viernes, 12 de mayo de 2017

El Reino de León tras la muerte del Emperador

LA DECISIÓN DE ALFONSO VII
Alfonso VII. Catedral de Santiago

José I. Martín Benito

Alfonso VII, el Emperador, dispuso que a su muerte su dominio fuera dividido entre sus hijos. Al mayor, Sancho, correspondió Castilla y Toledo y al segundo, Fernando, el reino de León (Galicia, Asturias, León y la Transierra).

Lucas, obispo de Tuy, recoge en su crónica, escrita ena tercera década del siglo XIII:

En la hera de mill e cinto e noventa y çinco, después de la muerte del emperador, los dos hijos suyos Sancho y Fernando començaron a reynar, cada uno a la parte que su padre les avia dado…Mas el rey Fernando, fijo del emperador Alfonso, hermano del rey don Sancho, reynava en esse tiempo en Leon y en Galizia, que lo avia heredado, y muerto su hermano Sancho, él ganó gran parte del reyno de Castilla. Y criava él a Alfonso, hijo de su hermano, moço, el qual avia dado en guarda al conde Manrique.”[1]
Fernando II de León
Así pues, desde 1157, fecha del óbito del Emperador, hasta 1230, cuando muere el monarca leonés Alfonso IX, los reinos de Castilla y León seguirán caminos diferentes, con objetivos expansionistas hacia el sur, pero donde las fricciones en las relaciones entre ambos fueron constantes, lo que llevó a diversos conflictos militares y a los consiguientes tratados de paz. En el caso de León, los intereses expansionistas no chocaban solamente con Castilla, sino también con Portugal. Con el tiempo, León intentó abrirse paso hacia las vegas del Tajo y del Guadiana, comprimido por castellanos y portugueses, so temor de quedarse estrangulado. En ese contexto tiene lugar los combates con los portugueses por Badajoz a partir de 1169, como bien relata Julio González en su Regesta de Fernando II (77-82).

La poco asentada o dibujada línea fronteriza del reino de León hacia los flancos oriental y occidental llevó a los monarcas leoneses al impulso de una política repobladora que trataba de asentar efectivos demográficos y asegurar la defensa del reino. Surgen o renacen villas como Benavente, Villalpando, Belver, Mayorga, Castroverde, Ledesma, Ciudad Rodrigo o, más tardíamente, la Puebla de Sanabria, entre otras.
Murallas de Villalpando.





[1] Lucas de Tuy, Crónica de España. Edición de Julio Puyol. Madrid 1926. Cap. LXXXIII, pág. 402.

No hay comentarios: