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martes, 14 de agosto de 2018

Aquitectura popular en Aliste (Zamora)

LOS CORRALES O "PARICIONES"


José Ignacio Martín Benito

Corrala en Abejera.
Introducción

En las comarcas de Aliste, Tábara y Alba, existe un tipo de arquitectura popular ligado a la economía y a la cultural pastoril. Se trata de unas construcciones destinadas a albergar el ganado. Las denominaciones con la que se conoce a esta arquitectura varía. En la cara sur de la Sierra de la Culebra, en la comarca de Aliste, se le conoce con el nombre de “Los Corrales o Pariciones”, como ocurre en Riofrío de Aliste. En la zona norte serrana, en la tierra de Tábara, se le conoce con el nombre de Corrales, como ocurre en Ferreras de Arriba. En la vertiente sur también se les llama “Corralas”.

Protección del ganado.

Este tipo de construcciones estaban destinadas a servir de aprisco o majada al ganado ovino o caprino. Ha habido momentos que también ha servido para el ganado vacuno. La denominación de “pariciones” alude también a la función de la construcción como el lugar donde se dejaba el ganado para el parto o donde eran recogidas con las pequeñas crías.

Datos documentales de estas “corrales de parición” tenemos, al menos, desde el siglo XVIII. En 1741, en la escritura de tasación y concordia entre los pueblos y vecinos de la Tierra de Tábara sobre el modo de pastar, se establecía que el ganado saliera a pastar durante el día por los términos comunes, mientras que por las noches se recogiera en sus términos y “corrales de parición”; al mismo tiempo se establecía que para amamantar el ganado debía también reducirse a sus términos y “corrales de parición” (Archivo Histórico Provincial de Zamora. Protocolos Notariales. Sig. 8904).

Parición. Exterior.
Los “Corrales o Pariciones” cumplían la función de proteger el rebaño durante la noche de los posibles ataques de los lobos, protegidos de los perros mastines, al tiempo que servía de refugio de las inclemencias meteorológicas. La construcción de estos corrales se ha prolongado hasta mediados del siglo XX y su uso hasta, al menos, hasta el último tercio de la pasada centuria.

Los corrales o pariciones se construyeron en terrenos comunales al pie de la Sierra de la Culebra, formando grupos o majadas. La planta suele ser circular u ovalada, aunque también hay formas cuadradas.

Pilar de parición.
El estado de conservación de la mayor parte de estos “corrales” es diverso, aunque el abandono de la actividad pastoril en las proporciones que tuvo a mediados del siglo XX y, sobre todo, la construcción de naves modernas más amplias, han desplazado el uso de los mismos, lo que  ha llevado a muchos de ellos a un estado de abandono e, incluso, de ruina. No obstante, hay algunos que se mantienen en un estado aceptable, mientras que otros han sido reconstruidos. El propio ayuntamiento de Riofrío de Aliste ha restaurado un corral en la Majada de Tozalfreno. Los pastores consideran que la sustitución de la capa vegetal debería tener lugar cada 10 años, aunque en cada otoño es preciso añadir nuevas ramas de brezo. Sobre el estado de conservación, valga como ejemplo, a modo indicativo, la situación que presentan los Corrales de Riofrío de Aliste. De un recuento total de 172 construcciones (64 en Abejera; 19 en Cabañas de Aliste; 42 en Riofrío de Aliste y 66 en Sarracín de Aliste), 123 se encuentran en total deterioro; 19 en una situación con posibilidades de restauración y 15 en un estado aceptable.

En el término municipal de Riofrío de Aliste las majadas de corrales se encuentran desperdigadas por diferentes pagos de las entidades locales menores de Abejera de Tábara, Cabañas de Aliste, Sarracín de Aliste y la propia Riofrío. En el término de Abejera se encuentra uno de los conjuntos más interesantes en las cercanías de la carretera de Tábara.

Interior de una corrala o parición (Abejera).

(Este texto lo redacté en un octubre de 2010 para una Proposición no de Ley, presentada en las Cortes de Castilla y León y que se debatió el lunes 28 de febrero de 2011) .

