Mostrando entradas con la etiqueta Arqueología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arqueología. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de julio de 2018

Un poblado de la Edad del Bronce en Forfoleda (Salamanca)

EL TESO DEL CUERNO 

José I. Martín Benito


Entre 1988 y 1991, junto a mi colega M. C. Jiménez González, llevé a cabo varias campañas de excavación arqueológica en Forfoleda (Salamanca), concretamente en el denominado “Teso del Cuero”, un cerro que jalona los valles de Cañedo y Valdunciel, en dirección a Torresmenudas.

El campo de hoyos

Los hallazgos depararon un poblado de la Edad del Bronce, con una cronología del II y I milenio a. C. Los trabajos localizaron unas subestructuras de habitación, de forma circular, conocidas como “hoyos”. Se localizaron y excavaron un total de 111 de estos. Este “campo de hoyos” aparecía a unos 20-30 cm respecto al nivel de la tierra vegetal. Son estas estructuras excavadas por debajo del nivel de ocupación de las cabañas que componían el poblado. Estaban rellenados con materia orgánica y en dicho relleno se encontraron fragmentos de cerámica, industria lítica, bloques de adobe o de barro de construcción con improntas de paja o elementos vegetales, piedras de arenisa.

Vaso cerámico.

Algunos de estos hoyos fueron concebidos para albergar un gran recipiente, como en el señalado con el número 14, donde se halló una gran olla de boca ancha y pie pequeño que contenía, a su vez, un puchero, apoyado en tres cantos rodados. En el hoyo 77 se alló una olla globular que contenía en su interior una quesera fragmentada.

La cabaña del teso del Cuerno

Hacia el mediodía del cerro, los trabajos pusieron al descubierto los restos de una estructura delimitada por huellas de poste, de planta elíptica-ovalada. Tenía una anchura máxima en el centro de 4 m. y una longitud de 9m. En el centro había cuatro huellas de poste, que pudieron servir de ejes centrales para asegurar la cubierta de tipo vegetal.

Estructura constructiva con huellas perimetrales y centrales de postes.


La cronología, el contexto cultural y el modo de vida

A raíz del análisis radiocarbónico de las muestras y del estudio comparativo del material arqueológico, El Teso del Cuerno de Forfoleda se sitúa entre el Bronce Medio  y el Bronce Final de la meseta española, sin descartar, incluso, ocupaciones más antiguas.
De la investigación arqueológica llegamos a la conclusión de que aquí habitó una comunidad que basaba su economía en la explotación agrícola y ganadera. La actividad agrícola viene determinada, principalmente, por el hallazgo de los molinos de mano, así como por los elementos de hoz, mientras que la ganadería queda avalada por los restos óseos de ovicápridos (ovejas y cabras) y de bos taurus (vaca). La caza sería también una actividad complementaria, como lo revelan los restos óseos de cervus elaphus (ciervo).

Jarra del hoyo 12.

Trabajos de excavación.
Vaso del hoyo 14.

Los hallazgos arqueológicos están depositados en el Museo de Salamanca, donde se exponen al público las piezas más significativas.

También te puede interesar:

- La iglesia románica de Forfoleda (Salamanca) 
- El ídolo de Ciudad Rodrigo
- El ídolo de Lerilla (Zamarra, Salamanca) 
- El ídolo de Peñatu (Asturias)
- Estelas de la Edad del Bronce en España
- La estela de Robleda (Salamanca)

martes, 13 de marzo de 2018

Ruinas de Itálica

"MUSTIO COLLADO"

José Ignacio Martín Benito
Anátidas en Itálica.

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa...

(Rodrigo Caro)

Ignoran los viajeros qué puede depararles la visita a la antigua ciudad. Las dos veces anteriores se dieron de bruces con la verja, por lo que piensan que, si a la tercera va la vencida, verán cumplidos sus propósitos de adentrarse en la “Itálica famosa”.

Ahora, por poco la historia se repite. Los guardas les advierten que, al ser día festivo, la visita terminará a las cuatro de la tarde, para las que apenas quedan poco más de 20 minutos.

Finalmente, en el interior, entablarán conversación con otro de los custodios, lo que les permite hacer un paseo más pausado y que el tiempo se detenga y a la vez se alargue. No podrán por menos de evocar los versos del poeta en aquellos campos de soledad.

Cinco anátidas llegan graznando desde el sur y se posan, sin inmutarse, cerca de los visitantes. Parece que lo hayan hecho siempre; en todo caso, los extraños en aquel paraje son los viajeros. La presencia de la vida silvestre es constante en el solar itálico. Una liebre cruza, en rápida carrera, la vía decumana. 
Avión sobrevolando Itálica.
Los emperadores ya no están allí para presenciar la metamorfosis de su urbs en el agger primigenio. Es igual, aunque estuvieran tampoco acertarían a encontrar una explicación en los grandes pájaros mecánicos que sobrevuelan constantemente el solar urbano. ¡Quién sabe si los aviones no estarán instando a las aves petrificadas en uno de los mosaicos a remontar el vuelo, para que vuelvan, otra vez, a surcar los cielos de la Bética. Y con ello, el retorno de la romanidad!


Los viajeros han llegado, pero marcharán. Lo hicieron otrora los hijos de la ciudad. Trajano cambió la vida de provincias por la de la metrópoli del imperio y el Betis por el Tíber y el Danubio.

Pero, a pesar de la hégira, y a pesar también del inexorable paso del tiempo, los muros se agarran a la tierra: en los desgajados bloques de hormigón del anfiteatro, en la alcantarilla que corre por debajo de la calzada principal, en los pavimentos que resisten pegados al solar… Sombras y memorias funerales de alto ejemplo...


Ya en Santiponce, dos “roulottes” permanecen ancladas a las puertas del antiguo teatro. Diríase que los actores están a punto para bajar de estos camerinos de hojalata y comenzar la representación.
La escena da la espalda al limes, entre el bullicio de la ciudad moderna, con el sosiego de las ruinas del mustio collado en los campos de vastas soledades. 

De las cenizas a la llama. Del eco al ruido. Del Betis al valle del Corbones. Los viajeros tendrán tiempo todavía de llegar al alcázar del Rey don Pedro y descubrir los secretos tartesios y turdetanos de Carmona y de la roca blanda de los Alcores.

Estatua de Trajano en Itálica.
 * 6 de diciembre de 2007

También te puede interesar:

- Calles, plazas y ermitas de Sevilla
- Carmona y Sevilla. Dulces de las monjas

jueves, 14 de septiembre de 2017

"El Lugar Viejo": un castro en Yecla de Yeltes

UN POBLADO FORTIFICADO
De la Prehistoria a la Edad Media


Muralla del castro de Yecla.
Uno de los castros más espectaculares de la provincia de Salamanca. Muy recomendable su visita. Conocido como “El Lugar Viejo de Yecla”. Se trata de un poblado fortificado, cuyo origen se remonta a la Segunda Edad del Hierro (siglo V a. C.), que perteneció al pueblo prerromano de los vettones. Como otros castros de la región, a partir del siglo III. a.C. experimentó un proceso de celtiberización. El castro fue romanizado y pervivió hasta la Edad Media.

Ubicación

Su emplazamiento se sitúa en el espacio comprendido entre los arroyos Varlaña y Pozo Ollero en su desembocadura en el río Huebra. Eso le hace prácticamente inaccesible por tres de sus lados.

Defensa

Una de las entradas al recinto fortificado.
El sistema defensivo lo constituye una cerca o muralla de piedra, adaptada a la morfología del terreno. Tuvo seis puertas, algunas de las cuales fueron tapiadas en época medieval. Las entradas se disponen en embudo o esviaje y se refuerzan con bastiones que flanquean las puertas al recinto, lo que hace poder batir a los asaltantes con tiros cruzados. El sistema se refuerza con una barrera de piedras hincadas en las partes más vulnerables del poblado, que son la entrada principal y la zona norte.

El lugar ha deparado el hallazgo de grabados rupestres, tanto en rocas como en sillares de la muralla, donde se representan diversos zoomorfos (caballos, asnos, jabalíes, bóvidos, ciervos), alguna escena de jinete y de caza, espirales, reticulados, cruces....). De entre ellos destaca una cierva amamantando a su cría y una escena de jinetes, y una peña conocida como “Los siete infantes de Lara”. Otras de las piezas prerromanas es la escultura de un jabalí, labrada en granito (verraco).

Grabado. Cierva amamantando a su cría.
Verraco de Yecla.
La romanización

De época romana data un término augustal del s. I. d.C., en el que se marcan los límites entre los mirobrigenses y los polibedenses, así como varias estelas de una necrópolis del Alto Imperio. Buena parte de estas estelas fueron reaprovechadas como material de construcción en las obras de reparación de las murallas que se hicieron en el Bajo Imperio (siglos III-IV d. C).

 De época tardorromana data otra necrópolis, con tumbas formadas por lajas de piedra, de forma rectangular, en las que también se reaprovecharon estelas altoimperiales como piedras laterales de la sepultura. Entre los ajuares localizados, además de los hallazgos cerámicos, destaca un cuchillo o puña “tipo Simancas”. Este tipo de objeto forma parte de ajuares ricos, al tiempo que podría ser un indicio de la posible presencia de tropas, en un periodo marcado por la inseguridad como es el de los siglos IV y V.

Invasiones germánicas

En la limpieza que se llevó a cabo hace unos años en el castro para adecuarlo a las visitas públicas, se localizaron varias puertas que habían sido cegadas o tapiadas. En una de ellas se documentó un derrumbe o nivel de destrucción y bajo este, el esqueleto de un niño con una herida de arma. Se ha supuesto que ello pudo ser debido a un ataque al poblado en la época de las invasiones germánicas dels iglo V d. C. (suevos y visigodos), como sucedió también en el castro de “Las Merchanas”, donde las excavaciones arqueológicas documentaron un nivel de incendio y destrucción de un edificio tardorromano.
Vitrina con objetos de época medieval.


A pesar de ello, la vida continuó en “El Lugar Viejo”, durante la época altomedieval (época visigoda), a tenor de los hallazgos localizados, como dos jarritas piriformes, fechadas entre los siglos VI y VII y fragmentos de pizarras escritas.

Abandono del Lugar Viejo 

El castro continuó ocupado posiblemente hasta el siglo XII. En 1184 el rey Fernando II de León entregó a la iglesia de Santiago y a su arzobispo la villa de “Ecla , en el territorio de Ledesma, en el río Yeltes, con sus términos nuevos y antiguos.

La donación a la iglesia de Santiago de la villa de Ecla, explicaría la advocación de la ermita dedicada al Apóstol, levantada fuera de las murallas. En el interior del castro se levantó otra ermita, denominada Santa María del Castillo. Estas dos son obra de comienzos del siglo XVI, lo que explica la relación de la actual Yecla de Yeltes con el Lugar Viejo.

Museo en Yecla de Yeltes.

Antes de hacer una visita al castro -de acceso libre y gratuito- es muy recomendable cursar una previa al Aula Arqueológica o Museo que hay en la Plaza Mayor del pueblo de Yecla de Yeltes, con una expliación muy didáctica y amena sobre el castro y su evolución a través del tiempo. Es preciso concertar la visita.

También te puede interesar: 

- Castros del Águeda
Interior del Museo de Yecla de Yeltes.
Muralla y campo de piedras hincadas.
 
Interior del Museo de Yecla de Yeltes.

martes, 6 de junio de 2017

Castros del Águeda

LA PLAZA (GALLEGOS DE ARGAÑÁN)

José I. Martín Benito
 

El Águeda desde "La Plaza".
Introducción

La divulgación del hierro en la Meseta española es más bien lenta. En la primera mitad del primer milenio a. C. continúa la fabricación de objetos de bronce frente a una tímida presencia del nuevo metal. Será a partir de finales del siglo VI y principios del V a. C. cuando el uso del hierro se generalice. Los autores distinguen entre una Primera y una Segunda Edad del Hierro. Los emplazamientos de los poblados suelen ser en lugares altos, bien defendibles por la orografía, reforzados con sistemas artificiales de defensa, tales como murallas, bastiones, fosos o piedras hincadas.

Verraco vettón. Gallegos de Argañán.
En la Tierra de Ciudad Rodrigo contamos con una serie de poblados fortificados correspondientes a esta etapa, varios de los cuales se localizan a lo largo del río Águeda. Culturalmente se inscribendentro del pueblo prerromano de los vettones, al que pertenecen las esculturas de toros y verracos.


La Plaza (Gallegos de Argañán).


El castro de “La Plaza”, situado en el término de Gallegos de Argañán, se defiende tras los barrancos formados por el encajamiento del río Águeda –al noroeste- y sus afluentes, los arroyos de Regajal y Zamarreño.

La defensa natural se completa con una estructura artificial compuesta por una barrera de piedras hincadas, un doble foso y muralla.



Barrera de piedras hincadas.

Las piedras hincadas se encuentran en la parte de acceso más vulnerable. La barrera está compuesta por bloques paralepípedos de grauvaca y algunos –los menos, de cuarcita blanca. La barrera tiene una longitud aproximada de 100 metros y una anchura entre los 12,60 y los 14,60 mts. Los bloques emergen, en ocasiones, 1 m. por encima del suelo. En la misma barrera, muy candada, se aprovechan crestas naturales de al roca. La entrada al recinto tiene lugar en embudo, muy desfigurada por el derrumbe. Refuerza la entrada se sitúa un bastión circular, adosado a la misma.
Restos de la muralla.
Se identifican dos recintos. El exterior, con muralla conservada en talud. El interior, igualmente amurallado, se observa por un terraplén, en el que aún se observan hiladas de pizarra del muro. La construcción de la muralla parece haberse hecho con lajas o sillares de medianas y pequeñas dimensiones.

Todo el perímetro de la muralla externa se halla protegido por dos fosos que discurren circundando la muralla por el NE-O y mediodía. El foso interno arranca con dirección E-O, en el sector occidental del castro. Excavado en la roca, mide 18,5 m. de largo y cerca de 3,5 m. de ancho, además de tener una profundidad cercana a los 3 m. Este foso dobla en recodo de 90º para seguir una dirección N-S, con una longitud aproximada de 68,5 m. y con 7 m. de anchura. Junto a este tramo discurre un segundo foso paralelo al mismo por el exterior, con unas dimensiones similares, aunque menos profundo. El foso desaparece cuando contacta con el bastión occidental –que sobresale de la muralla y posee paramento interno y habitáculo interior. En los sectores suroccidental y meridional vuelve a aparecer el sistema de foso, excavado a veces en la misma roca del sustrato.

También te puede interesar:
- Los vettones
Castro y Museo de Yecla de Yeltes 
- Toros y verracos
Foso del castro de "La Plaza" (Gallegos de Argañán).



lunes, 17 de abril de 2017

El ídolo de Ciudad Rodrigo

LAS ESTELAS DE GUERRERO DEL OCCIDENTE PENINSULAR

Estela de Solana de las Cabañas (Cáceres)
José I. Martín Benito

Con el nombre de estelas decoradas o estelas extremeñas conocemos un tipo de representaciones que llevan una serie de grabados, donde, por lo general, el elemento común es siempre un escudo redondo, a veces con escotadura. A esta pieza suelen acompañarle representaciones de armas, sobre todo espadas y lanzas. Las hay, también, que llevan una representación antropomórfica, como los ejemplares de Solana de las Cabañas (Cáceres), Cabeza de Buey, Magacela o Fuente de Cantos (Badajoz)[1]. En otras estelas son también comunes las representaciones de carros con dos ruedas (Fuente e Cantos) y con cuatro (Solana de las Cabañas y Cabeza de Buey, entre otras).
Los hallazgos de estas piezas han revelado hasta el momento, que el área de dispersión se extiende por la alta Extremadura -cuenca del Tajo- por la cuenca del Guadiana y por el valle del Guadalquivir[2]; en concreto, por las provincias de Cáceres, Badajoz, Ciudad Real, Córdoba, Sevilla y este de Portugal (Sierra de la Estrella y el Algarve), El carácter funerario de estas piezas parece evidente y, como estelas sepulcrales pondrían de relieve el carácter guerrero o militar de los individuos a los cuales estarían dedicadas. El profesor M. Almagro señaló que habrían sido fabricadas en honor de aquellos personales importantes, reyes o caudillos de un pueblo guerrero, jerárquico y aristocráticamente organizado[3].
Estela de guerrero (Museo Arqueológico Nacional).
La forma de las estelas es indicativa de la posición que pudo tener en relación con la tumba del difunto: las alargadas en la base indican que pudieran haber estado destinadas a estar clavadas en el suelo, señalizando quizá un túmulo, probablemente de incineración, si bien las hay casi rectangulares, no preparadas en su parte inferior para ser hincadas en tierra; en este caso, la propia losa representaría al guerrero con sus armas y la función de estas losas casi rectangulares irían depositadas sobre enterramientos de inhumación en cistas.

No obstante, se han esgrimido también otras teorías, como la que, sin negarle un posible significado funerario-conmemorativo, sostiene que se trata de hitos de referencia, visibles en el paisaje y que marcarían el paso en las vías ganaderas o rutas comerciales[4].
La cronología de estas estelas funerarias se situaría con posterioridad al 800 a. C., es decir, desde el Bronce Final, perdurando hasta el 600 a. C., e, incluso, hasta el siglo IV a. C. esto es, hasta la cultura de los castros de la Edad del Hierro[5].
Estela de guerrero (MAN)

Estela de San Martín de Trevejo (Cáceres), según M. García Figuerola, 1982.
 (Continuará: Las estelas de guerrero situadas al norte del Sistema Central) 

También te puede interesar:

- La estela de Robleda (Salamanca)
- El ídolo de Lerilla (Salamanca)
- El ídolo de Ciudad Rodrigo
- El ídolo de Peña Tu (Asturias)
- El poblado del Teso del Cuerno de Forfoleda (Salamanca)


NOTAS:

[1] M. ALMAGRO BASCH (1966): Las estelas decoradas del suroeste peninsular. B.P.H. 8. Madrid. Véase también J. I. MARTÍN BENITO y J.C. MARTÍN BENITO: Prehistoria y romanización de la Tierra de Ciudad Rodrigo. Salamanca, 1994, pp. 114-117. 
[2] T. CHAPA y G. DELIBES: “El Bronce Final”. En Manuel de Historia Universal. Vol. I. Prehistoria, pág. 543. Madrid 1983. 
[3] Ibidem, pág. 200.
[4] M. RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO y E. GALÁN DOMINGO: “ Las estelas del suroeste como hitos de vías ganaderas y rutas comerciales”. Trabajos de Prehistoria, 48 (1991) p.257-273. 

[5] F. JORDÁ y J. Mª BLÁZQUEZ: Historia del Arte Hispánico. I. La Antigüedad, pág. 153. Madrid, 1978.

.

lunes, 14 de noviembre de 2016

El ídolo de Peñatu (Asturias)

EL PEÑATU Y LA MEMORIA RECOBRADA

Abrigo de Peñatu (Vidiago)
José I. Martín Benito

La memoria se pierde en el corazón asturiano. Han venido los viajeros hasta las Puertas de Vidiago buscando el paso a una dimensión escondida, donde anida el recuerdo del viejo profesor.

Al pie de la carretera de Santander les sale al paso la ansiada indicación y, poco después, un moderno contenedor, de hormigón visto, que pretende mostrar a las gentes de hoy el modo de vivir de los que habitaron estos parajes hace cuatro mil años.

