o sin él. Las sepulturas de corredor cuentan con una cámara o recinto sepulcral, a la que se accede a través de un pasillo. Pertenecen a este grupo los conjuntos de Las Peñezuelas (Granucillo), El Casal del Gato (Almeida), Casetón de los Moros (Arrabalde), El Tesoro de Morales de Rey y posiblemente el de Brime de Urz y el desaparecido de La Vega (Granucillo).

Por su parte, el de San Adrián (Granucillo) sería exponente de la variante 'dolmen simple' o sin corredor. En el interior de las tumbas se han localizado ajuares compuestos a base de hachas pulimentadas, puntas de flecha, láminas o cuchillos de sílex, geométricos, recipientes cerámicos (cuencos hemisféricos, escudillas, vasos de fondos plano), materiales de adorno (cuentas de collar), punzones y agujas de hueso.
Dolmen de San Adrián (Granucillo de Vidriales).
Dolmen de Arrabalde.
Dolmen de Morales de Rey.




martes, 5 de abril de 2016

Crónicas menorquinas (1)

Talatí de Dalt
Taula.
Una de las razones, acaso la única, por la que los viajeros han venido a Menorca es encontrarse con la llamada "cultura talayótica", epígono dorado de la megalítica que, en algunas islas mediterráneas, derivó en un prolongado canto del cisne.
Para su sorpresa, a la misma salida del aeropuerto de Mahón, se toparon con una especie de regalo de bienvenida: una casa prehistórica construida con grandes bloques de piedra, auténtico escaparate de lo que sería un recorrido por poblados, navetas y taulas. La casa no está en su lugar original, sino que fue trasladada desde el poblado sito en las cercanías del sur de la pista de aterrizaje, hará ahora seis años.
Dejemos la instalación en el hotel, el paseo, la comida en el puerto y la merecida siesta y encaminémonos, ya despejados, a descubrir el espacio. Al fin y al cabo es para que lo han venido.
Son las cinco en punto de la tarde en la isla de los toros. En la carretera que va desde Mahón a Ciudadela, los viajeros pronto encuentran la indicación que les conducirá al talatí de Dalt. Esta será la primera de las estaciones de un rosario de asentamientos y ruinas prehistóricas en el corazón de la isla verde.
A escasos trescientos metros de la carretera se encuentra el acceso. Es el primer día de la temporada turística. La empresa encargada de la gestión de este y otros monumentos acaba de abrir. Una modesta caseta de madera sirve de refugio, de taquilla y de punto de información. La primavera es plena en Menorca y la hierba crece alta, verde y vigorosa. Aun no ha dado tiempo a despejar la que inunda el poblado, pero todo se andará, piensan los viajeros, mientras reparan en una máquina desbrozadora preparada para la ocasión.
Talayot.
Con la entrada reciben un tríptico que reza: “Talatí de Dalt: una aproximación a la prehistoria de Menorca”. Con él y con las indicaciones que previamente les ha dado la guardesa, inician la visita.
Están solos. Tres viajeros peninsulares intentando seguir la huella talayótica en una pequeña isla del Mare Nostrum. Lo primero que se encontrarán será una cisterna y un caño para abrevar el ganado. Esto es obra moderna, de la reciente historia de la isla; pero a escasos metros se abren sendas cuevas naturales, acaso antiguos hipogeos sepulcrales anteriores al poblado.
Pronto descubrirán el talayot, imponente torre circular que, a pesar del desmoronamiento de su fábrica, se mantiene todavía erguida desafiando el paso del tiempo. Prominente observatorio o atalaya (de ahí su nombre) para vigilar y controlar visualmente el territorio circundante. A escasos metros, los restos del santuario y de la taula. Llaman taulas en la isla a ciclópeas pilastras monolíticas, que sostienen una piedra transversal a modo de capitel, lo que le da el aspecto de una “tau” griega o de una “T” latina, que al fin y al cabo es la misma consonante. Las taulas servían como soporte de la techumbre, que ha desaparecido, quedando en pie, como un milagro, el sostén de la estructura.
Integran el conjunto casas y cámaras hipóstilas, así como los restos de muros defensivos que rodeaban en su día el poblado de Talatí de Dalt. Todo calzado a la piedra seca, sin argamasa alguna, que esta ha sido la manera de construir en la isla durante mucho tiempo.
Ovejas en el Talatí de Dalt.
Se preguntan los viajeros si alguien habrá cantado alguna vez la ruina del talatí, como Quevedo y tantos otros cantaron a las de Roma o Rodrigo Caro hiciera lo propio con las de Itálica. Pero no lo saben. Los cíclopes ya no están aquí para contarlo. Las ruinas perecerán, sin duda, algún día, pero estas de Dalt llevan ya tres mil años resistiendo.
La tranquila tarde menorquina es acompañada por el balido de unas ovejas a escasos metros de distancia, tan sólo separadas por un cercado construido con las piedras del antiguo asentamiento. Los visitantes las inmortalizan en su cámara digital. De estas y de las vacas que encontrarán después hacen en la isla el célebre queso de Mahón. A ello deben contribuir los excelentes pastos primaverales. Dos aviones, que vuelan bajo, próximos al aeropuerto, rasgan con el ruido de sus motores el silencio de la tarde y ahogan por un momento los balidos; pero tan pronto se aleja la máquina voladora, los rumiantes vuelven a su particular y vespertina serenata.
Así es una tarde de abril en el talatí. Así es una tarde en el ager menorquí. Arcaísmo y modernidad se dan la mano en estos soleados y verdes parajes de Dalt, como se la darán también en los santuarios de So na Caçana, en las cercanías de Alaior, adonde ponen rumbo los viajeros. Todavía tendrán tiempo, medio entre tinieblas, de descubrir a tientas las ruinas de la taula y del talayot de Binisafullet, a la vera de la carretera que conduce de San Luis a Mahón. Menorca no se escribe con "T", pero sin duda es la letra que mejor resume su identidad.

