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lunes, 30 de julio de 2018

Un poblado de la Edad del Bronce en Forfoleda (Salamanca)

EL TESO DEL CUERNO 

José I. Martín Benito


Entre 1988 y 1991, junto a mi colega M. C. Jiménez González, llevé a cabo varias campañas de excavación arqueológica en Forfoleda (Salamanca), concretamente en el denominado “Teso del Cuero”, un cerro que jalona los valles de Cañedo y Valdunciel, en dirección a Torresmenudas.

El campo de hoyos

Los hallazgos depararon un poblado de la Edad del Bronce, con una cronología del II y I milenio a. C. Los trabajos localizaron unas subestructuras de habitación, de forma circular, conocidas como “hoyos”. Se localizaron y excavaron un total de 111 de estos. Este “campo de hoyos” aparecía a unos 20-30 cm respecto al nivel de la tierra vegetal. Son estas estructuras excavadas por debajo del nivel de ocupación de las cabañas que componían el poblado. Estaban rellenados con materia orgánica y en dicho relleno se encontraron fragmentos de cerámica, industria lítica, bloques de adobe o de barro de construcción con improntas de paja o elementos vegetales, piedras de arenisa.

Vaso cerámico.

Algunos de estos hoyos fueron concebidos para albergar un gran recipiente, como en el señalado con el número 14, donde se halló una gran olla de boca ancha y pie pequeño que contenía, a su vez, un puchero, apoyado en tres cantos rodados. En el hoyo 77 se alló una olla globular que contenía en su interior una quesera fragmentada.

La cabaña del teso del Cuerno

Hacia el mediodía del cerro, los trabajos pusieron al descubierto los restos de una estructura delimitada por huellas de poste, de planta elíptica-ovalada. Tenía una anchura máxima en el centro de 4 m. y una longitud de 9m. En el centro había cuatro huellas de poste, que pudieron servir de ejes centrales para asegurar la cubierta de tipo vegetal.

Estructura constructiva con huellas perimetrales y centrales de postes.


La cronología, el contexto cultural y el modo de vida

A raíz del análisis radiocarbónico de las muestras y del estudio comparativo del material arqueológico, El Teso del Cuerno de Forfoleda se sitúa entre el Bronce Medio  y el Bronce Final de la meseta española, sin descartar, incluso, ocupaciones más antiguas.
De la investigación arqueológica llegamos a la conclusión de que aquí habitó una comunidad que basaba su economía en la explotación agrícola y ganadera. La actividad agrícola viene determinada, principalmente, por el hallazgo de los molinos de mano, así como por los elementos de hoz, mientras que la ganadería queda avalada por los restos óseos de ovicápridos (ovejas y cabras) y de bos taurus (vaca). La caza sería también una actividad complementaria, como lo revelan los restos óseos de cervus elaphus (ciervo).

Jarra del hoyo 12.

Trabajos de excavación.
Vaso del hoyo 14.

Los hallazgos arqueológicos están depositados en el Museo de Salamanca, donde se exponen al público las piezas más significativas.

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martes, 6 de junio de 2017

Castros del Águeda

LA PLAZA (GALLEGOS DE ARGAÑÁN)

José I. Martín Benito
 

El Águeda desde "La Plaza".
Introducción

La divulgación del hierro en la Meseta española es más bien lenta. En la primera mitad del primer milenio a. C. continúa la fabricación de objetos de bronce frente a una tímida presencia del nuevo metal. Será a partir de finales del siglo VI y principios del V a. C. cuando el uso del hierro se generalice. Los autores distinguen entre una Primera y una Segunda Edad del Hierro. Los emplazamientos de los poblados suelen ser en lugares altos, bien defendibles por la orografía, reforzados con sistemas artificiales de defensa, tales como murallas, bastiones, fosos o piedras hincadas.

