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martes, 1 de mayo de 2018

La revuelta de los Comuneros

LA GUERRA CIVIL EN EL CORAZÓN DE CASTILLA (1520-1521)



Ejecución de los Comuneros (A. Gisbert, 1860)
Entre 1520 y 1521 tuvo lugar en Castilla una guerra civil, que enfrentó a los partidarios del rey Carlos I con los intereses de las ciudades.

Carlos había heredado los reinos de España tras la muerte de su abuelo Fernando el Católico en 1516. Se había criado en Gante (Flandes) e ignoraba la lengua y costumbres de su nuevo reino. Mientras llegó el nuevo rey, Castilla estuvo gobernada por el cardenal Cisneros. Carlos llegó a España en 1517 y en enero de 1518 convocó Cortes en Valladolid. En esa Asamblea, los procuradores (representantes de las ciudades) aprovecharon la ocasión para protestar por la situación de Castilla, que consideraban estaba siendo explotada por los flamencos, consejeros de Carlos.

En 1519 Carlos fue elegido emperador del Sacro Imperio. En noviembre, Toledo escribía a las más importantes ciudades castellanas, proponiendo una reunión de sus representantes, donde se exigiría: que el rey no abandonara el país, que no se permitiera sacar más dinero del reino y que los extranjeros no fuesen designados para ocupar cargos. Carlos convocó Cortes en Santiago para el primer día de abril de 1520. Con cierta oposición de varias ciudades el rey logró que las Cortes trasladadas a La Coruña aprobaran un subsidio para hacer frente a los tres años que el emperador pasaría fuera de España, dejando aquí como regente al flamenco Adriano de Utrecht

Carlos V, por Tiziano.
La revuelta estalló en Castilla. Muchas ciudades formaron una Junta en Tordesillas y elevaron exigencias al emperador: que el rey viviese en Castilla, que no trajese ni flamencos, ni franceses, ni nativos de otros países para ocupar los principales cargos y que respetara las costumbres de sus abuelos. El clero apoyó la revuelta, al igual que gran parte de la nobleza urbana. Muchos campesinos también, aunque el movimiento era principalmente ciudadano. Pero la alta nobleza (entre ella los condes de Benavente) se mostraron firmes partidarios del emperador. Las ciudades crearon sus juntas. 

El regente Adriano ordenó atacar Segovia y luego Medina del Campo, a la que prendieron fuego, lo que acentuó la indignación de las ciudades. Los comuneros buscaron el apoyo de la reina madre, Juana la Loca. En las ciudades, el movimiento comunero se radicalizó. Lo que había surgido como un levantamiento nacional contra un régimen extranjero, comenzó a asumir aspectos de una revolución social. En 1521, el obispo de Zamora, Antonio de Acuña, se puso al frente de la comunidad de su ciudad y organizó un ejército que hizo algunas correrías por los alrededores de Valladolid. Las tropas comuneras estaban formadas por la milicia local, campesinos y un puñado de pequeños nobles que, de hecho, no constituían un obstáculo para el ejército realista al mando del condestable de Castilla (Iñigo Fernández de Velasco, señor de Villalpando). El 23 de abril de 1521 los dos ejércitos se enfrentaron en los campos de Villalar. Los capitanes comuneros Padilla y Bravo fueron capturados y ejecutados al día siguiente. Sólo Toledo resistió durante algún tiempo. 

Villalar, de Manuel Picolo y López (1887). Fundación BBVA, Madrid.
Sofocada la revuelta, el rey Carlos volvió a España. Desembarcó en Santander el 16 de julio de 1522, con la precaución de venir acompañado por 4.000 soldados alemanes. Dio un perdón general, pero trescientos destacados comuneros quedaron fuera del perdón real. El nacionalismo castellano había sido derrotado y restaurado el poder del rey.

Departamento de Geografía e Historia. IES "León Felipe" de Benavente.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El Reino de León entre Portugal y Castilla (2)

Ciudad Rodrigo, lanzadera contra Portugal. 
La sublevación de Salamanca y la batalla de La Valmuza


José I. Martín Benito

La repoblación de Ciudad Rodrigo reviste una clara decisión política de la corte leonesa de apuntalar con firmeza las fronteras con Portugal y servir de cabeza de puente en la colonización de los territorios occidentales de la Riba Côa, como veremos más adelante. El interés “portugués” de Ciudad Rodrigo queda recogida en la crónica del Toledano: “Rex igitur Fernandus, licet gener, Regi Portugalliae pacificus raro fuit. Unde ad consilium cuiusdam vernalis qui á Rege Portugalliae laesus effugerat, locum optimun populavit, qui dicitur Civitas Rodericie, ex qua Portugalliae intulit multa mala[1]. Así pues, la plaza debió utilizarse como lanzadera contra Portugal, desde donde debieron partir expediciones punitivas contra el vecino reino, pues sólo así se entiende la expresión de Jiménez de Rada a propósito de la repoblación del lugar: “desde el que infligió graves daños a Portugal”. Esta función de la ciudad de razziar el territorio portugués ha sido señalada también por historiadores portugueses, tales como frei Antonio Brandâo al ocuparse de las guerras entre los reyes de León y Portugal: “Outros a atribuem (la guerra de 1168) a demasias que os moradores de Cidade-Rodrigo (povoaçao fundada ou renovada naquele tempo por el-rei D. Fernando) fizeram em Portugal com algumas entradas[2].
Monumento a Fernando II (Ciudad Rodrigo),

Pero el interés de Fernando II distaba mucho de crear un simple concejo desgajado del alfoz salmantino. El monarca quería contar en esta región de la Extremadura leonesa con una auténtica civitas, desde la que articular toda una política colonizadora. Precisamente por esto, en 1161, el rey declaraba su intención de crear una nueva diócesis. El 13 de febrero otorgaba en Salamanca los derechos pontificales de Ciudad Rodrigo a la iglesia compostelana y a su electo Fernando. La institución de la diócesis incluía la donación de "villas de Urunia, Margarida et Lirela, quam in omnibus eius villis et castellis, ut eis pro voluntate sua episcopus a compostellana sed ibidem constitutus semper iudicet et disponat"[3].

Sublevación de Salamanca. La batalla de La Valmuza

La decisión del monarca provocó la oposición y la sublevación de Salamanca, que veía desgajarse así una parte importante de su alfoz y también de su territorio diocesano. La segregación de Ciudad Rodrigo era interpretada por la ciudad tormesina como un freno a su proyección hacia el sur[4]. Contenida la expansión al este por los concejos segovianos y abulense, el oeste se abría como una nueva frontera. De ahí que el nacimiento del concejo de Ciudad Rodrigo supusiera un límite a los pastizales de la cabaña ganadera de Salamanca y la aparición de nuevos competidores. Los salmantinos se opusieron a la decisión real y se sublevaron. Las diferencias quedaron saldadas por las armas: las milicias de Salamanca, ayudadas por las abulenses, se enfrentaron a las tropas de Fernando II en la batalla de la Valmuza, tal como relata las crónica de Lucas de Tuy:

"Salmanticenses autem eo quod rex Fernandus..., et elegerunt sibi regem nomine Nunnum Serranum, et pugnaverunt cum rege Fernando in valle de Muza. Siquidem incenderunt quendam montem, eo quod ventus veniebat ex parte ipsorum contra exercitum regis Fernandi, ut fumo et vento leonenses fatigati ad bellum accederent. Sed miericordia Dei non defuit regi Fernando. Nam ventus et fumus, qui contra suum exercitum veniebant, contra salmanticenses et abulenses conversus est, et illorum obtenebravit aspectus. Rex autem Fernandus inruit super eos, et cum victoria magna cepit regem Nunnum vivum, et occidit eum, atque subdidit sibi Salmanticam[5].

También el arzobispo de Toledo alude a la sublevación salmantina:

Cumque Salamantina civitas ceteras regni urbes et habitatoribus et terminis superaret, indignati cives eo quod Rex eorum terminos decurtabat, contra Regem faventibus sibi Abulensibus, seditionem moverunt, et in valle Muzae pariter congregati cum duce quodam qui Munio Ravia dicebatur, cum Rege Fernando proelium inierunt, et praeter spem omnium victoria Regi provenit, et ducem quem sibi fecerant, Munionem Raviae vivum cepit, quem capitali sententia condemnavit[6].
Afonso Henriques, rey de Portugal. Guimaraes.