Este artículo lo publiqué en La Crónica de Benavente. Se corresponde con la visita realizada el 8 de abril de 2006.

domingo, 3 de abril de 2016

Una villa romana en Camarzana de Tera

EL SUEÑO DE ARIADNA

Cabeza de Ariadna (Camarzana de Tera).
José I. Martín Benito

En pleno casco urbano de Camarzana de Tera (Zamora) se encuentran los restos arqueológicos de una villa romana del Bajo Imperio. Las excavaciones realizadas en 2007-2008 pusieron al descubierto estructuras muradas y pavimentos de mosaicos, tanto figurados como geométricos. Fue declarada Bien de Interés Cultural el 4 de noviembre de 2010.
Desde entonces, la villa está esperando la restauración de sus estructuras y pavimentos musivarios para ser abierta al público como un recurso cultural y turístico.


Los primeros hallazgos

Las primeras noticias que se tienen de de esta villa romana datan de 1861, cuando con motivo de las obras de la carretera de Benavente a Mombuey, se localizaron cimientos de un edificio con pavimento de mosaicos y otros restos, en la llamada "Huerta del Barrero". En el año 1939, la Comisión Provincial de Monumentos descubrió un nuevo pavimento.
 Una parte de los mosaicos hallados en 1939 fueron destruidos, pudiéndose rescatar algunos fragmentos que se depositaron en el Museo de Zamora.
La alineación de los muros continúa hacia el otro lado de la carretera y va hacia la iglesia, edificio que Gómez Moreno [Catálogo Monumental, 1927] señala de "uso no cristiano". Esto es, estaríamos ante un ábside y un espacio rectangular probablemente de un edificio relacionado con la propia villa romana. Restos de mosaicos se encuentran asentados en alguna vivienda de Camarzana, con dibujo de semicírculos "cabalgados unos sobre otros, y cenefas de trenzas sencillas", tal como describe Gómez Moreno.
El autor granadino apunta la existencia de otro mosaico "al otro lado de la carretera", en el corral de una casa, que fue soterrado y que "diseña ramas verdes".