Verraco vettón. Gallegos de Argañán.
En la Tierra de Ciudad Rodrigo contamos con una serie de poblados fortificados correspondientes a esta etapa, varios de los cuales se localizan a lo largo del río Águeda. Culturalmente se inscribendentro del pueblo prerromano de los vettones, al que pertenecen las esculturas de toros y verracos.


La Plaza (Gallegos de Argañán).


El castro de “La Plaza”, situado en el término de Gallegos de Argañán, se defiende tras los barrancos formados por el encajamiento del río Águeda –al noroeste- y sus afluentes, los arroyos de Regajal y Zamarreño.

La defensa natural se completa con una estructura artificial compuesta por una barrera de piedras hincadas, un doble foso y muralla.



Barrera de piedras hincadas.

Las piedras hincadas se encuentran en la parte de acceso más vulnerable. La barrera está compuesta por bloques paralepípedos de grauvaca y algunos –los menos, de cuarcita blanca. La barrera tiene una longitud aproximada de 100 metros y una anchura entre los 12,60 y los 14,60 mts. Los bloques emergen, en ocasiones, 1 m. por encima del suelo. En la misma barrera, muy candada, se aprovechan crestas naturales de al roca. La entrada al recinto tiene lugar en embudo, muy desfigurada por el derrumbe. Refuerza la entrada se sitúa un bastión circular, adosado a la misma.
Restos de la muralla.
Se identifican dos recintos. El exterior, con muralla conservada en talud. El interior, igualmente amurallado, se observa por un terraplén, en el que aún se observan hiladas de pizarra del muro. La construcción de la muralla parece haberse hecho con lajas o sillares de medianas y pequeñas dimensiones.

Todo el perímetro de la muralla externa se halla protegido por dos fosos que discurren circundando la muralla por el NE-O y mediodía. El foso interno arranca con dirección E-O, en el sector occidental del castro. Excavado en la roca, mide 18,5 m. de largo y cerca de 3,5 m. de ancho, además de tener una profundidad cercana a los 3 m. Este foso dobla en recodo de 90º para seguir una dirección N-S, con una longitud aproximada de 68,5 m. y con 7 m. de anchura. Junto a este tramo discurre un segundo foso paralelo al mismo por el exterior, con unas dimensiones similares, aunque menos profundo. El foso desaparece cuando contacta con el bastión occidental –que sobresale de la muralla y posee paramento interno y habitáculo interior. En los sectores suroccidental y meridional vuelve a aparecer el sistema de foso, excavado a veces en la misma roca del sustrato.

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Castro y Museo de Yecla de Yeltes 
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Foso del castro de "La Plaza" (Gallegos de Argañán).



lunes, 17 de abril de 2017

El ídolo de Ciudad Rodrigo

LAS ESTELAS DE GUERRERO DEL OCCIDENTE PENINSULAR

Estela de Solana de las Cabañas (Cáceres)
José I. Martín Benito

Con el nombre de estelas decoradas o estelas extremeñas conocemos un tipo de representaciones que llevan una serie de grabados, donde, por lo general, el elemento común es siempre un escudo redondo, a veces con escotadura. A esta pieza suelen acompañarle representaciones de armas, sobre todo espadas y lanzas. Las hay, también, que llevan una representación antropomórfica, como los ejemplares de Solana de las Cabañas (Cáceres), Cabeza de Buey, Magacela o Fuente de Cantos (Badajoz)[1]. En otras estelas son también comunes las representaciones de carros con dos ruedas (Fuente e Cantos) y con cuatro (Solana de las Cabañas y Cabeza de Buey, entre otras).
Los hallazgos de estas piezas han revelado hasta el momento, que el área de dispersión se extiende por la alta Extremadura -cuenca del Tajo- por la cuenca del Guadiana y por el valle del Guadalquivir[2]; en concreto, por las provincias de Cáceres, Badajoz, Ciudad Real, Córdoba, Sevilla y este de Portugal (Sierra de la Estrella y el Algarve), El carácter funerario de estas piezas parece evidente y, como estelas sepulcrales pondrían de relieve el carácter guerrero o militar de los individuos a los cuales estarían dedicadas. El profesor M. Almagro señaló que habrían sido fabricadas en honor de aquellos personales importantes, reyes o caudillos de un pueblo guerrero, jerárquico y aristocráticamente organizado[3].
Estela de guerrero (Museo Arqueológico Nacional).
La forma de las estelas es indicativa de la posición que pudo tener en relación con la tumba del difunto: las alargadas en la base indican que pudieran haber estado destinadas a estar clavadas en el suelo, señalizando quizá un túmulo, probablemente de incineración, si bien las hay casi rectangulares, no preparadas en su parte inferior para ser hincadas en tierra; en este caso, la propia losa representaría al guerrero con sus armas y la función de estas losas casi rectangulares irían depositadas sobre enterramientos de inhumación en cistas.

