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domingo, 19 de agosto de 2018

Comarcas de Salamanca hace 200 años: El Rebollar

"VIVEN MISERABLEMENTE, COMEN MAL Y VISTEN PEOR"


José Ignacio Martín Benito 


El Jálama desde Villasrrubias.
Los dos grandes diccionarios descriptivos de la España del siglo XIX son los de Sebastián Miñano y Bedoya (publicado entre 1826 y 1829) y el de Pascual Madoz (1845-1850). El de Miñano lleva por título: Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal dedicado al Rey nuestro señor. Los diez volúmenes de los que consta se imprimieron en el establecimiento madrileño de Pierart-Peralta. Un nuevo tomo a modo de suplemento fue impreso por Moreno. El Diccionario de Miñano es considerado como el precursor del de Pascual Madoz, publicado entre 1845-1850.

Miñano contó para su elaboración con muchos corresponsales, hombres cultos, que le dieron la información de los lugares que recoge en su obra. Sobre la comarca del Rebollar la información puede rastrearse en las respectivas voces de las localidades que componen este territorio, pero también en otras voces de carácter más general. Así, en la voz “LEÓN” (Tomo, 5 pág. 199), cuando se ocupa de los pueblos de la raya de Portugal, leemos:

“Sus habitantes se ocupan en la agricultura y la cria de ganado, y tambien en la venta de leña y maderas que sacan de los montes que pueblan esta comarca, sobre todo de los que estan en las inmediaciones de la frontera en los términos de Fuentes de Oñoro, Alamedilla, Casillas de Flores y Navas frias hasta Peñaparda, distante 2 leguas de la raya. Su estension es de cerca de 4 leguas con circunferencia proporcionada, que es lo que llaman El Rebollar, bosque fragoso y cruzado de veredas, que apenas conocen sino los contrabandistas y malhechores. Los moradores de estos pueblos viven miserablemente, comen mal y visten peor. Son robustos y ágiles, y sus costumbres, que debieran ser puras atendidas las circunstancias, han maleado con el trato frecuente de los contrabandistas que continuamente estan cruzando por todos sus caminos y veredas, y con la tentación de ganancias ilícitas que escita en ellos aquel mal ejemplo”. 

Contrabandistas españoles.
Los pueblos del Rebollar

La comarca -tal como hoy la conocemos y sin contar, por tanto, con la población de Casillas de Flores y de Fuente Guinaldo- contaba entonces con un total de 2.606 habitantes. De los cinco pueblos el mayor en habitantes era Robleda, que superaba los 1.200. El resto rondaban los 350. 

Navas Frías. La villa tenía 184 vecinos y 760 habitantes. Producía centeno, lino, bellota y patatas. Había 6 fábricas de sombreros ordinarios.

El Payo. Denominado en el Diccionario: Payo de Valencia de Flores. Tenía 89 vecinos y 353 habitantes. Disponía de un pósito. Producía centeno y ganados.

Peñaparda. Tenía 96 vecinos y 363 habitantes y un pósito. Sus productos se reducían a centeno y ganados.

Robleda. En aquel momento (1826-1829) esta localidad tenía 312 vecinos y un total de 1.230 habitantes. Producía granos, leña y ganados y tenía un pósito y una posada.

Villarubias. En el Diccionario "Villarrubias". Contaba con 84 vecinos y 348 habitantes. Todo rodeado de  monte de encinas, producía centeno y ganados.



Robleda
También te puede interesar:

- El Rebollar en el siglo XVIII (1): El paisaje y el alojamiento

- El Rebollar en el siglo XVIII (2): la indumentaria, la lengua y el trabajo

- El Rebollar en el siglo XVIII (y 3): el comercio, los carruchinos y el paso del río Águeda



           

martes, 9 de agosto de 2016

La visión de los viajeros. El Rebollar en el siglo XVIII (y 3)

El viaje de Gálvez de 1757 (Los carruchinos, la Iglesia y el paso del río Águeda)

José I. Martín Benito

2.7. El comercio: Los “carruchinos”

Carretero.
Si en la labranza de los campos intervenían las mujeres, tal vez fuera porque, algunas temporadas, los hombres se dedicaban al comercio, pues bajaban con sus carretas hasta Andalucía. El Libro del Bastón de Ciudad Rodrigo recoge que los vecinos de Robleda “traxinan con carretas”, circunstancia que no pasó desapercibida a Gálvez:

“La posada es la peor casa de todo el pueblo, por lo que el alcalde nos alojó en la casa de una honesta labradora, cuyo marido con otros del pueblo había bajado a Sevilla con carretillas a cargar de sal para el consumo del reino de León”.

