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lunes, 26 de junio de 2017

Rutas jacobeas en el norte de Zamora (2)

DE BENAVENTE A ASTORGA

Puente de La Vizana.
José I. Martín Benito
 

La vía debía seguir el valle del Órbigo, por Manganeses de la Polvorosa, Morales del Rey, Coomonte, Alija, Villanueva de Jamuz y La Bañeza. En el siglo XVIII el camino de Benavente iba a Villabrázaro, Paladinos, Maire, La Vizana, cercanías de Alija, Navianos, San Juan y La Bañeza y, desde aquí, a Astorga. El Órbigo se cruzaba en La Vizana, o por el puente o en barca, cuando aquel estaba inservible. Aquí, por un puente de madera, cruzó el río Bernardo de Aldrete en 1612, no sin cierta temeridad.
Era esta una de las principales comunicaciones con Galicia. A finales del siglo XV Jeronimus Münzer empleó diez jornadas desde Santiago a Benavente, por un camino “fragoso y pésimo”. Salió de Santiago el 21 de diciembre y después de pasar por Ferreiros, Mellid, Segonde, Puerto Marín, Sarria, El Cebrero, Villafranca, Rabanal y Val de San Lorenzo, llegó el penúltimo día del año de 1494 a Benavente. Münzer hizo el recorrido empleando jornadas de ocho y nueve leguas, salvo la última etapa entre Val de San Lorenzo y Benavente, donde recorrió diez leguas, pero eso sí, “madrugando antes del alba, y caminando a buen paso” [1].

Peregrino. Grabado siglo XVI.
La misma ruta siguieron pocos años después Antonio de Lalaing, señor de Montigny, Carlos de Lannoy, señor de Saintzelles y Antonio de Quiévranis, señor de Monceaux, a la vuelta de Compostela, invirtiendo nueve jornadas entre Santiago y Benavente, a donde llegaron el miércoles 16 de marzo de 1502, con el siguiente itinerario: Ferreyros (5 leguas), Mellid (5), Guntin (5), Puerto Marín (4), Sarria, Triacastela (4), Santa María de Severe (7), La Vega (4), Villafranca (3), Ponferrada (5), La Sierra (3), Rabanal (4), Astorga (5), Toral (5) y Benavente (5)[2]. La distancia recorrida en cada jornada oscilaba entre ocho y diez leguas, aproximadamente, aunque también se hicieran jornadas más cortas, como las dos últimas, de cinco leguas o, incluso de 11 leguas (entre Sarria y Santa María). A las propias dificultades orográficas se unían también las consecuencias de la climatología. 
Hospital de peregrinos, Benavente.

Más o menos, el trazado coincidía con la Cañada de la Vizana, una de las vías pecuarias que unían las tierras occidentales leonesas con las de la Baja Extremadura. Muy posiblemente la ruta estaba ya configurada antes de la repoblación que Fernando II llevó a cabo en Benavente en la segunda mitad del siglo XII. Los viajeros y peregrinos cruzarían el Esla por el puente que hizo Pedro de Deustamben en El Priorato en el reinado de Fernando I. Este puente, situado entre Villaveza y Milles de la Polvorosa, abría la ruta hacia Arcos, Santa Colomba, Santa Cristina y Manganeses de la Polvorosa, para tomar ya el valle del Órbigo en dirección a la antigua ciudad de Astorga[3]. La construcción del puente de Castrogonzalo, posiblemente antes de finalizar el siglo XII, permitió a los viajeros cruzar el Esla más arriba y llegar a Benavente, sin necesidad de cruzar el Órbigo.
 
 
 
[1] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. I, pág. 362-364.


[2] Las poblaciones donde pernoctaron van señaladas en cursiva.
[3] Sobre ello, R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “Repoblación y reorganización de la red viaria. El puente de Deustambem (siglos XII-XIV)”. Brigecio, 6. Salamanca 1996, pp. 153-178.



miércoles, 21 de junio de 2017

El Camino de Santiago en el norte de Zamora

VALLES DE BENAVENTE

Peregrinos. Grabado de 1850.
José I. Martín Benito
 

Las tierras del norte de la actual provincia de Zamora fueron zona de paso hacia el Finisterre atlántico, hacia las tierras gallegas, en donde Compostela se erguía como reclamo y como meta de los caminantes.