El tiempo apremia y los visitantes toman el camino que les conduce a la idolatrada peña. La subida a pie, por una senda empinada y húmeda, se hace interminable, sobre todo en el último tramo, quebrado y resbaladizo. A lo largo de la ruta, varios mojones señalan la distancia en metros, pero no en altura.

La imponente roca domina dos valles y cobija los grabados y pinturas prehistóricas, eso sí, cristianizadas sabe Dios cuándo. En torno al peñasco, norte y sur se dan la mano; el primero se abre a la llanura inquieta del Cantábrico, mientras que el segundo permanece escoltado por las altas cumbres. El mar y la montaña han arropado durante milenios la memoria perdida de quienes hollaron los bosques del litoral, mucho antes que llegaran los trasgos y las chanas, los astures y don Pelayo.

Pero la memoria no es sino una ensoñación. Los viajeros lo comprueban cuando el guía afirma desconocer la figura del profesor Jordá, insigne estudioso del arte prehistórico asturiano, al que aquellos recuerdan con honda gratitud. Mejor sitio imposible para evocar al maestro y, por eso, los viajeros refieren al guía el cariñoso comentario que Gómez-Tabanera hacía de don Francisco: “Paco es un arqueólogo tan serio, que al ídolo de Peña Tú, lo trata de Peña Usté”.


Ídolo de Peñatu.
Reconstrucción del ídolo de Peñatu.

Tratamientos aparte, los recuerdos retroceden más de cinco lustros y, de pronto, vienen a la memoria las imágenes de Navia y Luarca, de Coaña y Mohías, del viaje desde Salamanca con don Paco y doña Carmen y la entrada en Asturias por el puerto de Leitariegos, antes de llegar a la Pola de Allande para hurgar las entrañas del castro de San Chuis y dominar el mar de nubes desde el prominente cerro.

Hoy Asturias muestra su pasado prehistórico a los turistas, en las cuevas de El Buxu y Tito Bustillo, en el dolmen bajo la ermita de Cangas de Onís y también en esta desnuda Peña de Vidiago. Bloques pétreos, modelados por la mano humana, que compiten con los menhires naturales que emergen en la playa de Toró y con los “cubos de la memoria” del muelle de Llanes.
Estos, los de Ibarrola, son la memoria fragmentada, como las piezas de un puzzle difícil de encajar. Acaso habría que pedir a los artistas que diseñaran, si fueran capaces de concentrar los recuerdos, un nuevo y gran contenedor, que guardara los pasos perdidos y reencontrados en la larga cadena de la Historia. 
Cubos de la memoria, de Ibarrola (Llanes)
Pero los hombres, ya se sabe, fracasan en la construcción de arcas. La de Noé sólo fue una solución coyuntural que, concluido el diluvio, quedó varada en la cumbre de un monte desconocido; otra, la de la Alianza, fue saqueada en nombre de la civilización romana. Poco sirvió que quedara su imagen grabada en los muros del arco de Tito, pues el templo de Salomón fue destruido, dando así principio a una nueva diáspora de las gentes de Judea.

Los asturianos saben también mucho de hacer las maletas, cruzar el charco y volver a la patria, enriquecidos los pocos y mojados los más. La memoria de aquella gesta permanece en Llanes en las casas de indianos; pero también aquí, los recuerdos se resquebrajan y algunos inmuebles apenas soportan el paso del tiempo y del olvido. El esplendor y la decadencia se tornan en esta villa del oriente asturiano, que ha visto ahora en el turismo una de las panaceas a su nueva prosperidad.

Recobrar la memoria, ese es el reto. Enlazar pasado y presente con el tiempo por venir. Como en las pirámides, desde lo alto del Peñatu, cuarenta siglos nos contemplan. 

También te puede interesar:

- El ídolo de Lerilla (Zamarra, Salamanca) 
- El ídolo de Ciudad Rodrigo
- Estelas de la Edad del Bronce en España
- La estela de Robleda (Salamanca)
- Un poblado de la Edad del Bronce: el Teso del Cuerno de Forfoleda (Salamanca) 


* Sábado, 8 de agosto de 2009.