La sal era cargada en Alcalá del Río, era uno de los muchos productos con los que comerciaban los robledanos. La información más detallada sobre el comercio en Robleda la proporciona una fuente contemporánea a Gálvez: el Catastro de Ensenada (1751). Prácticamente todos los vecinos varones de Robleda se dedicaban al comercio:

“… en los yntermedios en que no labran ni aran y aun la mayor parte del año y especialmente en la primavera, verano y otoño se emplean sus ganados y carros que para ello tienen, viven y se ejercitan en el trafico de la carretería y conducen (…) a Castilla y otras partes carbón y maderas y vuelven cargados de trigo, que venden en Sierra de Gata y otras partes, y otras veces conduzen a parte para las cocheras reales maderas de fresno para coches, sal de Alcalá del Río para los aljolíes de Extremadura y lana y lo demás que les ocurre”.

2.8. La concepción de la riqueza

El presbítero sevillano se quedó extrañado del comportamiento de la dueña de la casa donde se alojó:

“No puedo omitir lo que nos sucedió con la rica que nos tuvo alojados. Esta tal pasó a Ciudad Rodrigo a una feria o mercado que celebraron mientras estuvimos en dicha ciudad. Casualmente nos encontró y nos pidió para comprar alguna cosa de la feria, con tales modos y expresiones como las usaría un verdadero pobre en Sevilla. Nos admiró que una mujer que se reputaba por de más caudal en Villa Robleda cometiese tal bajeza. Al fin le dieron unos cuartos y se fue contentísima”.

2.8. Observaciones sobre la vida religiosa. La iglesia

Llamó la atención del sevillano las proporciones de la iglesia de Robleda y la costumbre nocturna del rezo del Rosario, así como la “colgadura” con la que los fieles habían adornado el templo para la fiesta del Sacramento.

“Finalmente, Villa Robleda tiene una parroquia del obispado de Ciudad Rodrigo; es muy grande, sin embargo de no estar concluida. Todas las noches a las oraciones van las mujeres a rezar el Rosario y cada una lleva vela o candelilla, según su posibilidad, y las colocan sobre las sepulturas de sus difuntos. El domingo infraoctavo de la Ascensión habían tenido fiesta del Ssmo. Sacramento para la que habían adornado la iglesia con una colgadura, la más rara y especial que pienso ver en mi vida”.

Ésta se componía de sábanas, camisas, mantillas, pañuelos, ligas, medias, dechados, dijes, toallas, lazos de varios colores, etc. Esta variedad de piezas, tamaños y colores, y la cenefa de cuadros de pintura, la tenían tan bien colocada y con tal simetría que confieso me maravilló al ver tan bella disposición y de tanto gusto con piezas tan desiguales y diversas. No se puede ponderar el golpe que nos dio esta nunca tejida colgadura.

Al mismo tiempo, los retablos, altares e imágenes tenían tanto lazo y cintas encarnadas que a una Sª Bárbara no la pude conocer hasta después de mucho rato, sin embargo de una insignia tan visible y conocida como la torre”.

2.9. El paso del río Águeda

Iglesia de El Bodón.
El viajero salió para Ciudad Rodrigo el día 13 de mayo. Vadeó el río Águeda, aunque anotó que en época de aguas este se cruzaba en barca. El camino a Ciudad Rodrigo no le resultó malo.

"Salimos este día 13 para Ciudad Rodrigo que dista 4 leguas. A una legua de Villa Robleda se pasa el río Águeda, badeándolo en tiempo de aguas tiene barca un poco más arriba. Se deja a un lado el Bodón, pueblo corto. Estas cuatro leguas no son de lo peor, aunque hasta pasado el río Agueda hay alguna piedra”.

Gálvez y sus acompañantes descansaron esa noche en la ciudad y al día siguiente tomaron el camino de Salamanca.

jueves, 4 de agosto de 2016

La visión de los viajeros: El Rebollar en el siglo XVIII (2)


El viaje de Gálvez de 1755 (indumentaria, lengua y trabajo)

Mujeres del Rebollar.
José I. Martín Benito

2.4. La indumentaria

El diario de Gálvez aporta también interesantes observaciones sobre la indumentaria de las regiones que atraviesa. En El Rebollar se fija sobre todo en el vestir de las mujeres, describiendo sus telas y adornos.


“El traje de las mujeres de este pueblo, y casi de todo el reino de León, se reduce a la camisa de lienzo casero, con cuello o tirillas anchas, bordadas de hilo blanco y azul, y lo mismo las costuras de los hombros, una jabona de paño oscuro, un pedazo de paño liado a la cintura que nombran manteo, sujeto con un vendo u orillo ancho. En lugar de delantal, otro pedazo de paño que llaman mandil, y una mantilleja pequeña, siempre por la cabeza y unida por bajo de la barba por un corchete”.


“La mayor nota de ricas consiste aquí en tener muchos corales y bordaduras de colores, porque las telas y tisúes, oro y plata, están desterrados de estos países. Estas señoras ricas tienen bordadas la parte de camisa que cubre los pechos a modo de un escapulario. Esta bordadura es con hilos encarnados, azules, etc., y al mismo tiempo traen al cuello muchos corales y varios dijes”.


2.5. La lengua


“Todas estas gentes son de trato sencillo y natural, sin doblez; háblanse impersonal, aun los hijos a los padres diciendo mire mi padre, oiga mi madre. Cuando los padres los llaman les dicen oiga o mire, y ellos responden mande mi padre, diga mi madre, y si es otra persona dicen diga él”.

“El castellano que hablan es bastardo y grosero. Regularmente son reputado por de buena crianza los que usan de las expresiones dichas. La pronunciación de las letras varía aquí mucho las letras s y z pronuncian como d, v.g. por vecinos dicen vedinos, etc”.



2.6. El trabajo


Mujer arando.
Por el cuestionario real de 1769 conocemos los recursos agrícolas y ganaderos del Rebollar en la segunda mitad del siglo XVIII. Así, en Villasrubias se sembraban 350 fanegas de trigo, 135 de centeno, 20 de cebada y 40 para lino. La cabaña ganadera estaba constituida por 272 cabezas de ganado vacuno, 1.270 ovejas, 620 cabras, 110 cerdos, 4 caballos y tres jumentos. Por su parte, en Robleda se sembraba centeno (2.894 fanegas), trigo (1.989), cebada (525) y lino (21); la cabaña ganadera robledana estaba compuesta por 1.921 cabezas de ganado vacuno, 4.858 ovejas, 1.239 cabras, 659 cerdos, 25 caballos y 16 jumentos.


A Gálvez le llama la atención que el trabajo en los campos lo realicen las mujeres, lo que sin duda contrasta con su Andalucía de origen, y por eso anota en su diario:


En toda esta tierra trabajan las mujeres como los hombres en el campo. Es de notar que en saliendo de Andalucía, en todos los países trabajan las mujeres como los hombres, principalmente en el reino de Galicia y en el país de Lieja. Ellas, aunque sean mozas, andan solas arando y trabajando en los campos, por distantes que estén del lugar. La tarde que entramos en este lugar, encontramos en el camino que iba para él a una moza de 18 años con su junta de bueyes, que todo el día había estado barbechando. Sobre la poca edad supimos después de estaba pasa casarse, de que inferimos no reina la malicia aquí en el grado que en otras provincias, pues a mujeres de esta edad, aun sin tratar de casarse, no les permitiría ir solas por dentro del pueblo, cuanto menos por los campos y despoblados.

Esta joven labradora era de las más ricas de la villa, y su labor consistía a más de las semillas en 30 fanegas de trigo, que en la estimación de esta tierra corresponde a una labor de 1.500 fanegas de Andalucía.


sábado, 30 de julio de 2016

La visión de los viajeros: El Rebollar en el siglo XVIII (1)

El viaje de Gálvez en 1755

José I. Martín Benito



1. Introducción

Alejandro Gálvez
Diego Alejandro de Gálvez, canónigo de la catedral hispalense, realizó un viaje desde Sevilla a Santiago en 1755, desde donde continuó hacia Europa, visitando Francia, Países Bajos y Alemania.

