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lunes, 30 de julio de 2018

Un poblado de la Edad del Bronce en Forfoleda (Salamanca)

EL TESO DEL CUERNO 

José I. Martín Benito


Entre 1988 y 1991, junto a mi colega M. C. Jiménez González, llevé a cabo varias campañas de excavación arqueológica en Forfoleda (Salamanca), concretamente en el denominado “Teso del Cuero”, un cerro que jalona los valles de Cañedo y Valdunciel, en dirección a Torresmenudas.

El campo de hoyos

Los hallazgos depararon un poblado de la Edad del Bronce, con una cronología del II y I milenio a. C. Los trabajos localizaron unas subestructuras de habitación, de forma circular, conocidas como “hoyos”. Se localizaron y excavaron un total de 111 de estos. Este “campo de hoyos” aparecía a unos 20-30 cm respecto al nivel de la tierra vegetal. Son estas estructuras excavadas por debajo del nivel de ocupación de las cabañas que componían el poblado. Estaban rellenados con materia orgánica y en dicho relleno se encontraron fragmentos de cerámica, industria lítica, bloques de adobe o de barro de construcción con improntas de paja o elementos vegetales, piedras de arenisa.

Vaso cerámico.

Algunos de estos hoyos fueron concebidos para albergar un gran recipiente, como en el señalado con el número 14, donde se halló una gran olla de boca ancha y pie pequeño que contenía, a su vez, un puchero, apoyado en tres cantos rodados. En el hoyo 77 se alló una olla globular que contenía en su interior una quesera fragmentada.

La cabaña del teso del Cuerno

Hacia el mediodía del cerro, los trabajos pusieron al descubierto los restos de una estructura delimitada por huellas de poste, de planta elíptica-ovalada. Tenía una anchura máxima en el centro de 4 m. y una longitud de 9m. En el centro había cuatro huellas de poste, que pudieron servir de ejes centrales para asegurar la cubierta de tipo vegetal.

Estructura constructiva con huellas perimetrales y centrales de postes.


La cronología, el contexto cultural y el modo de vida

A raíz del análisis radiocarbónico de las muestras y del estudio comparativo del material arqueológico, El Teso del Cuerno de Forfoleda se sitúa entre el Bronce Medio  y el Bronce Final de la meseta española, sin descartar, incluso, ocupaciones más antiguas.
De la investigación arqueológica llegamos a la conclusión de que aquí habitó una comunidad que basaba su economía en la explotación agrícola y ganadera. La actividad agrícola viene determinada, principalmente, por el hallazgo de los molinos de mano, así como por los elementos de hoz, mientras que la ganadería queda avalada por los restos óseos de ovicápridos (ovejas y cabras) y de bos taurus (vaca). La caza sería también una actividad complementaria, como lo revelan los restos óseos de cervus elaphus (ciervo).

Jarra del hoyo 12.

Trabajos de excavación.
Vaso del hoyo 14.

Los hallazgos arqueológicos están depositados en el Museo de Salamanca, donde se exponen al público las piezas más significativas.

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domingo, 15 de julio de 2018

Románico en Torresmenudas (Salamanca)

UNA IGLESIA A ORILLAS DEL CAÑEDO

José Ignacio Martín Benito


Iglesia de Torresmenudas.

A principios del siglo XVII se informaba que el lugar de Torresmenudas (Salamanca) tenía una iglesia vieja dedicada a San Román. Seguramente, por entonces, conservaba buena parte de su fábrica románica, de la que en la actualidad únicamente se conserva la portada que da al mediodía. No obstante, según información que nos dio el párroco, esta se trajo en el siglo XVII de Valdelaermita, en el camino de las huertas hacia Aldearrodrigo, lo que no hemos podido confirmar. En todo caso, salvo la portada, el resto parece ser principalmente obra del siglo XVIII. Fue entonces cuando se levantó la espadaña (1716) y se hizo también la cabecera, cuadrada, en cuya parte superior se abrió una ventana, en estilo barroco clasicista, con frontón partido y placas. El atrio actual se construyó en 1999 en piedra de Villamayor, para proteger la entrada.

En su interior poco o nada queda de lo que debió ser su patrimonio mobiliario, salvo la talla gótica de la Virgen de la Paz
Portada de la iglesia.

Pero, sin duda, lo más interesante es la portada, con tres arquivoltas de medio punto, sin tímpano y dos columnas adosadas a las jambas. Aquellas son de fuste liso, con toscos capiteles, en donde van representados una cruz, hombre, y animales. Por las jambas corre una decoración en dientes de sierra, que se repite también en la primera y segunda arquivolta. En los cimacios van dos filas de arquitos y por encima de la última arquivolta, donde van aves, corre una cornisa con canecillos de figuras antropomorfas, de animales, cruz patada en círculo y bola con zig-zag. 

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Capitel de la portada.

Relicario, siglo XVI.