J. González supone que la batalla de la Valmuza tuvo lugar en junio de 1162 y que, posiblemente, los salmantinos hubieran pedido ayuda a los portugueses[7]. Es probable que a pesar de la victoria real no hubiera de momento un control absoluto y efectivo sobre Salamanca (a pesar de que la crónica del arzobispo recoja que “el victorioso rey controló la ciudad a su antojo”), pues no se entendería muy bien que en enero de 1163 la ciudad estuviera bajo el dominio de Alfonso de Portugal[8]. Ciertamente, si la repoblación e independencia de Ciudad Rodrigo molestaba a los salmantinos, tanto o más suponía para los portugueses, según vimos arriba que refiere el Toledano.


[1] RODERICUS XIMENIUS DE RADA, Opera, ed. de Mª D. Cabanes Pecourt, Valencia 1968, facsímil de la edición de 1793, lib. VII, cap. XIX, pág. 163.

[2] Frey ANTONIO BRANDÂO, Crónica de D. Afonso Henriques. Porto 1945, pág. 236. De Ciudad Rodrigo partirían pues expediciones militares o de castigo contra Portugal, lo que se repitió de manera constante a lo largo de la Edad Media. Así, la ciudad se convirtió en la línea principal de penetración a Portugal en las distintas campañas militares. Juan I entró en el país vecino utilizando la Colimbriana en 1381 y 1382. Tropas castellanas lo harían también en 1384, previo al desastre de Aljubarrota: “... E envió mandar (el Rey don Juan) a Don Pedro Tenorio, Arzobispo de Toledo, é á ciertos Caballeros sus vasallos, que fuesen con él para Cibdad Rodrigo, é que dende entrasen en Portogal á facer talar los panes é viñas, é facer todo el daño que pudiese, ca era ya por el Sant Juan; é ellos ficieronlo asi”. “Crónica del rey don Juan, primero de Castilla é de León”. Crónicas de los Reyes de Castilla. B.A.E. Tomo LXVIII. Madrid 1953, cap. VIII, pág. 98. Sobre la presencia del rey en Ciudad Rodrigo y su posterior entrada hacia Portugal véanse los capítulos IX al XII. La visión portuguesa en F. LOPES, Crónicâ de D. Joao I. Porto 1990, Vol. II, pp. 41 y 43: “E escreveo (don Juan de Castilla) a dom Pedro [Tenorio Arce] bispo de Toledo, e a çertos cavaleiros seus vasalos que se ajumtasê todos em Cidade Rodrigo, e que daly emtrasê no Reino de Portugal a talhar as vinhas e paês e fazer todo mal e dapno que podesem...”. Todo ello en J. I. MARTÍN BENITO, El alcázar de Ciudad Rodrigo. Poder y control militar en la frontera de Portugal (siglos XII-XVI). Salamanca 1999, pp. 33-34.

[3] Urunia es Irueña (término de Fuenteguinaldo) y Lirela es Lerilla, (término de Zamarra). Cita por primera vez el documento A. LÓPEZ FERREIRO, Historia de la santa A. M. iglesia de Santiago de Compostela, Tomo IV, 1901, Apéndice XXX, aunque no lo recoge íntegro, a juzgar por la copia que don Fernando Peña Vicente, Vicario capitular de Santiago remitió a M. Hernández Vegas. Precisamente, la trascripción de Ferreiro no incluye la relación de las villas de Urunia, Margarida y Lirela. Reproduce F. FITA el documento de López Ferreiro, con la consabida laguna, en "La Diócesis y fuero eclesiástico de Ciudad Rodrigo en 13 de febrero de 1161". Boletín de la Real Academia de la Historia (BRAH), 1912, pp. 437-448. Sí lo recoge en su totalidad M. HERNÁNDEZ VEGAS (1931): Ciudad Rodrigo: la Catedral y la Ciudad. Tomo I, pp. 20-22, citando su existencia en el Archivo de la Catedral de Santiago. Tumbo A. Fol. 47. Más recientemente ha sido publicado por M. LUCAS ALVAREZ, Documentación del Tumbo A de la catedral de Santiago, León 1997, doc. 112.

[4] “Cumque Salamantina civitas ceteras regni urbes et habitatoribus et terminis superaret, indignati cives eo quod Rex eorum terminos decurtabat, contra Regem faventibus sibi Abulensibus, seditionem moverunt, et in valle Muzae pariter congregati cum duce quodam qui Munio Ravia dicebatur, cum Rege Fernando proelium inierunt, et praeter spem omnium victoria Regi provenit, et ducem quem sibi fecerant, Munionem Raviae vivum cepit, quem capitali sententia condemnavit”

[5] LUCAS DE TUY, “Chronicon Mundi”, en Crónica de España. Ed. de J. Puyol, Madrid, 1926, pág. 403. J. GONZÁLEZ, Regesta de Fernando II. Madrid 1943, pp. 48 y ss.

[6] RODERICUS XIMENIUS DE RADA, Opera, ed. de Mª D. Cabanes Pecourt, Valencia 1968, facsímil de la edición de 1793, lib. VII, cap. VII, pág. 153.

[7] El 13 de junio Fernando II estaba “in exercitu super Salamanticam apud Loruadas (La Orbada)”. J. Mª FERNÁNDEZ CATÓN, Colección documental del archivo de la catedral de León (775-1230). V. (1109-1187), doc. 1518, pág. 338.

[8] “Dominante Salamanticam Ildefonsus Portugalensis rex”, reza uno de los documentos de la catedral salmantina, L. MARTÍN MARTÍN, L. M. VILLAR GARCÍA, F. MARCOS RODRÍGUEZ y M. SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Documentos de los Archivos catedralicio y diocesano de Salamanca (siglos XII-XIII), Salamanca, 1977, doc. 24, pág. 111.



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viernes, 30 de septiembre de 2016

El Reino de León entre Portugal y Castilla (1)

LA REPOBLACIÓN DE CIUDAD RODRIGO

Ciudad Rodrigo.
José I. Martín Benito

 Tras la muerte de Alfonso VII, el Emperador, los reinos de León y Castilla volverían a separarse. A Fernando le tocó León, mientras que a Castilla fue a parar a las sienes de Sancho y, tras la temprana muerte de este, a su hijo Alfonso.
Hacia el sur, el reino leonés se veía comprimido entre los castellanos al este y los portugueses al oeste. La calzada de la Guinea había quedado cortada para las penetraciones salmantinas hacia el valle del Tajo, en tanto que Portugal no escondía sus intereses de expansión en la Transierra y en el entorno de Badajoz, como se comprobaría más tarde. Por otro lado, el fortalecimiento de la España musulmana, tras el desembarco almohade de 1146, constituía una amenaza sobre la frontera del Tajo. Para León era preciso afirmar las fronteras occidentales con Portugal y, al mismo tiempo, contar con un núcleo fuerte en la retaguardia de Coria. Por otro lado, no debe olvidarse tampoco que por estas fechas, Fernando II está llevando a cabo la organización de determinadas pueblas y otorgando fueros a poblaciones del interior del reino, caso de Benavente en 1164 y 1167. La población de Benavente es probable que responda al deseo del monarca de fortalecer la otra frontera, la castellana, dada su proximidad a la misma. En este sentido, el propósito del rey, al reorganizar algunas de estas pueblas, debía pasar también -en opinión de R. González Rodríguez- por crear una infraestructura militar con base en concejos fuertes que controlaran el territorio[1].

Ledesma.

            Este es el contexto en el que tiene lugar la repoblación de Ciudad Rodrigo (1161) por Fernando II, cuatro años después de acceder al trono de León. El mismo año que el monarca instituyó la Diócesis de Ciudad Rodrigo, concedió términos a Ledesma, aldea situada hasta entonces en el alfoz salmantino[2]. Parece que uno de los objetivos del monarca era el control de las vías de comunicación occidentales, esto es, la Colimbriana y la Dalmacia (cortada como estaba por Castilla la calzada de la Guinea), para, desde aquí, vertebrar unos ejes de colonización de los espacios rurales[3]. La repoblación de ambos territorios fue un hecho destacado, hasta el punto que sus contemporáneos lo recogieron en la data de algunos documentos: “anno quo populata est Ledesma et Civitas Rodrigo[4]. Pronto debió comenzar a organizarse la vida del nuevo concejo. En 1165 tenemos las primeras noticias documentadas de alcaldes en Ciudad Rodrigo[5]. Por su parte, el rey procedió al reparto de tierras entre algunos notables y procuró el establecimiento de órdenes religiosas. Así, en 1169 donó a Humberto, camerarius Hispaniae de los cluniacenses, la iglesia de Santa Águeda, en Ciudad Rodrigo, junto con la aldea de sancti Felicis (Sahelices el Chico)[6]. Poco tiempo después se establecieron los premonstratenses y a partir de 1180 los agustinos de la Santa Cruz, en el valle de Corte de Ángeles[7]. También las órdenes militares comenzaron a participar en la explotación del territorio. Su presencia, en un primer momento, se debe a donaciones de particulares. En 1165 Gonzalo Alvazil dio a la orden de San Juan una heredad en Ciudad Rodrigo[8].
Catedral de Ciudad Rodrigo.
Unos años después, en 1174, los hospitalarios recibieron de Fernando Rodríguez y de su hijo Pedro Fernández cuantas heredades tenían en Ciudad Rodrigo y en Valdespino; en la carta de donación, el prior del Hospital Pedro de las Heras, se comprometía a repartir el trabajo y el fruto a partes iguales. La explotación económica de dichas heredades tenía claramente una vocación pecuaria, pues el prior declaraba: “et metimos per medio inter nos et vos per popular istas hereditates enna cabaña de Civitate quingentas ovelas[9]. Por su parte, la orden de Santiago, poseía la mitad de los votos de Santiago desde 1171, junto con las heredades que en 1187 el comendador Juan Pérez compró a Fernando y Elvira Fernández, hijos de Fernando Rodríguez de Benavente, y las que Pedro Captivo dio a los santiaguistas en 1188[10].

            La puebla de la ciudad se agrupaba en torno a las parroquias, que Sánchez Cabañas cifra en treinta[11]. Documentalmente tenemos noticia de la de Santa Águeda[12], San Pedro, Santiago, San Juan, San Vicente, San Benito[13] y San Miguel[14]

(Continuará)

[1] R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “Orígenes y formación de una villa de Repoblación. Benavente durante los reinos de Fernando II y Alfonso IX”. Studia Historica, Historia medieval, 15, 1997, pp. 105-138. Sobre la concesión del fuero y la organización de la puebla de estas villas del interior del reino puede verse P. MARTÍNEZ SOPENA, La Tierra de Campos occidental. Poblamiento, poder y comunidad del siglo X al XIII, Valladolid 1985, pp. 142-147.

En la repoblación de Benavente debe tenerse también en cuenta la cercanía de Portugal. No debe olvidarse que Afonso Henriques ejercía el dominio en buena parte de la comarca de Aliste. Precisamente esta puede ser una de las razones por las que en 1181 Fernando II amplió el alfoz de Benavente hacia el oeste, dándole la jurisdicción de Vidriales, Tera y Carballeda y el castillo de Mira (situado éste probablemente en Peña Mira, en al Sierra de la Culebra, dominando la Tiera de Aliste y las cercanas tierras transmontanas). P. MARTÍNEZ.SOPENA, V. AGUADO SEISDEDOS y R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Privilegios reales de la villa de Benavente (siglos XII-XIV). Salamanca 1996, pp. 20-23. El dominio de Afonso Henriques sobre la Tierra de Aliste se constata en varias donaciones regias. Así, antes de 1135 el monarca portugués había entregado la villa de Mayde al monasterio de San Martín de Castañeda. M. FERNÁNDEZ DE PRADA, El Real monasterio de San Martín de Castañeda, Madrid 1998, pp. 165-167. Sin embargo, ya en 1167 Mahíde era leonesa, pues Fernando II la dio a la abadía reconociendo la donación portuguesa “dederat vobis dominus A. rex Portugallensis”. J. GONZÁLEZ, Regesta..., pág. 393, citando a HERCULANO, Historia de Portugal, I, pág. 533; El monarca portugués habría renunciado a Aliste después de la conferencia de Celanova de 1160, HERCULANO, pp. 680-681, lo que explicaría que Fernando II dispusiera de Mahíde. En 1135, Afonso Henriques dona las Figueruelas “in terra de Alisti, territorio Bracarense” a Rodrigo Menéndez I. ALFONSO ANTÓN, La colonización cisterciense en la meseta del Duero. El dominio de Moreruela (siglos XII-XIV). Salamanca 1986, Apéndice documental, doc. 3; en 1169 el monarca portugués daba a la iglesia de San Salvador de Zamora y a su obispo Esteban una heredad en Manzanal, junto al Esla. J. C. de LERA MAÍLLO, Catálogo de los documentos medievales de la catedral de Zamora, Zamora 1199, doc. 86. No parece, sin embargo, que tras Celanova hubiera una retirada portuguesa de Aliste. El control de la comarca alistana enfrentó en varios conflictos a leoneses y portugueses, que terminaron con el dominio leonés hacia finales del siglo XII. A finales de este siglo o principios del XIII, don Nuño de Zamora repuebla la villa, hasta entonces portuguesa, de Castro de Alcañices (Castro de Latronis). I. MARTÍN VISO, “Asentamientos templarios en una frontera periférica. Aliste y Tras-os-Montes oriental (siglos XII-XIII)”. El Tratado de Alcañices. Ponencias y comunicaciones de las Jornadas conmemorativas del VII Centenario del Tratado de Alcañices (1297-1997). Zamora 1999, pág. 185 y nota 1.

[2]Populavit siquidem in Extrematura Civitatem Rodericie, et Letesmam”. LUCAS DE TUY, “Chronicon Mundi”, en  Crónica de España. Ed. de J. Puyol, Madrid, 1926, pág. 403. Sobre la organización de los concejos de repoblación vide J. Mª MONSALVO ANTÓN, “La organización concejil en Salamanca, ledesma y Alba de Tormes (siglo XII-mediados del siglo XIII)”. Actas I Congreso Historia de Salamanca. Tomo I. Salamanca 1992, pp. 365-395.

[3] L. M. VILLAR GARCÍA, La Extremadura castellano-leonesa. Guerreros, clérigos y campesinos (711-1252). Valladolid, 1986, pág. 263.

[4] Archivo Catedral de Zamora. Tumbo Negro, fol. 7 r-v. Ver Carta de población que el obispo Esteban de Zamora dio a los pobladores de Moraleja de Sayago, en J. RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Los fueros locales de la provincia de Zamora, Salamanca 1990, pág. 287.

[5] Eran seis alcaldes y doce jurados puestos por Fernando II, J. GONZÁLEZ “Repoblación de la Extremadura leonesa”, Hispania XI, Madrid 1943, pág. 227. Posteriormente, se llegó a un acuerdo por el que se estableció que fueran seis alcaldes laicos y otros seis alcaldes clérigos los que, conjuntamente, gobernaran la ciudad. A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Ciudad Rodrigo. Ed. Verdi. Ciudad Rodrigo 1861, pp. 50-55; el mismo S. CABAÑAS hace referencia en su Historia civitatense, pp. 184-185, aunque yerra a asignar el documento hacia 1190, en el supuesto episcopado de un Leonardo I sucesor de Pedro da Ponte, obispo inexistente, pues, en verdad, debía tratarse de una copia hecha entre 1252-1259 durante el pontificado de Leonardo. El documento del llamado “fuero de los clérigos” debe fecharse en el reinado de Fernando II, en un momento posterior al fuero de Ciudad Rodrigo, al que en alguna ocasión hace referencia, pero que no se ha conservado. Sobre este véanse las pp. 100-103 del trabajo de J. L. MARTÍN, “Los fueros: normas de convivencia y trabajo. Historia de Salamanca, II. Edad Media. Salamanca, 1997.
Respecto a los alcaldes que se citan hacia 1165 estos eran: “ Michael Petri; Pasqual Dominico; Vincentius Petri; don Gil Gonçalvo Descobia; Dominico Sanctio Cabeçudo; Petro Gonçalez de Peita Solis; et omnis isti erant alcaldes tunc in Civitate”. Todos ellos aparecen en el documento por el que Gonzalo Alvazil dona a la orden de San Juan la heredad que había recibido de Fernando II en Ciudad Rodrigo. C. AYALA MARTÍNEZ, Libro de privilegios de la Orden de San Juan de Jerusalén en Castilla y León (siglos XII al XV), doc. 94. Gonzalo Alvazil, caballero de Coria, había servido a Alfonso VIII en sus campañas militares “tam in terra christianorum quam in terra maurorum”, por lo que el emperador le concedió en 1155 Villafandin, entre Medina y Villamanrique, en el valle del Tajo, véase J. L. MARTÍN, Orígenes de la orden militar de Santiago..., doc. 27. Su viuda Orabuena mantuvo divergencias con los santiaguistas por la proximidad de esta aldea con el lugar de “Cova”, que cesaron con la concordia firmada en 1185, Op. cit., pp. 108-109). En los primeros años del reinado de Fernando II, Gonzalo Alvazil participó en los repartos de tierra en el entorno de Ciudad Rodrigo, pues recibió por presura la heredad que donaba en 1165 a los hospitalarios. Por entonces debió recibir también la del Prado de la Torre, entre el río Cortes y el Caldelas, que, junto a su mujer Orabona, dió desde Coria a los premonstratenses el 21 de abril de 1171, F. FITA, “Los premonstratenses en Ciudad Rodrigo. Datos inéditos”, BRAH LXII, 1913, pp. 472-473, citando el libro Becerro de la Caridad del Archivo Diocesano de Ciudad Rodrigo.

[6]La donación, el 28 de marzo en Lugo, la recoge A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia civitatense, edición de Á. Barrios García e I. Martín Viso, Salamanca 2001, pág. 168-169 y de uno de los manuscritos de aquel lo toma F. FITA, “Los cluniacenses en Ciudad Rodrigo”, 1913, B.A.R.H, LXII , pp. 355-357. En 1185 Fernando II, con su hijo Alfonso y el concejo de Ciudad Rodrigo, daban un nuevo privilegio al monasterio de San Felices, por el cual los vasallos del monasterio quedaban libres de “pecto, petito, fossato, fossataria, de fisco regio, de onmi foro et faciendaria”. J. GONZÁLEZ, Op. cit, doc. 54.

[7] Los premonstratenses se establecieron primeramente en Las Canteras, donde permanecieron hasta 1171, fecha en la que Gonzalo Alvazil les dio la heredad del Prado de la Torre, como se ha citado en nota anterior. Véase también A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia civitatense, pp. 172-173. Se ocupa también, y exhaustivamente de todo ello, J. J. SÁNCHEZ-ORO ROSA, Orígenes de la Iglesia en la diócesis de Ciudad Rodrigo. Episcopado, monasterios y órdenes militares (1161-1264), Salamanca 1997, pp. 158 a 181.
                El topónimo Ágata, tanto en la iglesia, como en el río, así como en la Sierra donde éste nace, sugiere que Ciudad Rodrigo fuera, tal vez, la ciudad de Ágata, citada en la crónica de Alfonso III: Alfonso I “cum fratre Froilani multa adversus sarracenos prelia gessit atque plurimas civitates ab eis olim opresas cepit, id est,Lucum, Tudem, Portucalem, Bracaram metropolitanam, Viseo, Favias, Agata, Letesma, Salamantica, Zamora...”. Crónicas asturianas, edición de J. Gil Fernández, et alii, Oviedo 1985, p. 133. Véase, a este respecto, Á. BARRIOS GARCÍA, “Los orígenes de la diócesis de Ciudad Rodrigo”.  Actas del Congreso de la Historia de la Iglesia de Ciudad Rodrigo (16-19 de nvoiembre de 2000). Zamora, 2002.

[8] C. AYALA MARTÍNEZ, Op. cit. doc. 94.

[9] C. AYALA MARTÍNEZ, Op. cit. doc. 117.                                                            

[10]J. L. MARTÍN, Orígenes de la orden militar de Santiago, docs. 42, 230 y 249. Se trata, probablemente, de Fernando Rodríguez de Castro, el Castellano, y su hijo Pedro Fernández, que tuvieron altos cargos en la corte leonesa, entre ellos varias tenencias. M. TORRES SEVILLA, Linajes nobiliarios de León y Castilla. (siglos IX-XIII). Salamanca 1999, pp. 90-93. Así lo cree J. J. SÁNCHEZ-ORO ROSA, Los orígenes de la iglesia en la diócesis de Ciudad Rodrigo. Episcopado, monasterios y órdenes militares (1161-1264). Salamanca, pp. 130-131. Sorprende, sin embargo, que la donación lleve fecha de 1174, el mismo año que el Castellano combatía contra León y se presentaba ante los muros de Ciudad Rodrigo acompañando a un ejército almohade. Fernando Rodríguez de Benavente o de Malgrat, fue otro destacado noble del reino, desempeñando entre otros oficios, el de tenente de Benavente (1163), Grajal (1178-1180) y León (1177). J. GONZÁLEZ, Regesta de Fernando II, pp. 187-190. Pedro Captivo era mandante en Tiedra en 1175- 1176 y en 1184 tenía la tenencia de la mitad de Toro. C. AYALA, Libro de privilegios de la orden de San Juan..., docs. 122-125, 133 y 147. En 1181, 1186 y 1187 lo vemos formando parte de la curia regia. J. L. MARTÍN, Orígenes de la orden militar de Santiago..., docs. 122, 132, 198, 202, 230.

[11] A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia civitatense, pág. 157.