Al menos desde época romana, si no antes, el septentrión zamorano, fue una zona de paso obligado entre el sur y el centro de la Península Ibérica con las tierras del noroeste. La Vía de la Plata, que unía Mérida con Astorga, pasaba por las mansiones de Pretorium (Bretó) y Brigecio (en las inmediaciones de Benavente).

En esta última cruzábase también la vía que unía Astorga con Zaragoza. Durante la repoblación medieval, la vía de la Plata, llamada entonces calzada de la Guinea, fue utilizada por los reinos cristianos y musulmanes en sus incursiones y expediciones militares. Al tiempo que avanzaba la repoblación y expansión de leoneses y castellanos, primero hacia el Tajo y luego hacia el Guadiana, se fue también abriendo paso la trashumancia de los rebaños que, en su mayor parte, seguían el trazado de esta vía. Por aquí también orientaron sus huellas los peregrinos que, desde el sur de la Península, se dirigían a venerar las reliquias del apóstol Santiago en Compostela.


Santaigo peregrino. Santa Marta de Tera.
Desde la época de la repoblación, pues, la villa de Benavente -antes Malgrat- se convirtió en zona de paso de los viajeros del sur; pero también de los que venían desde el centro peninsular, de las tierras vallisoletanas, abulenses y madrileñas. En el siglo XII, las comunicaciones con Castilla desde Benavente se hacían a través de las plazas leonesas de Mayorga, Castroverde y Villalpando. Con el tiempo, los caminos hacia el centro peninsular fueron cobrando mayor relevancia, fruto de la estancia de la corte en Valladolid y, sobre todo, una vez que Felipe II la trasladó a Madrid.

Camino de reyes y de viajeros ilustres. Por Benavente pasaron, entre otros, los Reyes Católicos en 1486, tanto a la ida como a la vuelta de Compostela[1]; Carlos I en 1520 en su primer viaje a Santiago, donde había convocado Cortes, pasó por Benavente, procedente de Burgos y Valladolid[2]; el futuro emperador Maximiliano de Austria que, en compañía del conde-duque de Benavente, viajó en 1548 de Valladolid a Santiago en cinco jornadas, a través de la vía del Tera y Sanabria[3]. 
Puerta de Santiago, del castillo de Benavente.
También el entonces príncipe Felipe en 1554 pasó y se hospedó en Benavente camino de La Coruña para embarcarse hacía Inglaterra[4]. Viajeros como Jeronimus Münzer en 1494 o Antoine de Lalaing en 1502 pasaron también por esta villa a su regreso de visitar la tumba del Apóstol[5].
Benavente se convertía así en una encrucijada de caminos hacia Galicia y hacia las tierras de la Meseta, como lo sigue siendo hoy.

En Benavente y su comarca se abrían y se abren, pues, dos vías alternativas hacia Santiago. Una, siguiendo el camino hacia Astorga, para enlazar con el Camino Francés, y, otra, remontando el curso del valle del Tera y la alta Sanabria para adentrarse en las tierras orensanas de la Gudiña y Allariz y, desde aquí, hacia Compostela.

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http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2014/09/jose-ignacio-martin-benito-juan-carlos.html








[1] J. LEDO DEL POZO, Historia de la nobilísima villa de Benavente, con la antigüedad de su condado,  principio de su condado, sucesos y hazañas heroicas de sus condes. Zamora, 1953. Reed. Facsímil del C.E.B. “Ledo del Pozo”. Benavente, 2000, pág. 279.

[2] J. LEDO DEL POZO, Op. cit., pp. 283-284.

[3]M. SIMAL LÓPEZ, Los condes-duques de Benavente en el siglo XVII. Patronos y coleccionistas en su villa solariega. Benavente, 2002, pág. 46, notas 41 y 42.

[4] A. MUÑOZ, Sumaria y verdadera Relación del Buen viaje que el inuictíssimo príncipe de las Españas don Felipe hizo a Inglaterra. Zaragoza, 1554. Reedición de la Sociedad de Bibliófilos españoles. Madrid, 1877, con notas de P. Gayangos.


[5] J. MÚNZER, Viaje por España y Portugal. Ed. Polifemo. Madrid, 1991, pp. 207-211 y J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Madrid, 1952, 3 vols.

sábado, 30 de abril de 2016

Napoleón en Benavente

El paso del Esla, la voladura del puente de Castrogonzalo y el incendio del castillo, 1808 

José I. Martín Benito



Napoleón. Campaña de Francia. J.L. E. Meissonier, 1864. Museo d´Orsay
Uno de los episodios más conocidos de la Guerra de la Independencia a finales de 1808 es el de la retirada del ejército británico hacia La Coruña, perseguido por las tropas napoleónicas.