El prebendado sevillano tomó el antiguo camino de Sevilla a Mérida, pero aquí, en lugar de continuar por la vía de la Plata hacia Salamanca, se desvió a la altura de Cáceres, hacia el oeste, para visitar Malpartida y Alcántara. El Sistema Central lo atravesó por la Sierra de Gata, concretamente por el puerto de Perales, bajando por El Rebollar hasta Ciudad Rodrigo, en donde tomó el camino de Salamanca.

El clérigo fue anotando observaciones y descripciones del paisaje y sus gentes en un diario que, con el tiempo, ha sido publicado por el Cabildo metropolitano de Sevilla, bajo el título: Un sevillano por Europa. El viaje de Gálvez en 1755. (Sevilla, 1996).

2. El Rebollar en el viaje de Gálvez

Por el puerto de Perales (“el más bello mirador del mundo”) entró Gálvez y sus acompañantes en el Reino de León, bajando hasta Villasrubias y luego Robleda, donde pernoctaron el 12 de mayo. El día 13 salió para Ciudad Rodrigo.

2.1. El camino del puerto de Perales.

Gálvez señala las dificultades de la subida y la estrechez del camino:

El Jálama, desde Villasrubias.
Después de comer empezamos a subir el puerto. Tiene 2 leguas de subida y por un lado es un perpetuo precipicio. El camino es angosto y agrio, todo de piedra suelta. Nosotros nos tomamos el trabajo de subirlo a pie, y a ratos montando en 2 caballos que llevábamos, porque al principio de la subida estaba despeñada la calesa, si Dios no nos hubiera traído al mismo tiempo 4 asturianos de los que bajan a cortar heno a Portugal, que a 5 que éramos nos ayudaron a montar otra vez la calesa al camino.

El clérigo se reconfortó en la bajada, con poca pendiente:

La bajada de estas montañas es blandísima o, por mejor decir, es ninguna, y sólo se experimenta una dulce cuesta sin pendiente. Es observación que hice en todo el camino, que dirigiéndonos al Norte, después de montar los puertos, no descendíamos la cuarta parte de la que habíamos subido.
La bajada de estas montañas es blandísima o, por mejor decir, es ninguna, y sólo se experimenta una dulce cuesta sin pendiente. Es observación que hice en todo el camino, que dirigiéndonos al Norte, después de montar los puertos, no descendíamos la cuarta parte de la que habíamos subido.

2.2. Villasrubias y Robleda

Gálvez alude a la vegetación (robles) y llega a confundir Villasrubias con Peñaparda.

A dos leguas del fin del puerto de Perales, y por un camino poblado de arbustos de roble, llegamos al lugar de Peñasrubias, primero del reino de León y de la diócesis de Ciudad Rodrigo. Sin embargo de ser población de cerca de 43 vecinos (según aseguraron) ni tenía posada ni casa mediana donde con el pasaporte nos pudiesen alojar. Por lo que siendo temprano seguimos a Villa Robleda, una legua más adelante. Será pueblo de 200 vecinos y de la diócesis de Ciudad Rodrigo. Él es miserable en su vista, aunque no le falta gente de cortos caudales.
Robleda

No difiere en exceso la apreciación de Gálvez sobre la población de estos lugares. En el Catrasto de Ensenada (1750), Villasrubias tenía 41 vecinos y ocho viudas, mientras que Robleda había 226 vecinos. Unos años más tarde, la población no había variado sustancialmente; el cuestionario real redactado en 1789 (Libro del Bastón), informaba que Villasrubias tenía 52 vecinos y Robleda 228.

2.3. El alojamiento

Robleda, en el camino de Extremadura, contaba con una posada. Debía ser esta la que cita el Catastro de Ensenada cuatro años antes como “Casa Mesón del Concejo”, que rentaba al año 85 reales. No obstante, no debió ser del gusto de los viajeros, por lo que el alcalde les buscó otro alojamiento.

La posada es la peor casa de todo el pueblo, por lo que el alcalde nos alojó en la casa de una honesta labradora, cuyo marido con otros del pueblo había bajado a Sevilla con carretillas a cargar de sal para el consumo del reino de León. La casa era bien capaz y distribuida sus viviendas al uso del país y sus cosas de tráfico. Púsonos lindos lienzos de camas, más todo lo costeamos quedándole a beneficio bastante sobrante y chocolate que se le regaló.