No obstante, se han esgrimido también otras teorías, como la que, sin negarle un posible significado funerario-conmemorativo, sostiene que se trata de hitos de referencia, visibles en el paisaje y que marcarían el paso en las vías ganaderas o rutas comerciales[4].
La cronología de estas estelas funerarias se situaría con posterioridad al 800 a. C., es decir, desde el Bronce Final, perdurando hasta el 600 a. C., e, incluso, hasta el siglo IV a. C. esto es, hasta la cultura de los castros de la Edad del Hierro[5].
Estela de guerrero (MAN)

Estela de San Martín de Trevejo (Cáceres), según M. García Figuerola, 1982.
 (Continuará: Las estelas de guerrero situadas al norte del Sistema Central) 

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NOTAS:

[1] M. ALMAGRO BASCH (1966): Las estelas decoradas del suroeste peninsular. B.P.H. 8. Madrid. Véase también J. I. MARTÍN BENITO y J.C. MARTÍN BENITO: Prehistoria y romanización de la Tierra de Ciudad Rodrigo. Salamanca, 1994, pp. 114-117. 
[2] T. CHAPA y G. DELIBES: “El Bronce Final”. En Manuel de Historia Universal. Vol. I. Prehistoria, pág. 543. Madrid 1983. 
[3] Ibidem, pág. 200.
[4] M. RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO y E. GALÁN DOMINGO: “ Las estelas del suroeste como hitos de vías ganaderas y rutas comerciales”. Trabajos de Prehistoria, 48 (1991) p.257-273. 

[5] F. JORDÁ y J. Mª BLÁZQUEZ: Historia del Arte Hispánico. I. La Antigüedad, pág. 153. Madrid, 1978.

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martes, 6 de septiembre de 2016

Un castro del Calcolítico en la Meseta del Duero

"El Pedroso" de Trabazos y sus grabados rupestres

Peñascales de "El Pedroso".
José I. Martín Benito

El castro de “El Pedroso” es un poblado fortificado que se remonta a la Edad del Cobre y que se localiza en el término de San Martín del Pedroso, municipio de Trabazos (Zamora); está limitado al oeste por el río Manzanas, próximo a la frontera portuguesa. Fue declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de zona arqueológica (BOE de 1 de agosto de 2009). El expediente para su declaración fue abierto el 24 de noviembre de 1980. 

El poblado se ubica en un cerro o inselberg granítico que destaca sobre la penillanura pizarrosa de la comarca de Aliste. El Pedroso es uno de los pocos poblados calcolíticos de la Meseta con defensas artificiales. El castro se defendió por una muralla de medio kilómetro de longitud, construida por bloques de granito dispuestos en hiladas, con un espesor que en algunos casos supera los tres metros. El lienzo externo del paramento está realizado con ortostatos de piedra de gran tamaño, con relleno de bloques de granito, “adosado a los grandes farallones rocosos, que se incorporan a la línea defensiva” (BOCYL, nº 42, de 3 de marzo de 2009). El sistema defensivo se refuerza con una puerta “en embudo”, entre dos grandes bastiones, mientras que en el punto más alto se detecta una gran torre circular englobada en la muralla, que pudo hacer las veces de torre de vigilancia. 

El área protegida por la muralla supera las 4 Has. Como se recoge en la descripción de la información pública sobre el expediente para la declaración BIC (BOCYL, de 3 de marzo de 2009): “El Pedroso es uno de los poblados fortificados con más relevancia de la Península en época calcolítica debido a la complejidad del sistema defensivo, a la estructura de sus áreas de habitación y a la disposición topográfica que presenta. A ello se une el haberse constituido en un importante foco de producción de industria lítica, especialmente puntas de flecha y hachas pulimentadas, documentadas con amplitud en la zona de habitación”. 

Grabados rupestres de "E Pedroso".
La excepcionalidad del yacimiento alistano radica en que en la falda del cerro existe un santuario de grabados rupestres. Este se localiza en un canchal de la ladera sureste, al que se accede por una grieta natural, que produce en su interior un espacio alargado, en forma de “L”. En sus paredes, de cerca de tres metros de altura hay cinco paneles con grabados de diversos motivos. Proliferan cazoletas, signos cruciformes, manos, retículas, puntos, así como representaciones humanas esquemáticas, con antropomorfos con los brazos en asa, ancoriformes o figuras en “phi” y hasta un posible idoliforme oculado[1].

La investigación realizada en este entorno, revela la existencia de dos momentos de ocupación: Neolítico final-Calcolítico, y Bronce Inicial. Todos los elementos descriptos convierten a El Pedroso en “un enclave de carácter protourbano de primer orden, comparable a otros núcleos peninsulares como Los Millares en Almería o Zambujal en Portugal. Los grabados, prácticamente únicos en la Edad del Cobre de la Meseta española, se encuentran sin ninguna protección y su acceso es totalmente libre. Ello ha provocado que en el interior del “santuario” hayan proliferado agresiones de época actual, habiéndose grabado en la roca fechas y nombres al lado o superpuestos a las insculturas prehistóricas. Por ello, para salvaguardar la integridad de dichos grabados, sería conveniente, la protección de los mismos, mediante la colocación de una verja en la grieta de acceso, como se ha hecho con varios abrigos rupestres con pintura esquemática. Al mismo tiempo, sería conveniente la puesta en valor del yacimiento arqueológico y su inserción dentro de la promoción turística de la comarca de Aliste.

[1] DELIBES DE CASTRO G. 1995): “Neolítico y Edad del Bronce”. En Historia de Zamora. Tomo I. De los orígenes al final del medievo, pp. 70.72 y 76-77. 

viernes, 27 de mayo de 2016

Los vettones

Castros prerromanos


José I. Martín Benito

Castro de Yecla de Yeltes (Salamanca)
El pueblo prerromano de los vettones habitó las tierras occidentales de la Meseta española durante la II Edad del Hierro, esto es entre los siglos V y I a. C. Las primeras noticias escritas que tenemos de ellos se deben a los autores clásicos que acompañaron a los ejércitos romanos en la conquista de Hispania. Por Estrabón, Plinio y Ptolomeo, sabemos que los vettones ocupaban un amplio territorio cuya zona nuclear debió situarse entre los ríos Tormes, Duero y Tajo, una extensión de unos 32.000 kilómetros cuadrados entre el suroeste de la provincia de Zamora, Salamanca, gran parte de la de Ávila, el occidente de Toledo y la mitad oriental de Cáceres.

