jueves, 12 de abril de 2018

Los ríos en la estrategia militar

LAS BARCAS DEL ESLA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA 
Barca inutilizada.

José Ignacio Martín Benito


La guarda de los pasos fluviales constituyó uno de los objetivos de la estrategia militar. Durante la Guerra de la Independencia, la partida de Tomás García Vicente procuró hacerlo en la línea de los ríos Duero, Esla y Tera; con este motivo, en 1810, dieciséis soldados de la Legión de Honor de Castilla, comandados por el alférez Casiano Vicente, se enfrentaron a 1.400 franceses en la defensa de la barca de Villalcampo[1].

La destrucción de las barcas del Esla

Las barcas jugaron su papel en esta contienda, sobre todo en la famosa retirada hacia La Coruña del ejército británico, comandado por sir John Moore y perseguidos por Napoléon y, en concreto, en la conocida como "Carrera de Benavente". En los últimos días de 1808 los ingleses trataron de entorpecer y obstaculizar el avance de las tropas francesas, inutilizando puentes y barcas que dejaban a sus espaldas. Así, según informa el capitán Alexandre Gordon, componente del 15º de Húsares, el mando inglés envió un escuadrón a destruir las barcas del río Esla entre San Cristóbal y Valencia de don Juan, entre ellas la de la Villafer[2]:


“Día 28. A las diez de la mañana, mientras los hombres estaban muy ocupados con la comida de los animales, sonaron los clarines dando la orden de “¡A los caballos!” y formamos con gran prisa, como consecuencia de un informe de que los franceses habían forzado el paso por el puente, esto, sin embargo, demostró ser una falsa alarma, y se envió al regimiento otra vez al acuartelamiento, con la excepción del escuadrón izquierdo, que se envió a destruir las barcas del río entre San Cristóbal y Valencia".
Barca de Aldea del Puente (Esla).
La barca de Villafer

La barca de Villafer, a dos leguas del pueblo anterior, está en la margen izquierda del río; como sucedió que la barca estaba en nuestro lado, cargando pasajeros, se puso inmediatamente a trabajar con ella un grupo, pero, al no tener instrumentos adecuados para este fin, costó mucho tiempo y trabajo dejarla inservible. Se enviaron destacamentos para destruir las barcas de los otros pasos, y, tras dejar apostados unos exploradores a caballo para observar el pueblo, marchamos sobre una legua más adelante, hasta Villalpando, donde nos consideramos perfectamente a salvo, pues los españoles nos habían asegurado que el río no era vadeable”.

El paso del Esla por los franceses a finales de 1808. Al fondo el puente inutilizado de Castrogonzalo.

El paso del Esla en 1808.

A esta destrucción alude el concejo de Villafer cuando en 1815 entabla pleito con el de Benavente acerca de los derechos de echar barca en el río, argumentado que: “habiendo sobrevenido la desgracia de la guerra, el ingles tomo la medida de quemar la varca para estorbar por ella el transito del enemigo, sin que la villa de Benavente cuidase de reponer otra, haciendolo los de Villafer, quienes construyeron no una sino dos, que fueron quemadas”[3].

Puente de Castrogonzalo.
Pero durante la Guerra de la Independencia no sólo se destruyeron los pasos móviles. El puente de Castrogonzalo, principal paso del Esla, fue también inutilizado, como señala Gordon:

“Habiéndose determinado que se destruyera el puente del Esla para entorpecer el avance enemigo, un grupo de ingenieros se empleó en minarlo cuando cruzamos el 27 y la noche siguiente se le hizo volar”.

Destruido el puente, los franceses buscaron pasos alternativos, inspeccionaron el río en busca de vados, registraron las orillas para localizar barcas y árboles para construir balsas. Así lo narra el oficial polaco, enrolado en el ejército napoleónico, Dezydery Chlapowski, que atravesó el río a nado y encontró las barcas en la orilla opuesta, encontrándose con el fuego enemigo. Por esta acción se le concedió la Legión de Honor:


“El Emperador envió a alguno de nosotros con destacamentos de la guarda, a la derecha y a la izquierda, a lo largo del río para buscar barcas o árboles para hacer balsas.

A un millar de pasos, cerca de un pueblo abandonado, encontré entre la maleza algunos pequeños barcos, situé en cada uno 2 “voltigeurs” y regresamos a fuerza de remar hacia el Emperador.

En cada uno de estos barcos hice cruzar el río a algunos “voltigueurs”, con los que partió el oficial de ordenanza Fodoas. Algunos escuadrones siguieron a los “voltigueurs”, en parte vadeando el río cuando hacían pie y otros a nado en lugares profundos. También llegaron tanto la división de caballería, como la artillería. El Emperador ordenó a la caballería cruzar el río por un vado que se encontraba un poco más arriba, obligando a los escuadrones a aproximarse lo más cerca posible, sin que hubiese distancias entre ellos, y los oficiales en su lugar. Esta columna apretada formó una presa humana y un poco más abajo el agua descendió. El Emperador hizo pasar por este lugar a la artillería que logró cruzar el río sin mojar sus municiones. Cuando dicha artillería estaba en la orilla opuesta, el Emperador cruzó a su vez con todos nosotros. Por la noche llegamos a Benavente, congelados y mojados. Era a finales de diciembre de 1808”
[4] 

Barca de Villaflor. Archivo Iberdrola.

 [1] T. GARCÍA VICENTE: Documentos relativos a las operaciones de la Legión de Honor de Castilla que mandaba en 1808 y 10 el brigadier don Tomás García Vicente, que la creó. Madrid 1843, pp. 2-3.
[2] J. I. MARTÍN BENITO: Cronistas y viajeros por el norte de Zamora. Benavente 2004, pág. 213.
[3] Archivo Municipal de Benavente. Leg. 90, 5.
[4] J. I. MARTÍN BENITO: Cronistas y viajeros…, pp. 251-252
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