* Este texto y el de los dos post siguientes de esta serie, forma parte de una conferencia que pronuncié en Navasfrías el 17 de julio de 2011, organizados por PROHEMIO.

miércoles, 27 de abril de 2016

Hitos de la Edad del Bronce (y 2)

LA ESTELA DE ROBLEDA (SALAMANCA)

José I. Martín Benito
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Estela de Robleda.

El hallazgo de una estela decorada de la Edad del Bronce al norte del Sistema Central, concretamente en Robleda (Salamanca), perteneciente al grupo de las llamadas “estelas extremeñas”, debe hacernos replantear el ámbito geográfico de este tipo de representaciones.
En efecto, si el área geográfica de las mismas se situaba al sur del Sistema Central, a partir del hallazgo del Rebollar, que viene a sumarse a los de Baraçal y Foios, en Sabugal (Beira Alta) [1], al norte de la cordillera, habrá que reconsiderar el área de extensión.
Hasta la aparición de la estela robledana, otro de los hallazgos más septentrionales del área las estelas extremeñas era el de San Martín de Trevejo (Cáceres)[2], situado en las faldas meridionales de la Sierra de Gata. La pieza fue localizada por un vecino de Robleda, Juan Sánchez Calvo, en el pago conocido como “La choza del fraile”, en el “Pinar de Descargarmaría”, término municipal de Robleda, localidad de la que dista unos 8 km. Las coordenadas del hallazgo conforme al SIGPAC Visor son: UTM-X: 707955.07 Y: 4469255.69, GEO Lat: 40º 20·50.14 N Long: 6º 33 ·5.62 W. Según informa su descubridor, la estela se encontraba tumbada en el suelo, en dirección este-oeste, a unos 100 metros de un regato al lado de un camino, convertido ahora en pista forestal. Al parecer, habría sido movida por las máquinas al reparar la vía.
El pinar está alterado, pues se repobló con pino resinero en el siglo XX. El soporte en la que está fabricada la pieza es de pizarra. Sus dimensiones son: 150 cm. de largo, 49 cm. de ancho y 18 cm. de grosor.
Estela. Robleda.
 Se trata de una estela decorada de la Edad del Bronce Final, de las llamadas del grupo del Sudoeste o "estelas extremeñas". Ya se ha indicado que se sitúan en Extremadura, llegan a Portugal y se extienden también por Andalucía occidental.
La decoración se centra, como es costumbre, en una sola cara. El dibujo se ha realizado mediante grabado en surco, fuerte e intenso. La distribución de los objetos es la siguiente: el escudo ocupa el lugar central; bajo este se dispone la espada. En la parte superior se ha representado un objeto con tendencia ligeramente ovalada con mango–presumiblemente un espejo- y bajo él y encima del escudo, una lanza.
El escudo presenta tres círculos concéntricos, con clavos entre las bandas y una escotadura en "V"; los clavos van dispuestos en grupos de tres. En el centro se ha representado la abrazadera horizontal. El tipo de escudo es similar al de la estela cacereña de Brozas.

Estela de Robleda. Medidas.
 Se ha señalado que este tipo de escudo pudiera proceder del Mediterráneo oriental y, en concreto, en los hallados en Creta, Chipre, Samos y Tirinto, por su vinculación tanto con las formas como con la escotadura en “V”. En esta circunstancia ha llevado a suponer que estas estelas funerarias sean el resultado de la influencia del mundo geométrico y orientalizante que se extiende por la península Ibérica a partir de los últimos tiempos del Bronce Final; si bien hay quienes han señalado una influencia atlántica, concretamente irlandesa en lo referente a los escudos[3].
La espada es de las de hoja ancha y no muy puntiaguda, como suele ser habitual en el grupo de las estelas de la Sierra de Gata y Montánchez.
Así pues, los motivos decorativos formarían parte de la panoplia o conjunto de armas del difunto: escudo, espada, lanza y espejo. Se trataría, por tanto, de la estela que marcaría la tumba de un personaje de cierto rango militar. El espejo tiene un significado funerario, como está de manifiesto en varias culturas mediterráneas, en las que forma parte del ajuar como símbolo de la muerte. Su cronología sería posterior al 800 a.C. y perduraría hasta el 600. a.C. Desde el punto de vista espacial, el paralelo más próximo a esta de Robleda es la estela procedente de San Martín de Trevejo.