Dicho pueblo prerromano generalizó la metalurgia del hierro y adoptó el torno industrial para la fabricación de sus recipientes cerámicos. Los vettones, al igual que otros pueblos peninsulares, fortificaron sus poblados con murallas, torres y fosos. En el caso del pueblo que nos ocupa, eligieron para su hábitat lugares enclavados en espigones fluviales, en cerro o acrópolis, meandro o ladera. Siguiendo al profesor Jesús R. Álvarez-Sanchís en su síntesis de 2001 (catálogo de la exposición Celtas y Vettones, pp. 271-274), nos informa que los poblados están en lugares elevados y de difícil acceso, junto a las vías de comunicación.
 
Mesa de Miranda (Chamartín, Ávila).
La preocupación por la defensa natural se completa con obras artificiales de fortificación: murallas, torres, fosos y piedras hincadas. El acceso al poblado tiene lugar por puertas en embudo o en esviaje, reforzadas por bastiones. Los recintos fortificados dividen zonas dentro del asentamiento, esto es, establecen una compartimentación del espacio doméstico. Desde el punto de vista urbano, no hay un plano ordenado de manzanas de casas, ni propiamente calles, sino que las viviendas se agrupan irregularmente junto a la muralla o buscan la protección entre grandes bloques de rocas.
Las necrópolis, situadas a las puertas de los poblados, nos facilitan una buena información sobre la sociedad vettona. El estudio del material aparecido en las excavaciones de estos cementerios, especialmente la de La Osera, en el castro de La Mesa de Miranda (Chamartín, Ávila), revela una sociedad jerarquizada, con una aristocracia militar, que practicaba el ritual de incineración. Las necrópolis vettonas constituyen la fuente esencial para conocer la Segunda Edad del Hierro en la Meseta, tanto desde el punto de vista de la panoplia militar, como de la estructura social. “Una sociedad con una estructura piramidal, con una élite militar en la cúspide, con caballos y armas de lujo, que marcaba su posición frente a un grupo de guerreros más amplio con una panoplia más modesta. Por debajo estaría el grupo de artesanos y comerciantes. Y por último…los individuos más humildes y tal vez siervos y esclavos” (Álvarez-Sanchís, Op. cit. pág. 270).
Muralla de El Raso (Candeleda, Ávila).
En Castilla y León, el área de dispersión de castros se extiende por las provincias de Ávila, Salamanca y sur de Zamora, asociándose a un pueblo prerromano, el de los vettones. El sur de la provincia de Salamanca y en concreto en la comarca de Ciudad Rodrigo hay varios castros -prendientes de investigación- que podrían aportar información sobre el periodo protohistórico: Lerilla, Irueña, La Plaza (Gallegos) y la misma ciudad del Águeda.

Algunos de estos castros vettones han sido más o menos acondicionados para la visita por la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, caso de Las Cogotas (Cardeñosa), Ulaca (Solosancho), La Mesa de Miranda (Chamartín) o El Raso de Candelada, en la provincia de Ávila, o Yecla la Vieja (Yecla de Yeltes), El Castillo (Saldeana) y Las Merchanas (Lumbrales) en la de Salamanca.

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- Castros del Águeda


Piedras hincadas en "La Plaza" (Gallegos de Argañán, Salamanca)
Foso en "La Plaza" (Gallegos de Argañán, Salamanca).
Emplazamiento de "La Plaza", a orillas del Águeda, en la comarca de Ciudad Rodrigo.
Entrada a uno de los recintos de Ulaca (Ávila).

miércoles, 27 de abril de 2016

Hitos de la Edad del Bronce (y 2)

LA ESTELA DE ROBLEDA (SALAMANCA)

José I. Martín Benito
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Estela de Robleda.