[12] J. GONZÁLEZ, Op. cit, doc. 54

[13] Sus titulares aparecen confirmando el fuero establecido entre el concejo y el cabildo de clérigos de Ciudad Rodrigo. A. SÁNCHEZ CABAÑAS, Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Ciudad Rodrigo. Ed. Verdi. Ciudad Rodrigo 1861, pág. 53.

jueves, 18 de agosto de 2016

Expediciones militares vistas por los cronistas y viajeros (1)


La guerra en el norte de Zamora durante la Edad Media


Alfonso IX. Tumbo A de la Catedral de Santiago.
  José I. Martín Benito

 Varios de los testimonios de los cronistas y viajeros tienen mucho que ver con el paso de los ejércitos. El territorio de la actual provincia de Zamora fue y es zona de comunicación entre León y Extremadura y Andalucía. Por lo tanto, se entenderá también que cuando los centros del poder político giraban en torno a la capital legionense en la España cristiana y a Córdoba en la musulmana, el antiguo camino romano, luego vía de la Plata, se convirtiera en un eje de comunicación entre el norte y sur peninsular; ello permitió el trasiego de tropas en las operaciones y expediciones militares.

    En el contexto de la expansión del reino leonés hacia el Duero tiene lugar la batalla de la Polvorosa en el año 876, a orillas del Órbigo. Son varias las crónicas –algunas prácticamente contemporáneas, como la de Albelda- las que se hicieron eco de la batalla. Aquí se dieron cita dos ejércitos andalusís, uno venido del sur, de Córdoba, por la vía de la Plata, y otro desde las tierras del centro peninsular, de las ciudades musulmanas de Toledo, Talamanca y Guadalajara.


Ciudad Rodrigo.
           El territorio vería nuevas expediciones militares. Otra de ellas fue la de 1197, con motivo de la guerra entre León y Castilla. El monarca castellano, aliado con el aragonés, corrió la Tierra de Campos leonesa, contra Alfonso IX, y ocupó las villas de Bolaños, Valderas, Castroverde y Coyanza (Valencia de don Juan), entre otras. En este primer ataque los castellanos se acercaron a Benavente “en donde estaba el rey de León con los moros y cristianos vasallos suyos, y llegaron hasta Astorga, y algunos incluso hasta Rabana”, según refiere la Crónica latina de los Reyes de Castilla. En una nueva expedición los castellano-aragoneses partieron contra el reino de León y “conquistaron Castroléon, Ardón, Castrogonzalo, Castrotierra y Alba de Aliste, y asolaron todo a sangre y fuego hasta Astorga”.


En ello tenía que ver mucho la situación fronteriza del territorio, cuyo valor estratégico y geopolítico debió pesar en la ampliación del concejo benaventano por Fernando II de León en 1181[1]

 De Benavente partieron también varias expediciones militares. Lucas de Tuy, en la Crónica de España (Chronicon Mundi) y en Los Milagros de San Isidoro. refiere que el rey Fernando II partió de esta villa para socorrer Ciudad Rodrigo, en el sur del reino, ante el ataque de un ejército almohade. Esa batalla, conocida en la historiografía mirobrigense por el llamado "milagro de la paloma", tuvo lugar en el año 1174.


Fernando III. Tunbo A de la Catedral de Santiago.
También Fernando III partió de Benavente hacia la conquista de Córdoba en 1236, si bien aquí difieren las crónicas en el camino que siguió. Así, mientras el autor de la Crónica Latina dice que el rey tomó “el camino más rápido, sin desviarse a la derecha hacia Ciudad Rodrigo ni a la izquierda hacia Talavera y Toledo” para llegar a Mérida y desde aquí a Córdoba, donde llegó el día 7 de febrero, la Crónica General de España dice que su camino fue este: de Benavente endereço para Çibdad Rrodrigo, et de Çiptat para Alcantara, paso Guadiana a la barca de Medelin, et de Medelin endereço a Magazela et a Bienquerençia, que era de moros... Et de alli movio el rey et fue a Dos Hermanas et a Daralbaçar, et dexo Cordova a man derecha, et fue para la puente de Alcolea, et alli finco sus tiendas con aquellos pocos que levava consigo”. 

(Continuará)

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[1] De la ampliación del alfoz de Benavente, en relación de su cercanía con Portugal, ya hemos hablado en “Frontera y territorio en el sur del reino de León (1157-1212)”. El Reino de León en la época de las cortes de Benavente. Benavente 2002, pág. 121, nota 18.