En estos movimientos jugó un papel destacado el paso del Esla entre Castrogonzalo y Benavente y, en especial, el puente sobre el río. La situación de Benavente en el camino de Galicia le hizo ser un lugar estratégico para almacenar provisiones de las tropas británicas comandadas por el general sir John Moore. De estos sucesos dan buena cuenta las cartas y memorias de sus protagonistas, tanto militares británicos como franceses.


La voladura del puente de Castrogonzalo
Puente de Castrogonzalo, sobre el Esla.


De todos los testimonios, tanto ingleses como franceses, los sucesos más destacados comenzaron con el paso del ejército británico sobre el Esla en Castrogonzalo en dirección a Benavente. El 27 de diciembre de 1808 los ingenieros ingleses minaron el centro de la estructura del puente, que se rellenó con pólvora, al tiempo que se colocó un tablón estrecho para pasar. Al día siguiente volaron unos cuantos arcos para evitar que el puente fuera utilizado por sus perseguidores. Se trataba, en puridad, del "puente más preciso del Reino", como lo define la documentación del siglo XVIII, por cuanto resultaba necesario para asegurar las comunicaciones del centro -y por tanto de la Corte- con el noroeste peninsular.
Cuando los franceses, procedentes de Medina de Rioseco, llegaron a Castrogonzalo, el puente ya había sido cortado y obstruida la carretera. Entretanto lo arreglaban, encontraron un vado a unos trescientos metros río abajo. Entre 300 y 400 cazadores de la Guardia Imperial comandados por el general Lefebvre-Desnoëttes, se lanzaron por la llanura hasta Benavente, en persecución de la retaguardia inglesa, pensando que el grueso del ejército había abandonado la ciudad.
General Lefebvre.

La captura del general Lefebvre
Las memorias de los oficiales franceses, entre ellas las del barón de Marbot, señalan la temeridad e imprudencia de Lefebvre, pues el general decidió avanzar a pesar de que las patrullas de reconocimiento no encontraron ningún habitante, indicio éste de que los ingleses preparaban una emboscada, como así fue. En efecto, cuando el regimiento de cazadores franceses llegó a Benavente, después de haber atacado a una patrulla de la Legión Alemana, varios escuadrones de Lord Pager le rodearon y entraron en combate. En esas circunstancias, los cazadores de la Guardia Imperial se retiraron en loca carrera hacia el Esla perseguidos por la caballería británica. Cuando llegaron al río, el nivel de las aguas había subido; los soldados intentaron cruzarlo, a duras penas. Por su parte, los ingleses apostaron dos o tres piezas de artillería tiradas por caballos cerca del puente y desde allí hostigaron con fuego al enemigo, que se retiraba al otro lado del Esla, haciendo gran matanza.

La carga de la caballería británica de Lord Paget y del general Stewart, desde Benavente hasta el río, se saldó con varias pérdidas francesas; algunos soldados murieron ahogados, otros por la espada. Augustus Schaumann, oficial de la Legión Alemana, narra episodios truculentos de esta acción en el paso del Esla y cifra en unos cien los prisioneros franceses, “principalmente polacos, italianos y suizos, y también unos cuantos alemanes”. Thomas Pococke, soldado británico del 71 regimiento de infantería ligera de las Higlands de Glasgow, cifra los prisioneros en setenta, al igual que el general Moore. Por su parte, según el testimonio de Adam Neale, las pérdidas francesas eran difíciles de cuantificar, pero calculaba que estas se movieron entre sesenta y doscientas, junto a setenta prisioneros, mientras que las inglesas se elevaban a cincuenta entre muertos y heridos. Las cifras, efectivamente, oscilan. Para el capitán del ejército napoleónico, Nicolás Marcel, los prisioneros franceses fueron 150. Según el testimonio del barón de Lejeune, uno de los protagonistas del combate, sólo unos cien escaparon “como yo de ser heridos a espada o muertos, hechos prisioneros o arrastrados por el agua”.

Baron de Leujene.