Mosaico geométrico y floral de Camarzana de Tera.
Las excavaciones de 2007-2008

Los trabajos arqueológicos pusieron de relieve varias habitaciones. Entre las estancias destacan el oecus, o salón de recepciones, el triclinium o comedor y un peristilo o patio con columnas, a falta del estudio posterior. En el triclinium se ha hallado un mosaico figurado central que tiene figura central sentada, con tocado y rodeado de animales (Orfeo); rodeando la figura anterior van ocho cartelas con cuatro cuadros que cobijan cuatro caballos con los nombres de “Germinator”, “Fynix”; Aerasimis” y “Venator”. En los extremos centrales va una crátera con felinos rampantes y caballero, gacela y
pato. Escenas de caza, personajes a caballo y aves contemplan el extremo de acceso a la habitación. Separando la habitación y el patio hay un pasillo con mosaico geométrico, que finaliza en una escalera de tres peldaños, por la que se accede a un pasillo superior. El “oecus” se pavimenta con un mosaico geométrico, que enmarca una escena figurada en la que se identifica una figura humana con un racimo de uvas y un personaje marino con cuerno de la abundancia. 

Entre otros temas figurados destaca la representación del “Sueño de Ariadna”. La joven, hija del rey Minos, había ayudado a Teseo a encontrar la salida del Laberinto de Creta, tras vencer al Minotauro. El héroe la llevó consigo, para abandonarla después en una playa de la isla de Naxos. Allí la encontró Dionisos, la incorporó a su cortejo, la hizo su esposa y la condujo al Olimpo.
La cabeza de Ariadna dormida es la imagen más conocida de los mosaicos de esta villa romana. Reproducida en libros, medios de comunicación, tarjetones, camisetas... Ignoro por qué la Junta de Castilla y León, propietaria del solar desde 2008, ha bautizado el recinto arqueológico como “villa de Orpheo” y no como “villa de Ariadna”. Hasta ha llegado a confundir a Ariadna con Eurídice, la esposa de Orfeo, y así figura en un cartel informativo de la entrada.

[Este post fue escrito en abril de 2016. Desde entonces, finalmente, se ha procedido al acondicionamiento y musealización del espacio arqueológico, que ha sido abierto al público el 26 de marzo de 2018].

APERTURA AL PÚBLICO

Desde esta Semana Santa 2018 ya se puede visitar esta villa romana en la localidad zamorana de Camarzana de Tera. A 29 km de Benavente, en la autovía de las Rías Bajas.

A partir del 16 de abril hasta el 29 de junio las visitas de martes a viernes se realizan a la demanda y los sábados de 10 a 14 horas y los domingos y festivos por las tardes, de las 16 a las 20 horas.

VERANO 2018
Lunes cerrado. Martes, miércoles, jueves y viernes por la mañana, con cita previa. Sábado y domino de 11 a 14 h.

Muy recomendable acercarse a Camarzana y, de paso, también, a la cercana iglesia románica de Santa Marta de Tera. Dos tesoros, dos, en el corazón del valle del Tera.

Mosaico geométrico.


Mosaicos de Camarzana.


NOTICIA DEL 13 de enero de 2017

Para saber más:
F. REGUERAS GRANDE: Camarzana. Pasado y presente de una villa romana del Tera. 2009.

 

jueves, 31 de marzo de 2016

Próxima entrada: Una villa romana en Camarzana de Tera

El sueño de Ariadna
Nuestro blog se ocupará en breve de Camarzana de Tera (Zamora) y de su villa romana. Una mansión de la que se conservan excelentes mosaicos, si bien en mal estado de conservación. Destaca la cabeza de Ariadna, abandonada por Teseo y dormida a la orilla del mar, en la isla de Naxos, donde la encontró Dionisos y la sumó a su cortejo. Muy pronto aquí, en Historia desde Benavente.
Ariadna dormida.

miércoles, 30 de marzo de 2016

El Filandón y las prohibiciones de la Iglesia (y 3)