El hallazgo de una estela decorada de la Edad del Bronce al norte del Sistema Central, concretamente en Robleda (Salamanca), perteneciente al grupo de las llamadas “estelas extremeñas”, debe hacernos replantear el ámbito geográfico de este tipo de representaciones.
En efecto, si el área geográfica de las mismas se situaba al sur del Sistema Central, a partir del hallazgo del Rebollar, que viene a sumarse a los de Baraçal y Foios, en Sabugal (Beira Alta) [1], al norte de la cordillera, habrá que reconsiderar el área de extensión.
Hasta la aparición de la estela robledana, otro de los hallazgos más septentrionales del área las estelas extremeñas era el de San Martín de Trevejo (Cáceres)[2], situado en las faldas meridionales de la Sierra de Gata. La pieza fue localizada por un vecino de Robleda, Juan Sánchez Calvo, en el pago conocido como “La choza del fraile”, en el “Pinar de Descargarmaría”, término municipal de Robleda, localidad de la que dista unos 8 km. Las coordenadas del hallazgo conforme al SIGPAC Visor son: UTM-X: 707955.07 Y: 4469255.69, GEO Lat: 40º 20·50.14 N Long: 6º 33 ·5.62 W. Según informa su descubridor, la estela se encontraba tumbada en el suelo, en dirección este-oeste, a unos 100 metros de un regato al lado de un camino, convertido ahora en pista forestal. Al parecer, habría sido movida por las máquinas al reparar la vía.
El pinar está alterado, pues se repobló con pino resinero en el siglo XX. El soporte en la que está fabricada la pieza es de pizarra. Sus dimensiones son: 150 cm. de largo, 49 cm. de ancho y 18 cm. de grosor.
Estela. Robleda.
 Se trata de una estela decorada de la Edad del Bronce Final, de las llamadas del grupo del Sudoeste o "estelas extremeñas". Ya se ha indicado que se sitúan en Extremadura, llegan a Portugal y se extienden también por Andalucía occidental.
La decoración se centra, como es costumbre, en una sola cara. El dibujo se ha realizado mediante grabado en surco, fuerte e intenso. La distribución de los objetos es la siguiente: el escudo ocupa el lugar central; bajo este se dispone la espada. En la parte superior se ha representado un objeto con tendencia ligeramente ovalada con mango–presumiblemente un espejo- y bajo él y encima del escudo, una lanza.
El escudo presenta tres círculos concéntricos, con clavos entre las bandas y una escotadura en "V"; los clavos van dispuestos en grupos de tres. En el centro se ha representado la abrazadera horizontal. El tipo de escudo es similar al de la estela cacereña de Brozas.

Estela de Robleda. Medidas.
 Se ha señalado que este tipo de escudo pudiera proceder del Mediterráneo oriental y, en concreto, en los hallados en Creta, Chipre, Samos y Tirinto, por su vinculación tanto con las formas como con la escotadura en “V”. En esta circunstancia ha llevado a suponer que estas estelas funerarias sean el resultado de la influencia del mundo geométrico y orientalizante que se extiende por la península Ibérica a partir de los últimos tiempos del Bronce Final; si bien hay quienes han señalado una influencia atlántica, concretamente irlandesa en lo referente a los escudos[3].
La espada es de las de hoja ancha y no muy puntiaguda, como suele ser habitual en el grupo de las estelas de la Sierra de Gata y Montánchez.
Así pues, los motivos decorativos formarían parte de la panoplia o conjunto de armas del difunto: escudo, espada, lanza y espejo. Se trataría, por tanto, de la estela que marcaría la tumba de un personaje de cierto rango militar. El espejo tiene un significado funerario, como está de manifiesto en varias culturas mediterráneas, en las que forma parte del ajuar como símbolo de la muerte. Su cronología sería posterior al 800 a.C. y perduraría hasta el 600. a.C. Desde el punto de vista espacial, el paralelo más próximo a esta de Robleda es la estela procedente de San Martín de Trevejo.