Celestino Pérez, en su estudio sobre las estelas extremeñas[4], agrupa una serie de ellas dentro de la Zona de la Sierra de Gata, que estaría caracterizada por estelas básicas, esto es aquellas que muestran tan sólo los tres elementos: el escudo, la espada y la lanza, precisando que sólo en la de San Martín de Trevejo, aparece un espejo.Las estelas de guerrero situadas al norte del Sistema Central
La pieza de Robleda, junto con las de Baraçal y Foios –ambas en el concejo portugués de Sabugal- son por ahora las estelas “extremeñas” localizadas al norte del Sistema Central.
Como la de San Martín de Trevejo, en la vertiente sur de la Sierra de Gata, la de Robleda presenta cuatro elementos: escudo, lanza, espada y espejo.
Estela de Brozas.

Comparte la pieza del Rebollar con las portuguesas el lugar central del escudo y la disposición de la espada en la parte baja; difiere, no obstante, de la de Baraçal, no sólo porque esta está realizada en relieve, en lugar de grabada, sino también por el tipo de espada, pistiliforme en el caso de la estela portuguesa, mientras que en la de Robleda la hoja es más ancha y más corta. El ejemplar de Robleda se asemeja más al localizado en Fóios.
También, como en San Martín de Trevejo y otras estelas del grupo de la Sierra de Gata, en la de Robleda el escudo ocupa el centro de la composición y se convierte, así en el elemento protagonista de la estela, en torno al cual se disponen el resto de los objetos. Es precisamente con la de San Martín con la que más paralelos presenta la estela robledana, pues además de incluir los tres elementos que caracterizan al grupo: escudo, lanza y espada, ambas portan un cuarto objeto: el espejo.
Habrá que esperar el hallazgo de nuevos ejemplares en este espacio serrano para tener un mejor conocimiento del grupo de las estelas decoradas de la Sierra de Gata en particular y del Bronce Final en general.

Sobre esta pieza: J. I. MARTÍN BENITO: “Una estela de la Edad del Bronce en Robleda (Salamanca)”. Ciudad Rodrigo. Carnaval del Toro 2010, pp. 339-342. 

NOTAS:
[1] CURADO, f. p. (1980): “Una estela del Bronze Final na Beira Alta”. IV Congreso Nacional de Arqueología, Faro; (1984): “Uma nova estela do Bronze Final na Beira Alta (Baraçal, Sabugal, Guarda)”. Arqueología (GEAP), vol. 9, pp. 81-84 y (1986): “Mais uma estela do Bronze Final na Beira Alta (Foios, Sabugal, Guarda)” Arqueología (GEAP), vol. 14, pp. 103-109.[2] M. FIGUEROLA (1982): Nueva estela decorada del tipo II en San Martín de Trevejo (Cáceres). Zephyrus, XXXIV-XXXV. Salamanca, pp. 173-180.
 [3] Un estado de la cuestión puede verse en el trabajo de S. CELESTINO PÉREZ: “Las estelas decoradas del SW peninsular”, en La cultura tartésica y Extremadura. Cuadernos Emeritenses, 2. Mérida 1990, pp. 45-62. Véase también VARELA GOMES, MARIO y J. PINHO MONTEIRO: Las estelas decoradas Do Pomar (Beja-Portugal). Estudio comparado, Trabajos de Prehistoria, 34 (1977) p.165. Para un catálogo exhaustivo de las estelas ver la página web:http://www.tornera.com/cgl/estelas_ext/paginas/almoharin.htm
[4] S. CELESTINO PÉREZ: “Las estelas decoradas del SW peninsular”, op. cit., pp. 8 y 9.

sábado, 23 de abril de 2016

Próxima entrada: Las estelas de la Edad del Bronce

La memoria de los guerreros
Mañana nuestro blog comienza a publicar una serie sobre las estelas decoradas de la Edad del Bronce. Lápidas o hitos sepulcrales, con grabados de armas: espadas, lanzas y escudos. Su área geográfica se extiende, principalmente, al sur del Sistema Central, en Extremadura, Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. El hallazgo de una pieza en Robleda (Salamanca), al norte de la Sierra de Gata, marca, por ahora, el punto más septentrional.
Estela de Robleda.