miércoles, 18 de enero de 2017

Un zoológico en Benavente

LA COLECCIÓN DE ANIMALES EXÓTICOS DE LOS PIMENTEL

Leones, elefantes, camellos, leopardos, lobos y otras bestias.
Castillo de Benavente.
 

Coleccionar animales exóticos fue una costumbre muy arraigada en las cortes aristocráticas de finales del siglo XV y primeros del XVI. Ello enlaza con una tradición antigua que viene desde los reyes helenísticos y continuó con los emperadores romanos. Suetonio refiere que en los jardines de la Domus Aurea de Nerón había animales domésticos y salvajes de todo tipo. Gordiano III (238-244), según la Historia Augusta, tenía una colección de fieras: 32 elefantes, 10 tigres, 30 leones, 6 hipopótamos y otras muchas fieras salvajes.  

Los mosaicos de las villas romanas de Hispania reproducen animales de la fauna africana, como leones, leopardos, gacelas, así también como otras especies cinegéticas, tales como jabalíes (La Olmeda, [Pedrosa de la Vega (Palencia)].
Mosaico de la villa de La Olmeda (Pedrosa de la Vega).
El coleccionismo de animales atraviesa la Edad Media hispana. Conocido es el episodio del Poema de Mío Cid, cuando el Campeador amansó un bravo león, ante el temor de los austadizos infantes de Carrión. La España musulmana también fue aficionada a mantener animales en cautividad, como lo demuestra el zoológico que hubo en la ciudad califal de Medina Azahara. También los reyes cristianos fueron aficionados a coleccionar animales. Enrique IV, hermano de Isabel la Católica tenía una leonera en el alcázar de Segovia y una osera en el foso del Alcázar; al tiempo mantenía animalías o fieras en El Pardo, Valsaín o Coca. Los reyes de Navarra, a lo largo del siglo XV, tuvieron en el palacio de Olite, gamos, lobos, jabalíes, una jirafa, un dromedario, un mono, búfalos, cotorras, leones... 

León. Grabado de Durero.
Los monarcas, tanto españoles como europeos, se regalaban entre sí leones y otras bestias. Según refiere D. C. Morales Muñiz, el rey aragonés Martín el Humano "le regaló una leona a Carlos el Noble de Navarra. A Juan II de Castilla, a través de un cristiano genovés, le hizo llegar Abu Faris de Túnez dos leones amansados. Pero los monarcas hispanos también entregaron regalos leoninos a sus homónimos europeos. Los castellanos hicieron llegar una pareja de leones, con collares de oro, al rey de Francia en 1411, según consta en crónica de Juan II."

Conocido es el caso del elefante que regaló el rey Juan III de Portugal a su primo el archiduque Maximiliano de Austria, como presente de boda; el paquidermo provenía de la colonia portuguesa de Goa (en la India) y languidecía en Lisboa como juguete de los infantes. Salomón, que así se llamaba el elefante viajó hasta Valladolid y desde aquí a Viena. Este episodio inspiró a José Saramago en su novela "El Viaje del elefante" (2008).

La tradición de coleccionar animales que se mantuvo durante el Antiguo Régimen. Carlos III mandó construir un parque de animales en lo que hoy es la Cuesta Moyano, entre los que había leones y tigres.

Rinoceronte, por Durero.

 También los condes de Benavente fueron aficionados a tener animales salvajes dentro de sus propiedades. Y los tuvieron tanto en el entorno del castillo, como en las fincas de El Jardín y El Bosque, este último en el actual término de Santa Cristina de la Polvorosa.

Conocemos esta afición de los condes por el testimonio de los viajeros de finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Uno de ellos fue Jerónimo Münzer, que en 1494-95 realizó un viaje por España y Portugal. Pasó por Benavente, procedente de Santiago de Compostela, en dirección a Salamanca. Llegó a Benavente el 30 de diciembre de 1494. A él se debe una de las primeras descripciones de la fortaleza de los Pimentel a la que dedica el conocido elogio, al afirmar que es una de las mejores del reino de Castilla y que en España sólo podía ser comparada a las de Granada y Sevilla. Respecto a la colección de animales que tenía el conde de Benavente, don Rodrigo Pimentel, Münzer escribe:

"Su señor es aficionadísimo a toda suerte de animales; vimos nueve leones y otros dos que con un lobo comían tranquilamente en la misma jaula, en la cual entró un negro de Etiopía que comenzó a acariciarlos, de lo que las bestias parecían mostrarse muy complacidas: ¡oh milagros del trato, que logra que las mismas fieras se tornen mansas con quien las halaga! Según me dijo el alcaide, gástanse al año mil quinientos ducados en la alimentación de aquéllas. Ha pocos años tuvieron también un elefante, pero se murió por no poder resistir los fríos del invierno".
San Eustaquio. Durero, 1501.
 
El otro testimonio es el de Antoine de Lalaing, chambelán del archiduque de Austria y narrador del primer viaje que en 1502 hicieron a España Felipe el Hermoso y Juana de Castilla en su primer viaje a España: De la colección de animales del conde de Benavente escribió Lalaing:

"Y el jueves, les invitó por un caballero a que fuesen a ver dos bellísimos parques cerca de su palacio, uno de los cuales estaba lleno de liebres, varias de las cuales son blancas, y había allí un camello, y al extremo un jardín y un cuerpo de edificio. El otro parque, a un cuarto de legua, de allí, está lleno de ciervos y de gamos, de venados y de corzos. El hombre encargado de ello les da de comer dos veces al día. Estos animales están tan acostumbrados a él que, al oír sonar su corneta, acuden a comer delante de él... Abajo hay leones y leopardos, y otras bestias”. 


Bibliografía:

MARTÍN BENITO, José Ignacio: Cronistas y viajeros en el norte de Zamora. Benavente 2005.
MORALES MUÑIZ, Dolores Carmen: "La fauna exótica en la Península Ibérica: apuntes para el estudio del coleccionismo animal en el Medievo hispánic". Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Historia Medieval, tomo 13, 2000, págs. 233-270.



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