Celestino Pérez, en su estudio sobre las estelas extremeñas[4], agrupa una serie de ellas dentro de la Zona de la Sierra de Gata, que estaría caracterizada por estelas básicas, esto es aquellas que muestran tan sólo los tres elementos: el escudo, la espada y la lanza, precisando que sólo en la de San Martín de Trevejo, aparece un espejo.Las estelas de guerrero situadas al norte del Sistema Central
La pieza de Robleda, junto con las de Baraçal y Foios –ambas en el concejo portugués de Sabugal- son por ahora las estelas “extremeñas” localizadas al norte del Sistema Central.
Como la de San Martín de Trevejo, en la vertiente sur de la Sierra de Gata, la de Robleda presenta cuatro elementos: escudo, lanza, espada y espejo.
Estela de Brozas.

Comparte la pieza del Rebollar con las portuguesas el lugar central del escudo y la disposición de la espada en la parte baja; difiere, no obstante, de la de Baraçal, no sólo porque esta está realizada en relieve, en lugar de grabada, sino también por el tipo de espada, pistiliforme en el caso de la estela portuguesa, mientras que en la de Robleda la hoja es más ancha y más corta. El ejemplar de Robleda se asemeja más al localizado en Fóios.
También, como en San Martín de Trevejo y otras estelas del grupo de la Sierra de Gata, en la de Robleda el escudo ocupa el centro de la composición y se convierte, así en el elemento protagonista de la estela, en torno al cual se disponen el resto de los objetos. Es precisamente con la de San Martín con la que más paralelos presenta la estela robledana, pues además de incluir los tres elementos que caracterizan al grupo: escudo, lanza y espada, ambas portan un cuarto objeto: el espejo.
Habrá que esperar el hallazgo de nuevos ejemplares en este espacio serrano para tener un mejor conocimiento del grupo de las estelas decoradas de la Sierra de Gata en particular y del Bronce Final en general.

Sobre esta pieza: J. I. MARTÍN BENITO: “Una estela de la Edad del Bronce en Robleda (Salamanca)”. Ciudad Rodrigo. Carnaval del Toro 2010, pp. 339-342. 

NOTAS:
[1] CURADO, f. p. (1980): “Una estela del Bronze Final na Beira Alta”. IV Congreso Nacional de Arqueología, Faro; (1984): “Uma nova estela do Bronze Final na Beira Alta (Baraçal, Sabugal, Guarda)”. Arqueología (GEAP), vol. 9, pp. 81-84 y (1986): “Mais uma estela do Bronze Final na Beira Alta (Foios, Sabugal, Guarda)” Arqueología (GEAP), vol. 14, pp. 103-109.[2] M. FIGUEROLA (1982): Nueva estela decorada del tipo II en San Martín de Trevejo (Cáceres). Zephyrus, XXXIV-XXXV. Salamanca, pp. 173-180.
 [3] Un estado de la cuestión puede verse en el trabajo de S. CELESTINO PÉREZ: “Las estelas decoradas del SW peninsular”, en La cultura tartésica y Extremadura. Cuadernos Emeritenses, 2. Mérida 1990, pp. 45-62. Véase también VARELA GOMES, MARIO y J. PINHO MONTEIRO: Las estelas decoradas Do Pomar (Beja-Portugal). Estudio comparado, Trabajos de Prehistoria, 34 (1977) p.165. Para un catálogo exhaustivo de las estelas ver la página web:http://www.tornera.com/cgl/estelas_ext/paginas/almoharin.htm
[4] S. CELESTINO PÉREZ: “Las estelas decoradas del SW peninsular”, op. cit., pp. 8 y 9.

sábado, 23 de abril de 2016

Próxima entrada: Las estelas de la Edad del Bronce

La memoria de los guerreros
Mañana nuestro blog comienza a publicar una serie sobre las estelas decoradas de la Edad del Bronce. Lápidas o hitos sepulcrales, con grabados de armas: espadas, lanzas y escudos. Su área geográfica se extiende, principalmente, al sur del Sistema Central, en Extremadura, Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. El hallazgo de una pieza en Robleda (Salamanca), al norte de la Sierra de Gata, marca, por ahora, el punto más septentrional.
Estela de Robleda.