 




viernes, 15 de julio de 2016

Ídolos-estela de la Edad del Bronce en la Península Ibérica

Idolo de Lerilla (Casa de Cultura, C. Rodrigo).
El ídolo de Lerilla (Zamarra)

José I. Martín Benito

Los denominados “ídolos-estela” o “estelas-guijarro” de la Edad del Bronce, se reparten especialmente por el centro-oeste de la Península Ibérica, en particular por las provincias de Salamanca, Cáceres y Badajoz, así como por el territorio portugués. La mayor concentración de estas piezas se encuentra a un lado y otro de la Sierra de Gata. Este grupo estaría integrado por los siguientes hallazgos: en la vertiente septentrional por los ejemplares de Ciudad Rodrigo, Lerilla (Zamarra) y Agallas, mientras que en la vertiente meridional tenemos la pieza de Robledillo de Gata, los seis hallazgos de Hernán Pérez, El Cerezal I y II, Cambroncino y Riomalo de Abajo.  
Los ídolos-estela están fabricados sobre bloques de piedra, en ocasiones grandes cantos rodados, como el de Ciudad Rodrigo. Todos ellos representan una figura antropomorfa, esquematizada, donde el rostro viene determinado por una elipse u óvalo que encierra los ojos –dos puntos-, la nariz –un trazo simple y vertical- y la boca –línea horizontal. La cabeza se dibuja con líneas concéntricas, algunas veces, con trazos reticulares que simulan una especie de tocado. En ocasiones van líneas concéntricas, interpretadas por algunos autores como collares. 
Idolo de Ciudad Rodrigo (MAN, Madrid).
Todos los ídolos-estela poseen brazos y manos esquemáticos, que descansan, a veces, sobre el vientre. Algunos, como los de Hernán Pérez y el de Lerilla, llevan una franja horizontal, interpretada por ciertos autores como cinturón. Una pequeña parte de estos ídolos-estela llevan, además, representación de piernas esquemáticas, como los de Cambroncino, Ciudad Rodrigo y Riomalo.  

La pieza de Lerilla

Uno de los ídolos-estela del norte de la Sierra de Gata es el ejemplar procedentes del castro de Lerilla (Zamarra), hoy en la Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo

La figura antropomorfa está realizada sobro un bolo de diabasa de forma apuntada, de unos 110 x 39 cm. La técnica de ejecución ha sido, en su mayor parte, el piqueteado, que ha dejado un surco en forma de “U”, con la excepción de los brazos y las manos, realizados mediante incisión profunda que ha dejado un curso en forma de “V”.

Dibujo del ídolo de Lerilla.

La representación humana se centra en la parte superior de la pieza, habiéndose dibujado la cara de forma acostumbrada. Sobre el rostro lleva una especie de tocado reticular, coronado, a su vez, por trazos lineales que lo contornean. Debajo del rostro, insinuando el cuello y parte superior del tronco, se han realizado dos líneas curvas concéntricas, similares a las del ídolo de Ciudad Rodrigo (Museo Arqueológico Nacional), si bien en el de Lerilla no se ha dibujado enteramente el tronco. Los brazos son muy pequeños y cortos, terminando en largas manos, todo ello muy esquemático. Hacia la base del tercio superior de la pieza se ha grabado una línea horizontal que recuerda a la de los ídolos de Hernández Pérez y de Salvatierra de Santiago (Cáceres), lo que se ha interpretado como un posible cinturón.

También te puede interesar:

- El ídolo de Ciudad Rodrigo
- El ídolo de Peñatu (Asturias)
- Estelas de la Edad del Bronce en España
- La estela de Robleda (Salamanca)
- Un poblado de la Edad del Bronce: el Teso del Cuerno de Forfoleda (Salamanca) 



. Texto extraído de J. I. MARTÍN BENITO y J. C. MARTÍN BENITO: Prehistoria y Romanización de la Tierra de Ciudad Rodrigo. Salamanca 1994, pp. 105-109.