Entre los soldados franceses apresados, estaba el general Lefebvre, que intentó pasar el río pero perdió el caballo, por lo que tuvo que volver a nado a la orilla. Varios militares ingleses describen la captura. Entre estos están Gordon, Harris, Verter y Schaumann; de sus testimonios puede resumirse que Lefebvre, sabiéndose perseguido, se dio la vuelta y disparó a sus perseguidores, pero falló el tiro, por lo que se rindió. También los militares franceses relatan el episodio, entre ellos el propio Napoleón, M. de Naylies, los barones de Marbot y de Lejeune, o el oficial polaco del ejército napoleónico D. Chlapowski, entre otros.


Paso del Esla por las tropas de Napoleón en 1808. Al fondo el puente de Castrogonzalo. A la derecha, Castropepe.
El general francés fue conducido a La Coruña y desde allí embarcado como prisionero a Inglaterra, a pesar de los infructuosos intentos de Napoleón por canjearlo por otro oficial británico de la misma graduación prisionero en Francia. El 31 de diciembre, desde Benavente, Bonaparte escribía a Josefina dándole cuenta de los sucesos, al tiempo que le pedía que consolara a la mujer del militar francés[1].


Procedente de Valderas, Napoleón había llegado a Castrogonzalo el 30 de diciembre. Mandó reparar el puente y, mientras tenían lugar los trabajos, ordenó que se buscaran vados. Se encontraron dos: uno cerca de Castropepe, al sur de Castrogonzalo, y otro aguas arriba del puente[2]. No obstante, los ingleses abandonaron Benavente en dirección a Astorga, después de haber prendido fuego a la fortaleza. Entretanto, las tropas de Napoleón habían conseguido vadear el río por encima del lugar donde habían pasado los cazadores de Lefebvre, lugar al que llamaron “Vado del Emperador”, a la altura del pueblo de Castrogonzalo. El primero de enero de 1809, Napoleón salió de Benavente en dirección a Astorga, tras las tropas de Moore. En la ciudad maragata recibió un correo llegado de París y retornó a Francia.

El castillo en llamas

El 30 de diciembre el ejército británico evacuaba Benavente en dirección a Astorga. En su huida, saquearon e incendiaron parcialmente la población. Durante su estancia destruyeron el mobiliario del castillo-palacio de los Pimentel, donde se habían alojado. Entre los muchos testimonios de aquel suceso, está el del capitán escocés Thomas Pococke:

El castillo de Benavente en el siglo XVIII.
"... todo aquellos que quemase fue convertido en combustible, e incluso las hogueras se colocaban contra los muros, de tal manera que pudieran mantenerse más tiempo y arder mejor".

El incendio se avivó el 7 de nero de 1809 durante la estancia francesa. Parece que los franceses, como antes los ingleses, utilizaron también piezas del mobiliario para hacer hogueras y calentarse.  A partir de aquel devastador incendio, el alcázar benaventano empezó su calvario. Pero esa es ya otra historia: la del principio del fin.


"Carga sobre el Esla", de William Barnes Wollen.

El paso del Esla ha inspirado a varios artistas. En una litografía de Engelmann que ilustra los Souvenirs pittoresques du General Baclar d´Albe. Campagne d´Espagne, publicado en Paris en 1820, se reproduce el paso del río por el ejército francés, con Castrogonzalo en un segundo plano. También, el pintor William Barnes Wollen (1857-1936), nos dejó una pintura de la carga de caballería británica contra las tropas francesas. Más recientemente, Mark Churms ha recreado el cruce del Esla, en una pintura al óleo, con el puente de Castrogonzalo como fondo (1999).

El paso del Esla, de Mark Churms.
[1] J. I. MARTÍN BENITO: Cronistas y viajeros por el norte de Zamora. Benavente 2004, págs. 50 a 52 y 191 y ss.

[2] J. PRIEGO LÓPEZ: Guerra de la Independencia (1808-1814). Vol. III. Segunda campaña de 1808. Madrid 1972, pág. 221.


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Actualidad (7 de mayo de 2016): 

El 1 de Mayo de 2016 el puente de Castrogonzalo cedió en una de sus pilas. Buena parte del paramento se inclinó y el tablero quebró, produciéndose un gran socavón en la calzada que obligó a la Guardia Civil  a cortar el paso. Agricultores, peregrinos, ciclistas y peatones en general están siendo los grandes damnificados. En septiembre estaba previsto que una de las etapas de la Vuelta Ciclista a España pasara por el puente. La Subdelegación del Gobierno ha estudiado abrir un paso alternativo para que los agricultores puedan pasar con su maquinaria a la margen derecha, a realizar las labores agrícolas. Para ello, a partir de la próximia semana, quedará habilitado un carriel en la A-6. Queda por ver todavía qué decisión se tomará para el paso de peatones y ciclistas; muchos de estos son peregrinos, que transitan por este lugar del Camino de Santiago y de Vía de la Plata.







Actualidad (6 enero 2017)

Finalmente, el Ministerio de Fomento ha acometido las obras de restauración del puente de Castrogonzalo. Durante varios meses, el tráfico de vehículos agrícolas se desvío por la A-6, habilitando uno de los carriles en dirección a Benavente. Los trabajos de rehabilitación del arco hundido y del tablero, así como labores de limpieza del cauce, están llegando a su fin y, presumiblemente, en las próximas semanas el puente de piedra se abrirá de nuevo al tránsito de personas y vehículos.

(7 de enero 2017). "El río Esla recupera la normalidad"

Abierto al tráfico el puente de Castrogonzalo


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domingo, 27 de marzo de 2016

El Filandón y las prohibiciones de la Iglesia (2)

UNA COSTUMBRE GENERALIZADA 

José I. Martín Benito 

A mediados del siglo XVII, el filandón ya era objeto de atención por parte de los prelados astoricenses. En la visita de 1646 del vicario capitular de Astorga a la parroquia de Estébanez de la Calzada, se informaba que “habiéndose informado que todavía se mantiene el abuso de los filandones, juntándose en ellos hombres y mujeres, sin embargo de las continuas providencias… que el dueño de la casa donde se hicieren se le multe con 4 ducados de vellón para la luminaria del Santísimo…” [1].
Mujer hilando en Lubián (Zamora), 1953.
El filandón debía ser una costumbre generalizada en el obispado asturicense. J. Mª Sutil informa que se dieron autos sobre filandones en las visitas pastorales en las comarcas de Cepeda, Cabrera, Maragatería, Valduerna, Valdería, etc….[2] En la visita pastoral a Tabladas de 1729, el obispo Bermúdez mandó al cura evitar “el pernicioso abuso de los filandones” bajo pena de Excomunión “Y en adelante no se presenten en casa o casas que acostumbran hacer semejantes diversiones. Y el dueño o habitador de las referidas casas que las permitiese, el cura los evite de los Divinos Oficios y les saque de multa, la primera vez, seis reales, y doce por la segunda. Y si se llegase a la tercera su contumacia le remita preso a la cárcel de la Corona de Astorga y lo mismo ejecute con las personas que concurriesen a las referidas casas, sacándoles la mitad de la multa antecedente y todo se aplique por la luminaria del Santísimo. Y por todo lo referido se le concede al cura la facultad necesaria con la de excomulgar y absolver”[3]. Un año más tarde en la visita a Castrillo de Cabrera, el obispo dio un auto prohibiendo los filandones de hombres y mujeres. En estas veladas se cantaba y bailaba. Ese mismo año, el obispo Bermúdez visitó la parroquia de Castropepe, entonces bajo la administración asturicense y mandó que “se evitasen los bailes de noche que se hacían en casas particulares, mezclándose hombres con mujeres, especialmente los salteados”[4].

Benavente y otros lugares del entorno del Esla estaban incluidos en la Vicaría de San Millán, que dependía del obispado de Oviedo. Precisamente, en tiempos del prelado ovetense Agustín González Pisador, el Sínodo de 1769 legisló sobre los Filandones. Para ello se encomendaba a los párrocos que no los permitieran y, en caso necesario se recurriera a la justicia ordinaria:

“Sobre Filandones y hogueras nocturnas


- XXIV. Y porque en algunas partes de este nuestro Obispado hai la mala, y perniciosa costumbre de juntarse por las noches en casas particulares mozos, y mozas á lo que llaman Filandones, fogueras y otras semejantes, de que se siguen muchos perjuicios y pecados, que hemos procurado evitar por nuestros Edictos, y providencias dadas al efecto, y que le han tenido en parte; por tanto prohibimos generalmente dichas Juntas, y Filandones, y mandamos á nuestros Curas que no las permitan en sus Parroquias, exortando á sus Feligreses á que se abstengan de ellas y en caso necesario á las Justicias de S. M. para que castiguen á los contraventores, como así lo confiamos de su zelo por el bien público
”[5].  
Constituciones sinodales de la diócesis de Oviedo, 1769.
Sin embargo, no parece que la “cruzada” de la Iglesia contra los filandones o hilandares erradicara la costumbre, pues se seguía insistiendo sobre ello, como lo hizo el prelado de Astorga, Francisco Isidoro Gutiérrez en un edicto dado el 14 de abril de 1799:

“Exhortamos a todos nuestros Diocesanos, á que empleen y ocupan los días festivos en dar á Dios nuestro Señor el debido culto y veneración, y que por ningún motivo los pasen en diversiones ilícitas, juegos, bayles, filandones, embriagueces, ú otros vicios tan agenos de las obligaciones de un Christiano, como contrarios a la sana intención de los Sumos Pontífices”[6]. 