HILANDARES EN ALISTE

José I. Martín Benito

Hilandar en Aliste, primera mitad del siglo XX. Documental de Leopoldo Alonso, 1927.
  En el siglo XIX continuó la presión eclesiástica contra los filandones o seranos. Junto a la pervivencia de otras costumbres ancestrales, las misiones parroquiales se fijaron en ellos con el ánimo de erradicarlos, pues se les veía como reuniones que daban lugar a bailes nocturnos y “amoríos intempestivos”; de ahí que fueran perseguidos y estigmatizados por los misioneros, que en ocasiones contaban también con el concurso de las autoridades locales. La misión redentorista de 1879, llevada a cabo en varias zonas de Zamora, informaba de su actuación en Villardiegua: “Grandes dificultades tuvimos que vencer respecto de ciertas reuniones nocturnas de la juventud de ambos sexos que llaman ahí seranos. La autoridad se compromete a quitarlos”; y en Villadepera: “mismas dificultades que en Villardiegua y mismas victorias contra el infierno”. Las crónicas de estas misiones destacaban su triunfo por haber conseguido cerrar determinados hilandares. Respecto a Mellanes y Fradellos (Aliste) se informa: “se desterraron, por fin, los hilandares malos”; y en Zacos y Vega (León): “Se desterraron los bailes de noche, los hilandones, los amoríos intempestivos”. También en la misión de 1884 se celebraba el triunfo en Toral de los Vados y Hospital de Órbigo: “Cerráronse los hilandones, desterráronse los bailes de noche”[1].

En la lucha contra estas reuniones nocturnas se implicaron también los párrocos de las aldeas. En Aliste, en 1900, S. Méndez Plaza informaba:

“Por otro parte, los Sacerdotes de cada pueblo han tomado parte muy activa para que desaparezcan los hilandares, toda vez que han perdido su primitivo carácter de ser únicamente reunión de mujeres, á la que no era permitido asistir á ningún hombre, ni estaba bien visto por un y otro sexo; pero desde que los hombres, principalmente los mozos, frecuentan tales reuniones, se prestan éstas á tantos abusos, que concluirán por desaparecer como las demás costumbres comunales, incompatibles con las corrientes de la época presente”[2].

A pesar de toda esta cruzada de la Iglesia, los hilandares o filandones siguieron celebrándose en muchos lugares, dado el arraigo de la costumbre. Todavía a comienzos del siglo XX se seguía condenando los fiadeiros en Galicia, como lo ponen de relieve los sínodos de Orense (1908) y Santiago (1909)[3]. No obstante, puede resultar un tanto paradójico que las páginas de los Boletines Oficiales de los Obispados de Astorga y León insertaran durante varios años el anuncio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en las que se convocaba concursos especiales para premiar monografías descriptivas de derecho consuetudinario y economía popular, entre cuya variada temática se encontraban los “seranos o hilandares”, costumbres que la Iglesia trataba de erradicar[4].

Texto extraído de mi trabajo:

(2015). “En torno al filandón. Hilaturas, telares y veladas en el norte de Zamora (siglos XVIII-XX)”. Brigecio. Revista de Estudios de Benavente y sus Tierras, 24-25 [2014-2015]. 254 páginas. ISSN: 1697-5804, pp. 43-72.
 

[1] M. GÓMEZ RÍOS: “Las misiones de la Restauración” nava del Rey, 1879”. Spicilegium historicum Congregationis SSmi Redemptoris, 2. Roma, 1995, pp. 447-448.
[2] S. MÉNDEZ PLAZA: Costumbres comunales de Aliste. Madrid, 1900, pp.55-57.
[3] H. SOBRADO CORREA: “La sociabilidad campesina en la Galicia del Antiguo Régimen. Mediatización institucional y resistencia popular (siglos XVI-XIX ”. En Mª M. LOBO DE ARAÚJO et alii: Sociabilidades na vida e na morte (séculos XVI-XX). Braga 2014, pág. 170
[4] Boletín Oficial del Obispado de León, Año XLV Tomo XLV Número 24 - 1897 junio 16; Boletín Oficial del Obispado de Astorga, Año XLIII Número 22 - 1900 noviembre 15. De este concurso se hacía también eco los Boletines oficiales de las provincias, véase, por ejemplo, el de Zamora de 16 de mayo de 1898, nº 58, pág. 3.