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miércoles, 30 de marzo de 2016

El Filandón y las prohibiciones de la Iglesia (y 3)


HILANDARES EN ALISTE

José I. Martín Benito

Hilandar en Aliste, primera mitad del siglo XX. Documental de Leopoldo Alonso, 1927.
  En el siglo XIX continuó la presión eclesiástica contra los filandones o seranos. Junto a la pervivencia de otras costumbres ancestrales, las misiones parroquiales se fijaron en ellos con el ánimo de erradicarlos, pues se les veía como reuniones que daban lugar a bailes nocturnos y “amoríos intempestivos”; de ahí que fueran perseguidos y estigmatizados por los misioneros, que en ocasiones contaban también con el concurso de las autoridades locales. La misión redentorista de 1879, llevada a cabo en varias zonas de Zamora, informaba de su actuación en Villardiegua: “Grandes dificultades tuvimos que vencer respecto de ciertas reuniones nocturnas de la juventud de ambos sexos que llaman ahí seranos. La autoridad se compromete a quitarlos”; y en Villadepera: “mismas dificultades que en Villardiegua y mismas victorias contra el infierno”. Las crónicas de estas misiones destacaban su triunfo por haber conseguido cerrar determinados hilandares. Respecto a Mellanes y Fradellos (Aliste) se informa: “se desterraron, por fin, los hilandares malos”; y en Zacos y Vega (León): “Se desterraron los bailes de noche, los hilandones, los amoríos intempestivos”. También en la misión de 1884 se celebraba el triunfo en Toral de los Vados y Hospital de Órbigo: “Cerráronse los hilandones, desterráronse los bailes de noche”[1].

En la lucha contra estas reuniones nocturnas se implicaron también los párrocos de las aldeas. En Aliste, en 1900, S. Méndez Plaza informaba:

“Por otro parte, los Sacerdotes de cada pueblo han tomado parte muy activa para que desaparezcan los hilandares, toda vez que han perdido su primitivo carácter de ser únicamente reunión de mujeres, á la que no era permitido asistir á ningún hombre, ni estaba bien visto por un y otro sexo; pero desde que los hombres, principalmente los mozos, frecuentan tales reuniones, se prestan éstas á tantos abusos, que concluirán por desaparecer como las demás costumbres comunales, incompatibles con las corrientes de la época presente”[2].

A pesar de toda esta cruzada de la Iglesia, los hilandares o filandones siguieron celebrándose en muchos lugares, dado el arraigo de la costumbre. Todavía a comienzos del siglo XX se seguía condenando los fiadeiros en Galicia, como lo ponen de relieve los sínodos de Orense (1908) y Santiago (1909)[3]. No obstante, puede resultar un tanto paradójico que las páginas de los Boletines Oficiales de los Obispados de Astorga y León insertaran durante varios años el anuncio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en las que se convocaba concursos especiales para premiar monografías descriptivas de derecho consuetudinario y economía popular, entre cuya variada temática se encontraban los “seranos o hilandares”, costumbres que la Iglesia trataba de erradicar[4].

Texto extraído de mi trabajo:

(2015). “En torno al filandón. Hilaturas, telares y veladas en el norte de Zamora (siglos XVIII-XX)”. Brigecio. Revista de Estudios de Benavente y sus Tierras, 24-25 [2014-2015]. 254 páginas. ISSN: 1697-5804, pp. 43-72.
 

[1] M. GÓMEZ RÍOS: “Las misiones de la Restauración” nava del Rey, 1879”. Spicilegium historicum Congregationis SSmi Redemptoris, 2. Roma, 1995, pp. 447-448.
[2] S. MÉNDEZ PLAZA: Costumbres comunales de Aliste. Madrid, 1900, pp.55-57.
[3] H. SOBRADO CORREA: “La sociabilidad campesina en la Galicia del Antiguo Régimen. Mediatización institucional y resistencia popular (siglos XVI-XIX ”. En Mª M. LOBO DE ARAÚJO et alii: Sociabilidades na vida e na morte (séculos XVI-XX). Braga 2014, pág. 170
[4] Boletín Oficial del Obispado de León, Año XLV Tomo XLV Número 24 - 1897 junio 16; Boletín Oficial del Obispado de Astorga, Año XLIII Número 22 - 1900 noviembre 15. De este concurso se hacía también eco los Boletines oficiales de las provincias, véase, por ejemplo, el de Zamora de 16 de mayo de 1898, nº 58, pág. 3.