Texto extraído de mi trabajo:

 
(2015). “En torno al filandón. Hilaturas, telares y veladas en el norte de Zamora (siglos XVIII-XX)”. Brigecio. Revista de Estudios de Benavente y sus Tierras, 24-25 [2014-2015]. 254 páginas. ISSN: 1697-5804, pp. 43-72.


(Concluirá)

[1] Libro de Fábrica, 1649, fol. 126, citado por M. MARTÍNEZ MARTÍNEZ: Vocabulario, costumbres y paisajes agrarios en el ribera del Órbigo (Estébanez de la Calzada). León 1985, pp. 83-84.
[2] J. Mª SUTIL PÉREZ: “Los Autos de visitas y costumbres populares”. Actas del XIII Congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España (Sevilla 1997). Memoria Ecclesiae, 1999, pp. 375-386.
[3] J. Mª SUTIL PÉREZ, Op. cit., pág. 200.
[4] Mª SUTIL PÉREZ, Op. cit., pp. 200-201.
[5] Constituciones sinodales del obispado de Oviedo (1769), hechas en esta ciudad por el ilustrísimo Sr. Dn Agustín González Pisador, obispo de dicha diócesis. Salamanca 1786, pág. 119.
[6] Constituciones Sinodales del obispado de Astorga, copiladas, hechas y ordenadas por D. Pedro de Roxas, obispo de Astorga (1595), reimpresas en Salamanca en 1799. Contiene un Edicto de 14 de abril de 1799, pág. 366.



viernes, 11 de marzo de 2016

Napoleón en España: Apuntes para una ruta (y 4)

VILLAS Y CIUDADES NAPOLEÓNICAS EN ESPAÑA

José Ignacio Martín Benito



­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­ITINERARIO NAPOLEÓNICO

1808
. 3 noviembre 1808. Bayona.
. 5-6 noviembre. Vitoria.
. 10 noviembre. Armiñón (Álava)
. 10 noviembre (tarde). Cubo de Bureba (Burgos). Más al norte tropas francesas libran la Batalla de Espinosa de los Monteros.
. 11 noviembre (mañana). Batalla de Gamonal. Napoleón entra en Burgos.
. 23 noviembre. Salida de Burgos y entrada en Aranda.
. 29 noviembre. Salida de Aranda y llegada a Boceguillas (Segovia) (mediodía).
. 30 noviembre. Traslado a Cerezo de Abajo (Segovia). Batalla de Somosierra.
. 30 noviembre. Llegada a Buitrago.
. 2 diciembre. Napoleón en Chamartín (Madrid).
. 9 diciembre. Napoleón entra en Madrid. Cuartel general en Chamartín.
. 22 de diciembre. Bonaparte parte de Chamartín, pasa el pueblo de Guadarrama, cruza el puerto y llega a San Rafael.
. 23 de diciembre. Villacastín.
. 24 de diciembre. Arévalo.
. 25-27 diciembre. Tordesillas.
. 29 diciembre, en Medina de Rioseco y Valderas.
. 29 diciembre. Castrogonzalo.
. 30 y 31 diciembre. Napoleón en Benavente.

1809
. 1 de enero de 1809. Napoleón sale de Benavente en dirección a Astorga. Llegada a la ciudad maragata.
. Del 1 al 3 de enero, estancia en Astorga.
. 3 de enero. En la mañana del día 3, sale de Astorga y se traslada a Benavente, donde pasó la noche.
. Hay correspondencia fechada en Benavente los día 4 y 5 de enero.
. Napoleón hace el camino entre Benavente y Valladolid en una jornada. Hay carta fechada en Valladolid el 5 de enero.
. 17 de enero. Napoleón sale de Valladolid en dirección Burgos, para marchar a Francia.



La Ruta de Napoleón en España